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Gays, Incestos en Familia

Mi tío, mi primo y yo acampamos solos en el bosque. Parte 2

—Ese culito pide a gritos verga. ¿Será que le guste la de tu tío, papito? Momentos después, sentí su lengua en mi hoyito como una sensación rara. Sentía mi culito mojado..

* Hola, amigos. Después de tanto llega la segunda parte de la historia de Raúl. Una disculpa por no continuarla, pero el dueño de la experiencia desapareció y el borrador quedó estancado, hasta que mi nuevo socio Duki encontró el user de Raúl y pudimos terminarla.

Primera parte: https://sexosintabues30.com/relatos-eroticos/gays/mi-primo-mi-tio-y-yo-acampamos-solos-en-el-bosque/


Luego de comprobar que Gael estuviera bien dormido, salí a buscar la tienda de mi tío con el corazón desbordado. Entré a la tienda oscura, apenas iluminada por la luna que entraba mi tío Carlos y estaba acostado con un bóxer blanco esperándome con una sonrisa. Tenía el pecho medio peludo, con los brazos extendidos y sus axilas llenas de vello. También sus muslos tenían varios pelitos al rededor.

Cuando me vio, me asintió con la cabeza mientras masajeaba su andomen, pero yo solo bajé mi cara porque estaba muy nervioso. Nunca había hecho lo que mi tío estaba por hacerme.

— ¿No vamos a ir a la cabaña, tío? —pregunté despacito, porque me daba miedo que nos escuche mi primo.

— No hijo. Aquí para que veamos si Gael se despierta, no pasa nada. No se va oir, si no gritamos—mientras me hablaba iba jugueteando su verga en su bóxer que apenas se iba parando.

Se sentó en las sábanas y estiró su mano para que me acerque a él, se la di y tiró de mí hacia sus brazos.

Me sentó en su pierna y comenzó a tocar todo mi cuerpo. Sentía sus grandes manos en mis tetitas hasta que bajó a mi cintura y comenzó a meter sus manos en mi short buscando mi rajita.

— ¿Qué tienes? ¿Estás nervioso? —me preguntó sintiendo mi cuerpo todo tenso.

Yo solo asentí.

— No pasa nada, Raulcito. Vas a ver que te va gustar.

Volví a asentir y me tragué la bola de saliva que retenía de los nervios.

Comenzó a besarme el cuello despacito, haciéndome erizarme por sentir su respiración caliente.

– Bésame. —me dijo susurrando con las frentes pegadas.

Yo le dí un pico, él se río y con un dedo abrió mi boca para después besarme como nunca me han vuelto a hacer por otra persona.

— Un beso así. —succionó mi lengua, mordió mis labios suavecito y me pidió que abriera grande la boca para después escupirme dentro.

Me dijo que cada que se acercara abriera mi boca, para agilizar los besos porque como andaba muy tenso casi ni movíamis labios. Siguió besándome por un buen rato hasta que bajé mi mirada a su entrepierna y vi la carpa que tenía en su bóxer blanco.

— Ya me pusiste duro, Raulcito. —me dijo apretando su bulto y poniendo una de mis manos encima—. ¿Ya quieres verla?

Le asentí y me sonrió dándome un último beso recordándome que no estuviera nervioso.

Me acostó en las sábanas y se bajó el bóxer mostrándome ahora sí su verga. Se veía más gruesa de cerca que cuando los espiaba. Era muy oscura con el glande rosita y estaba bien venuda. Mi tío se reía de mi jugando con su tronco viendo que no le despegaba la mirada.

— ¿Entonces nunca has jugado esto con nadie? —me preguntó masturbando su erección ya bien dura.

— No.

Me preguntó si iba a hacer todo lo que me pidiera y le dije que sí.

Me tomó de los costados y me recostó para que mi cara estuviera frente a ese palote oscuro.

— Abre tu boquita, papi. —tomó su tronco y lo acercó a mí—. Abre grande aunque te ahogues.

Abrí mi boca grande cómo me pidió y mi tío me la ensartó, tomándome de la cabeza, empujándome al fondo. Sí me ahogaba pero él me la sacaba para que tomara aire. Tenía los ojos llorosos y me daban arcadas cuando su verga me pegaba la garganta.

