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Gays

Miguelito, el niño venezolano

SIN QUE LE DIGA, comenzó a lamer el precum que se me formaba en al uretra….

Relato compartido vía Tl.

Hola, soy Lucas y esto me pasó a los 23 años con un pequeño de 9.

Lo conocí en una época en donde los venezolanos comenzaron a migrar mucho a México y mi ciudad era un paso casi obligatorio. Los veías por todos lados, acampando en parques juntos o pidiendo dinero. Así fue como conocí a Miguel, un pequeño de 9 años que pedía dinero en la puerta de un oxxo que frecuentaba. Desde que lo vi a la distancia, me enamoré de él. Era un niño blanquito, con el pelo pegado y castaño claro. Era flaquito y tenía un rostro bello y delicado. Le ofrecí monedas porque me pareció muy lindo y para aprovechar acercarme a él.

Después, me propuse ir a diario para verlo aunque no necesitara comprar nada. Poco a poco, fui haciéndome cercano a él, porque nos quedábamos a platicar cada vez más tiempo. Era un niño super amigable, que te sacaba plática y siempre me recibía con una sonrisa. Así conocí más de él.

Venía de Venezuela con sus padres y esperaban un trámite para seguir su viaje, pero se estaba tardando así que se quedarían por un tiempo.

Al principio creí que iba al oxxo solo, pero lo esperaba la huevona de su mamá en una esquina, donde cada cierto tiempo le quitaba lo que recolectaba Miguelito.

Con el tiempo, supe que era una mujer super conflictiva, que siempre estaba gritando y buscando problemas. Incluso rentó una casa cerca de unos familiares, yo incluso iba más seguido a vistarlos para ver al niño, pero a los dos meses los corrieron por culpa de la mujer.

Bueno, me hice rápido amigo del niño. No solo estaba en el oxxo, también iba a las canchas del parque, donde se la pasaba todas las tardes y noches. Un día de pronto, su mamá me vió muy amable con Miguel y después lo llamaba cada que yo llegaba o lo volteaba a otro lado para que yo no lo saludara. Yo dije: «esta vieja está loca»

Creí que sería el fin, porque ya luego el niño me evitaba en el oxxo y casi no lo veía. Pero un día, pasé por una cancha y lo vi jugando con otros niños, además no se veía esa arpía cerca. Miguel me vio y saludó a la distancia corriendo a verme. Platicamos un rato y se le veía feliz de verme otra vez y más suelto al estar sólito.

Así me hice aún más amigo de él, sabiendo donde vernos sin que nos molesten. Compraba botanas, pizzas para invitarle, o me lo llevaba a salas de videojuegos por un rato. Miguel estaba encantado conmigo y siempre que pasaba por ese parque corría a verme, como esperándome y pues yo bien enamorado.

Él ahora se quedaba con otros venezolanos, acampando en una zona de maleza entre todos. Un día pasé por coincidencia y su mamá lo estaba bañando, pero la mujer me daba la espalda, así que nunca me vió. Fue la primera vez que lo vi completamente desnudo, mojadito y bellamente rico. Solo alcancé a hacerle una seña burlona de haberlo visto, porque no quería que sospechara la gente que pasaba.

Nuestra amistad se hizo más fuerte, nos veíamos diario en el parque y los días que no iba, me preguntaba porqué falté. Yo sabía que ya lo tenía donde quería y que podía dar un paso más.

Una tarde jugando en el parque, le avise que tenía ganas de orinar, él me dijo que también y que me acompañaba.

Nos alejamos del parque y nos metimos a una zona llena de árboles oscura donde nadie nos podía ver. Él fue el primero en bajarse sin pena la ropa y orinar. Me pegué demasiado a él y caliente por la situación, saqué mi verga erecta que comenzó a escupir la orina. Disimuladamente, vi que Miguel veía de reojo mi verga y que no podía dejarla de ver.

— EYYY, ¿Qué tanto me miras? —comencé a molestarlo.

— Nada, nada. Solo me dió curiosidad. —decía riendo nerviosamente

Yo volteé a verle su penecito. Un palito lampiño y blanquito como todo su cuerpo. Él me miró y comenzó ahora a molestarme a mí, diciendo que qué le miraba.

— Si ya te ví sin nada, no es novedad. —haciendo referencia a cuando vi que lo bañaban—.

— Pues sí verdad. —dijo riendo tan bellamente, como solo un niño puede.

Cuando me la guardé, sin ni un gramo de pudor me pidió que si se la podía mostrar otra vez. Que la quería ver más tiempo. Yo sonreí, sabiendo que era un niño super curioso y que esa curiosidad me iba a servir.

Le dije que no podía mostrársela ahí, pero si gustaba, podíamos ir a mi casa. Él se emocionó y me dijo que si se la volvía a mostrar, sí iba conmigo.

