Cuando me encuentro bien borracho hago cualquier cosa, incluso hasta dejar que un perro me lo meta….
Una chico se da cuenta que estando borracho hace cualquier cosa relacionada con el sexo, aunque al día siguiente se arrepiente, pero sigue bebiendo, hasta que un día se emborracha solo, y un perro se aprovecha, por lo que una noche que no había bebido de igual forma se acuesta con el perro..
Lamentablemente cuando tomo de más, me atrevo hacer cosas que bueno y sano jamás me atrevería ni tan siquiera a pensar en hacerlas, la primera vez que me sucedió había comenzado a trabajar en una fábrica, y en una fiesta de celebración de no sé qué cosa, bebí de más por primera vez en mi vida, esa noche terminé dejando que me hicieran de todo, un montón de locuras, entre ellas permití que varios de los participantes de la fiesta se acostasen conmigo, la mayoría de todos ellos me dieron por el culo y me pusieron a mamar sus vergas, todo porque uno de ellos, cuando me quejé de que tenía mucho calor, estando yo ya bien borracho en ese momento alguien me propuso que me quitara la ropa, cosa que estúpidamente yo hice sin llegar a pensar en nada, quedando yo completamente desnudito, de eso a que varios de ellos me comenzaran a agarrar las nalgas, diciéndome que las tenía bien buenas, cuando comencé a decir que dejasen de agarrármelas, que sentir sus manos en mis nalgas me excitaba mucho, alguien me retó, diciéndome que no me atrevía a dejar que me dieran por el culo, no sé que me pasó, casi de inmediato varios de los tipos me saltaron encima.
Esa noche, mientras uno me enterraba salvajemente su verga por mi culo, mientras que un segundo me puso a mamar, en esos momentos era alrededor de unos nueve tipos, y todos y cada uno de ellos, salvaje y sabrosamente me dieron por el culo en innumerables ocasiones, además de que también me pusieron a mamar sus vergas, debido a eso gané una fama de mariconcito en la fábrica, que aún hoy en día muchos de mis excompañeros y compañeras de trabajo no olvidan, pero eso no es lo peor de todo, en ocasiones me he despertado en un cuarto de motel, quien sabe dónde y acostado con quien sabe quién, pero eso con la excusa de que no me acuerdo de nada, o de que me habían sodomizado, aprovechándose de mi borrachera, por lo que no quedaba tan mal parado.
Aunque la realidad es que, si me acuerdo de todo, pero en esos momentos, no pienso en las consecuencias, sencillamente dejo que suceda lo que va a suceder, y que en esos momentos disfruto mucho que me lo hagan, cosas que, desde luego, bueno y sano no me atrevería hacer por nada en el mundo, pero ya cuando comienzo a beber, no hay quien me detenga, he tratado de sencillamente beber poco, pero el resultado era siempre el mismo, traté de no beber nada, y mientras no lo hacía estaba bien aburrido, pero bien, pero basta que penas pruebe un poco de alcohol, ya sea cerveza, vino, ron, vodka lo que sea, para que ya no haya quien me detenga, y vuelvo a caer en las mismas situaciones de siempre, bailando solo, quitándome la ropa sin importarme quien me esté viendo, y dejando que los que las personas que se encontrasen conmigo, hicieran conmigo lo que se les antoje.
Recientemente me mudé fuera de la ciudad, ya que la cara se me caía de vergüenza constantemente, en la urbanización donde vivía me enteré, que me decían, el maricón de la casa de la esquina, es más, en una ocasión hasta la policía llegó a allanar mi casa, por los desórdenes que ahí se formaban, pero gracias a Dios, ese día aún no había comenzado a beber, al mudarme compré una pequeña finca, más que todo por no tener vecinos cercas, y el primer viernes que pasé en la casa solo, para celebrar abrí una cerveza y comencé a beber, pero estando solo, cosa que rara vez había hecho, así que luego de la primera me tomé la segunda y la tercera, y continúe sin llevar la cuenta, serían como las doce de la noche, que me dio por salir a caminar por los alrededores de la casa, llevándome varias latas de cerveza, al poco rato sentí un calor inmenso, pensé que se debía a que estábamos en verano, y sin pensarlo mucho me quité toda la ropa que cargaba puesta, quedando completamente desnudo, bajo la luz de la luna, mientras continuaba bebiendo cerveza y caminando por mi finca, como estaba bien seguro de que me encontraba solo, no me preocupé porque alguien me fuera a ver desnudo, y si alguien me hubiera estado viendo, la verdad era que en ese momento no me importaba.