— Shhh. —cuando comencé a toser porque después de minutos, ya me entraba poquito menos de la mitad–. Nos va a oír tu primo.

Me pidió que se la bese y lo lama, pero recordando ayer que los espié y vi a Gael mamándosela, decidí intentar imitarlo. Por mi cuenta sin la presión de las manos de mi tío, apenas me llegaba pasando el glande. Ahí chupé y lamí como vi a mi primo hacérselo a su papi. Sentía las venas de su verga cuando le lamía el tronco y él ponía mis manitas en sus huevos para que se los juegue. Subía mi lengua del tronco a la cabecita lamiendo como si fuera una paleta.

Mi tío se reía con los ojos cerrados mientras poco a poco movía sus caderas hacia adelante y siseaba.

— ¿Qué te voy a enseñar si lo putita ya lo traes en la sangre? Si te viera tu papá como te tragas la verga de tu tío.

Tomó su glande y lo aporreó en mi lengua. Me la metió otra vez a la boca y yo comencé a mamar con la boca abierta apenas entrando y llenando de saliva su tronco.

Me jaló y me sentó en su abdomen para quitarme el sport que llevaba. Se levantó y comenzó a besarme las tetitas hasta ponerla duritas, puso sus manos en mi shortcito y me desnudó completamente .

Me puso en 69 y me pidió que siga lamiendo como lo hice, pero que cubra mis dientes.

Mientras le besaba el glande y lo lamía como si fuera una paleta, lo oía suspirar y sentía como me abría mis nalguitas.

— No mames, hijo. Mira nomás ese culito que te cargas. —dijo nalgueándome fuerte dejando sus manos marcadas a pesar de mi culito moreno—. Ese culito pide a gritos verga. ¿Será que le guste la de tu tío, papito?

Momentos después, sentí su lengua en mi hoyito como una sensación rara. Sentía mi culito mojado, pero mientras él seguía metiendo lengua en mi raja comenzó a gustarme mucho como se sentía. Siguió nalgueando y haciendo rebotar mi culito con sus manos mientras gemía bajito. Yo cerraba mis ojitos sintiendo ahora sí el placer de esa mamada de culo.

Mi tío lamía y lamía hasta que comenzó a sonar humedo mi culito, hasta que sentía la puntita de su lengua entrar.

— No mames, papito. Desde hace rato que quería comerte ese culito, pero no sabía si eras putita. Qué bueno que te traje de acampada.

Yo comencé a gemir mientras sentía como poquito a poquito iba metiendo su dedito sin dejar de lamerme el culo. Él estaba muy caliente, porque su glande no dejaba de producir precum aunque en ese momento no sabía qué era.

— Nomás gime más quedito, mi amor. A la verga, sobrinito chulo. Neta que en otra vida fuiste vieja, apenas cubre mi mano tu culito rico.

Yo no contestaba, estaba muy ocupado gimiendo cada que me daba un lengüeteazo que acababa en su lengua entrando a mi anito. Pero aún así, me sentía muy feliz de todo lo que mi tío me decía.

Nos levantó dejándome boca abajo y me jaló las caderas poniéndome en cuatro. Vi que saque algo de su maleta que usaba como almohada y era un botesito. Sentí frío mientras ponía lubricante en mi entrada y su verga.

Sabiendo lo que iba a pasar, me tapó la boca y comenzó a penetrar suavemente. Aún así me dolió mucho porque estaba muy gruesa. Comencé a safarme porque me ardía cuando su glande entró fácilmente por haberme dilatado antes, aun así cuando comenzó a cruzar el tronco sentí que le partían en dos y comencé a llorar.

Él me hacía «Shhh» mientras apretaba más mi boca, pero dejó de empujar.

— Ya la tienes a la mitad, papi. Voy a dejar que te acostumbres. —dijo dejándose caer en mi espalda y besándome el cuello.

— Uff, me apretas un montón y aún así te entró más rápido y fácil que la primera vez de Gael. —me dijo susurrando.

Me sentí orgulloso de eso aunque seguía con los ojos llorosos porque no me acostumbraba a su grosor dentro de mí. Apretaba mis ojitos sintiendo las lágrimas caer.

— Si estás bien caliente, por eso hasta dilataste. —comenzó a jugar mi verguita que estaba parada. Lo sentía estirarla para descubrir mi glandecito—. Solo puja para que entre más rápido.