Hicimos un plan. Pues él dormía en una casa de campaña con otros niños venezolanos y su mamá no se fijaba si estaba o no. Así que quedamos de vernos en el oxxo en la noche para irnos a mi casa.

Yo tuve que esperar que mis padres se durmieran para poder escaparme, pero no cedían. Cuando se encerraron en su cuarto, corrí a buscar a Miguelito.

Cuando llegué al oxxo, Miguel corrió a abrazarme con los ojos rojos, pues pensó que no iba a cumplir mi promesa. Para disimular, le di unas monedas y le dije que lo veía en una calle oscura para que no me vieran irme con él.

Cuando se fue, lo seguí después de un rato y caminamos hasta mi casa.

Fue fácil meterlo a mi cuarto, cuando llegamos puse seguro y le dije que no hiciera mucho ruido.

Miguel estaba emocionado de estar en mi cuarto, veía feliz las figuras y los videojuegos que tenía. No quería romperle la ilusión, pero yo ya andaba suspirando caliente por la situación.

— Bueno, ¿me vas a mostrar tu penecito?

— Es que me da pena. —dijo sentando en mi cama, pero desviando la mirada.

— Ora, ¿Cuál pena? Si ya nos vimos todo.

Solo se sonrojaba y sonreía con esa boquita hermosa. Accedió, pero solo si yo me lo sacaba también.

Cuando comencé a quitarme el short, mostrando mi bóxer abultándose. Noté que no dejaba de verme, con una carita llena de curiosidad y los ojos bien abiertos.

Me acerqué a él y le puse su manita sobre mi verga. Él nervioso, se asombró cuando comenzó a pararse bajo mi bóxer hasta alcanzar todo su tamaño. Me bajé el bóxer y dejé salir mi verga. No es nada mega especial, me mide 16cm. Pero él pelaba sus ojitos, solo enfocados en mi glande.

Le mostré cómo hacerle para masturbarme y él feliz subiendo y bajando su manita por todo mi miembro. Yo estaba super caliente y mi cabecita ya producía gotitas de precum.

— ¿Le quieres dar besitos?

Volteó a verme y asintió apenado. Le pedí que nos quitáramos toda la ropa, pero no quería. Yo estaba insiste e insiste, recordándole que ya nos habíamos visto, pero le daba pena. Así que me quité toda la ropa, mostrándole que no pasaba nada. Por fin accedió y quedó totalmente desnudo.

Una cosa hermosa, a la que tuve que aguantarme de no correrme de solo verlo. Tenía el abdomen flaquito, formándose cuadritos, blanquito, todo lampiño hasta su penecito. Parecía un actorcito de películas. Era hermoso. Su penecito aunque tenía nueve, lo traía paradito y grande para su edad. Sus huevitos formaban una sola bonita bella.

Le puse mi verga en su carita pegándose a los labios, pero él solo sonreía y se alejaba apenado.

– Métetela. —le rogaba. Pero Miguelito, solo bajaba su carita.

Le dije que le iba a gustar y para mostrárselo, lo acosté y me llevé su verguita a mi boca. Él moría de cosquillas, retorciéndose y soltaba risas fuertes que tuve que decirle que se tape la cara con una almohada para que no nos oigan.

Después de un rato mamándosela con él estirando sus piecitos de excitación, dejó de moverse y lo oí suspirar bajo la almohada. Como suspiraba bajito, se la quité para verle el rostro. Tenía la carita roja, cerraba sus ojitos y suspiraba.

— ¿Te gusta? —le pregunté jugando su glandecito casi cubierto por completo por el prepucio con mi lengua.

— Mhmm. —decía o intentaba.

Dejé de mamar y comencé a besarle su abdomen suave de niño, subiendo a chupar sus pezoncitos haciendo que vuelva a reirse. Subí a su boca y le planté un beso tan sensual que ni con otros hombres había hecho. Él abría su boquita torpemente, pero rápido agarró el ritmo y comenzó a mover su lengua, chocándola con la mía. Rápido nos habíamos entendido y era lo que más me enamoraba.

Le decía lo mucho que lo quería y él me correspondió. Cuando dejaba de besarlo, él subía otra vez su boquita para atrapar la mía. Mi verga estaba más lubricada que nunca y yo quería entrar en él.

Le propuse hacer un 69 y le expliqué cómo se iba a acomodar, qué iba a chupar y cómo me la iba a chupar. Tuve que poner muchas ganas para no correrme cuando sentí su boquita calientita y húmeda. Lo bueno que no usaba sus dientitos sin que le haya dicho y me lamía solo el glande. Metía poquito a su boquita porque no le entraba más y SIN QUE LE DIGA, comenzó a lamer el precum que se me formaba en al uretra. Era su curiosidad, porque por su habilidad, no parecía haber hecho nada de esto antes.