Tal y como me encontraba me dieron ganas de orinar, y una vez que terminé me senté sobre una laja de piedra que se encuentra tras la casa, tras terminar de beber una de las latas de cerveza que cargaba, me recosté sobre la laja de piedra, mientras mis piernas quedaron separadas y colgando hasta el suelo, ya me estaba quedando dormido, cuando de momento comencé a sentir que alguien me estaba tocando mi culo divinamente, y al abrir los ojos, esperando ver a un hombre que deseaba aprovecharse de mí, lo que me encontré fue con un perro sato grande que por lo visto segundos antes había estado olisqueando y lamiendo mi culo, el animal al sentir que yo me senté de inmediato reaccionó retirándose de mí con el rabo entre las piernas, mientras que yo, también me llevé tremendo susto al verlo, pero aun y así me le quedé viéndolo a la luz de la luna, casi de manera automática me abrí otra lata de cerveza que tenía a mi lado, y tras darme un largo trago, seguí viendo al perro.
Fue en ese mismo instante que se me ocurrió preguntarme a mí mismo, cómo sería dejar que un perro me diera por el culo, de momento, como que recordé el sin número de veces, que me había acostado con hombres que ni conocía, y que en ocasiones lo había hecho con más de una persona a la vez, a medida que iba recordando algunas de las locuras que he hecho, comencé a acariciar mi verga y mis nalgas, con la yema de los dedos de mi mano izquierda, quizás por lo borracho que estaba, seguí preguntándome mentalmente como sería hacerlo con un perro, al fin y al cabo, después de todas las locuras que había hecho, esa era una que hasta ese momento aún no probaba, así que saqué mi mano de mis nalgas y verga, me la llevé hasta mi nariz y sentí el penetrante aroma. lo que, a pesar de mi borrachera, me excitó mucho, y alargando mi mano en dirección hacia el perro, comencé a llamarlo, diciéndole. “Amigo acercarte, ven aquí.”
El perro lentamente comenzó a acercarse a mí, mientras que yo mantenía mi mano extendida hacia su hocico, y mis piernas y nalgas bien abiertas, al poco rato el perrote, ya estaba no tan solo oliéndome los dedos, sino que al tiempo que movía su rabo intensamente, había comenzado a lamerlos, al tiempo que yo seguía llamándolo amigo, comencé a acercar mis dedos nuevamente a mi abierto culo, y de estar oliendo y lamiendo mis dedos pasó rápidamente a oler y lamer el hueco de mi culo, sentí su áspera lengua lamiendo y acariciando, una y otra vez todo mi esfínter, cosa que me causó un inmenso placer, yo no tenía ni la menor idea de que hacer, por lo que simplemente permanecí sentado sobre la laja de piedra, mientras el perro continuaba lame que lame todo mi culo profundamente, pensé de momento ponerme en cuatro, tal cual si fuera una perra y dejar que él continuase, así que lentamente mientras él continuaba lame que lame, me fui dando vuelta, hasta quedar con mis rodillas y mi pecho pegados a la laja de piedra.
Casi de inmediato el perro dejó de lamer mi culo para tratar de subirse sobre mí, cosa que hizo con suma facilidad como si anteriores ocasiones él y yo ya lo hubiéramos hecho, sentí su caliente y puntiaguda verga penetrando mi ano, y el placer que me produjo fue algo tremendo, sus patas delanteras me sujetaban con fuerza contra su cuerpo, hasta sentí que me dio algunos arañazos en mis costillas y muslos con sus patas, pero no les puse la menor atención en ese instante, era tan y tan rico lo que estaba sintiendo, como ya les dije, no le presté mayor atención a eso, mi amigo de cuatro patas me tenía bien calzado, y moviéndose con mucha energía, con fuerza, y rapidez, de momento en medio del gran placer que sentía, comencé a sentir algo mucho más rico, era como si de momento su verga se hubiera agrandado, al sentir ese placer tan intenso, me puse a gritar de alegría como un loco, mi amante de cuatro patas, sin dejar de meter y sacar su tremenda verga de mí culo, me produjo un placer único como nunca antes había disfrutado, que me dieran por el culo.