Comenzó a embestir suavecito hasta que sentí mi culito abrirse más y su verga ir más al fondo.

Al mismo tiempo dijimos: «UHMM»

– Raulcito. ¡Que rico culito le Das a tu tío!

«¿Te gusta?

— Sí… AYYyy, tío. Me gustas mucho…

Comenzó a embestirme ahora sí y yo comencé a gemir cada vez más fuerte porque aunque me seguía doliendo, era un ardor riquísimo.

Me volvió a tapar la boca y usó mi sport metiéndolo en mi boca para que me calle. Ahora con sus manos libres y mis gemidos tapados, comenzó a jalarme el pelo mientras seguía dándome verga.

No sé ni recuerdo cuanto tenía dentro, pero me estaba gustando ese ardor.

Me levantó bien brusco y me acostó boca arriba poniendo mis piernas en mis manos.

Me alcé un poquito y vi su verga húmeda y bien parada. Usó mi boxer para limpiar su glande y mi entrada que tenían un poquito de popó.

— Te entró poquito menos de la mitad. —me dijo.

— ¿Es mucho, tío?

— ¿Mucho? Papi me mide 18cm y a tu primo le llegó a la mitad después de varias semanas intentando. Estás bien caliente y por eso dilatas rico. —me dijo acercándose a besarme.

— ¿Te está gustando, mi amor? ¿Te gusta como tu tío te la mete? —dijo susurando mientras seguía taladrando.

Yo ya había perdido la pena, siseaba abriendo mis piernitas sintiendo mi culito abierto.

Colocó su verga devuelta y volvió a taparme la boca con mi sport. Empezó a penetrar y apesar de que ya no me dolía como la primera vez, sí sentí ardor.

— Ahhhg. —dije poniendo mis manitas en sus muslos peludos para pararlo, él me las quitaba con brusquedad.

Tardó un poquito en entrar pero cuando lo hizo se fue la mitad de golpe haciendo que me dé un espasmo.

Mi tío se río con esa bella sonrisa blanca y comenzó a sisear mientras me daba cada vez más rápido viendome fijamente a los ojos.

Seguimos así hasta que sus embestidas comenzaron a sonar cada vez más chiclosas. Se sentía caliente la tienda y los dos estábamos bien sudados.

Comenzó a bufar y me la sacó, buscando mi bóxer para limpiar el popo que tenía su punta, jaló mi cabeza hasta él y se corrió en mi cara y boca.

— ¿Qué es eso? —dije con la boca abierta sintiendo ese líquido blanco en mi lengua.

— Es mi lechita. Comela. —dijo riendo.

Sabía salada, ya saben cómo sabe el semen. Me besó y con mi boxer limpió mi rostro blanco por su leche.

Nos acostamos y se volvió a poner su bóxer blanco. Me vestí ya sin el mío porque estaba manchado.

Me acosté a su lado y comenzó a acariciarme la cabeza.

— ¿Te gustó, papi?

Asentí.

— Pero me duele me colita, tío. Me arde si la toco.

– Es que fue tu primera vez. Mañana se te quita antes de que lleguemos a la casa.

¡Pero cuánto te entró, hijo! Era tu primera vez, imagínate si seguimos jugando te va entrar toda bien fácil.

— ¿Cómo vamos a jugar ahora, tío? Cuando regresemos a la ciudad.

— Ah, papi. Te pido un rato para llevarte a mi casa cuando tu tía no esté.

Le dije emocionado que sí.

Ya acostados, me reveló que desde qur íbamos a venir a acampar le planteó la idea a mi primo Gael de que me agreguen a su juego, pero que él se negó.

— Es bien celoso tu primo, hijo. —me dijo riendo.

Sí me sentí un poco mal, porque si no se hubiera negado a compartir a su papi, desde el primer día me hubieran iniciado.

Me mandó mi tío a mi tienda y cuando llegué Gael estaba roncando.

Me acosté con un poco de ardor, pero emocionado de haber sido desvirgado a mis diez añitos por mi tío y ahora recordando el morbo de que fue a escasos metros de su hijo durmiendo.

4 Lecturas/28 agosto, 2026/0 Comentarios/por Gabito180
Etiquetas: amigos, culito, culo, gays, hijo, mamada, semen, tio
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