Yo con su culito en mi rostro, se lo devoré como nunca se lo había hecho a nadie. Algo que me sorprendió y había olvidado por la calentura, era su culito limpiesito, sin oler feo o estar manchadito. Así que sin miedo, comencé a chuparle su entradita.

Él me decía que se sentía rara su colita, pero que le gustaba. Jugueteba mi lengua por fuera, hasta hacer presión y lograr que entrara en su apretado anito. Sentía como movía su culito de la excitación, pero él seguía besándome el glande y comiéndose mi precum.

Lo tomé de los costados, lo acosté boca arriba y le alcé las piernas. Me pongo duro de recordar cómo se veía su culito mojado de mi saliva, sus huevitos y su penecito parado.

— ¿Me va a doler? —me preguntó cuando le expliqué qué iba a hacer.

— Poquito, pero si te duele mucho paramos, ¿sale?

A regañadientes aceptó, pero arrugaba su carita nervioso.

Dejé caer un escupitajo en mi glande y uno en su culito. Punteé y comencé a hacer presión despacito.

Tampoco tengo verga de negro, así que el glande entró con mucha dificultad. Miguel comenzó a decir que le ardía y me empujaba con sus manitas.

Lo tomé de las manos y dejé caer mi cuerpo sobre él para besarlo y callar el llanto que se formaba. Le decía que lo amaba, lo llenaba de besitos y le decía que no lo iba a lastimar. Él se calmó y me respondía a mis palabras de amor.

Dejé que mi verga se acostumbrara a su culito y como tampoco la tengo muy gruesa, fácilmente comenzó a entrar y salir. Ahora, sus sonidos de ardor, comenzaron a ser gemiditos. Jamás había escuchado a un niño gemir de placer y eso me puso loco. Comencé a acelerar los movimientos y lejos de quejarse como al inicio, comenzó a gemir más fuerte, por lo que tuve que callarlo con mi lengua.

Solo logré meterle la mitad, pero eso le sacaba y le metía una y otra vez. Yo me comía mis gemidos y los suyos también. Él sacaba su lengüita para pedirme qué lo siga besando.

— Ah, Ah, AyyY —gemía quedito, con mi boca chupando sus labios.

— ¿Te gusta?

— Sí, mucho. —decía con sus ojos pendientes de ver como mi verga desaparecía en su culito—.

Perdí la noción del tiempo. No sé cuánto pasó cuando comencé a bufar y le llené el culito de toda mi leche. Sentí húmeda su colita y comencé a penetrarlo un par de veces más hasta que mi verga estaba muy sensible para cualquier contacto.

Se la saqué y vi cómo le salía mi lechita.

Me limpié un poco de sangre, mecos y popo de la verga y nos acostamos juntos. Le pedí que se quede a dormir y me dijo que sí.

Nos acurrucamos y dormimos desnudos. Yo de 23 deslechado y el pequeño de 9, preñadito con mi leche dentro.

Al día siguiente, mi casa estaba vacía, así que nos metimos a bañar juntos.

Nomás cayó el agua fría en nuestro cuerpo, comencé a besarlo de cuclillas. Él nuevamente sacaba su lengüita para que se la chupa. Me paré y le apunté mi verga. Él se la metió a la boca y comenzó a mamarla por un rato, hasta que sentí que me venía y sin decirle nada, me corrí en su boca.

Él se atragantó y comenzó a tener arcadas, le cerré la boca y se terminó tratando toda mi leche. Saboreó con una cara de asco y luego sonrió.

— No sabe a nada jaja. —dijo lamiendo lo que se quedó en mi verga.

Lo enjaboné bien, su culito, todo y nos cambiamos.

Lo dejé en el parque y me dijo que le diría a su mamá que se había levantado temprano y estaba jugando en otro lado.

Después de eso, nos vimos unas tres veces más, aunque fueron similares a esta. Lo escabullí en la noche, me lo preñé y lo regresaba.

Lamentablemente, gente mala corrió a su familia y los demás venezolanos en donde acampaban. Luego vi que rentaron a unas cuadras del parque. Un día pasé, pero Miguel hizo cómo que no me conocía porque estaba presente la bruja de su madre. Si lo encontraba sólito, me saludaba, pero ya no había chances de vernos.

Dejó de aparecerse en las canchas y el oxxo, hasta que dejé de verlo. Me enteré que los corrieron de la casa por la conflictiva de su madre y no supe más de ellos.

Lo amaba no con morbo, sino como mi noviecito y sé que él a mí, pero por culpa de su madre, nunca volvimos a vernos.

7 Lecturas/16 julio, 2026/0 Comentarios/por Gabito180
Etiquetas: amigo, culito, leche, madre, mujer, parque, verga, viaje
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