No piensen que soy exagerado, pero a medida que fue derramando toda su caliente leche dentro de mis tripas, yo fui sintiendo como me iba llenando todo por dentro, yo estaba súper agotado, y el perro estando sobre mi se volteó, por lo que prácticamente quedamos culo con culo, fue en ese instante que me di cuenta de que olía, o mejor dicho apestaba a perro, ambos nos quedamos quietos, ya me había quedado prácticamente dormido cuando después de casi media hora o más tiempo, sentí que extrajo su verga de mi culo, y casi de inmediato lo sentí lamiendo nuevamente toda el hueco de mi culo y hasta mis bolas y verga, y gran parte de mis muslos, con su áspera lengua, como que recogía el semen que de mi culo chorreaba, yo que estaba acostado sobre la laja de piedra, vi que su verga oculta dentro de su piel, y de momento que me provocó tenerla dentro de mi boca, así que comencé a acariciar su barriga, mi amante de cuatro patas se quedó tirado a mi lado patas arribas, así que a medida que le seguía haciendo cosquillas, fui agarrando y acariciando su oculto miembro, hasta que comenzó a asomar su rosada punta de carne, lentamente comencé a pasar mi lengua sobre su verga, y al poco rato ya se la estaba mamando, cuando sentí entre mis dedos que se había formado un inmenso y grueso bulto bajo la piel de su miembro.
Yo seguí mama que mama, y al poco rato un gran chorro de leche me dio en la cara, por un largo rato me quedé recostado sobre la laja de piedra, dejando que mi nuevo amigo me lamiera por todas partes, cuando recobré las fuerzas para levantarme, recogí mi ropa, y con ella me medio limpie, continué dando tras pies, mientras me dirigía a la casa, y tal y como me encontraba me quedé recostado sobre el sofá de la sala, al despertar ya cerca de las tres de la tarde, la peste a perro la tenía impregnada por todo mi cuerpo, me di una buen baño, enjabonándome un sin número de veces, lavando mi culo y mi boca con vinagre primero y agua oxigenada después, al salir de la casa, lo primero que encontré fue al perrazo negro, moviendo su rabo alegremente, supuse que no había comido, y le di algo de carne cruda, luego fui al pueblo, y compré jabón para lavarlo, al regresar a la casa le había traído comida para perro, un champú, y hasta unas gotas contra las pulgas y garrapatas.
Ya a eso de las seis de la tarde, aproveché y comencé a darle un buen baño, le saqué cuanto animalito tenía encima, lo volví alimentar, posteriormente mientras lo bañaba y limpiaba me preguntaba a mí mismo como era posible que hubiera dejado que ese animal me hubiera hecho todo lo que me hizo, y que para colmo yo terminase mamándoselo, y como de costumbre me dije a mi mismo que eso fue culpa de mi mala bebida, después de eso comencé nuevamente a beber cerveza, ya a eso de las nueve o diez de la noche, nada más de verlo, y recordar todo lo que me hizo disfrutar, la noche anterior, sin tan siquiera pensarlo, me volví a desnudar completamente, apenas lo llamé corriendo se montó en mi cama, mientras que yo permanecía con mis piernas y nalgas bien abiertas dejando que me comenzara a lamer todo mi culo, eso lo fui repitiendo casi todas las noches, y al siguiente día me volvía a decir a mí mismo que todo era culpa de lo mucho que yo bebía, hasta que el martes, ya era algo tarde para salir a comprar, me di cuenta de que no tenía nada que beber en casa, para bajar un poco la ansiedad que sentía, salí a caminar por los alrededores de la casa, mientras el perro que se había vuelto mi compañero en todo momento me seguía a pocos pasos, moviendo su rabo, el beber como que no me estaba haciendo falta, pero me di cuenta de que no dejaba de pensar en dejar que mi nuevo compañero me volviera a dar una buena lamida de culo, pero ya no tenía la excusa de que estaba borracho, así que, sin darle mucha cabeza, simplemente me quité toda la ropa que estaba usando y me quedé completamente desnudo, el perro al verme comenzó a mover su rabo con mayor fuerza, ambos comenzamos a juguetear, y mientras que yo le comencé a hacer cosquillas en la barriga, él se tiró sobre la tierra, y en cosa de pocos momentos era yo quien le estaba mamando su verga al perro, luego me las arreglé para que, en lugar de montarme, yo deje que su verga me penetrase agachándome sobre ella, así es que me acepté que no me hacía falta estar borracho para disfrutar de mi amigo de cuatro patas.

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