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Gays, Travestis / Transexuales

Nico & Nicole (Parte 2)

Al fin di el paso, me vestí de niña para mi amigo de la infancia.
Perdimos contacto por los próximos cinco años, y por casualidades de la vida, me apareció como recomendación en Facebook con tres amigos en común, así que decidí mandarle solicitud y nos pusimos al día. Él estaba viviendo al otro lado del país y trabajaba como mecánico, yo por mi cuenta, entré a clases de danza, piano y francés. Comenzamos a hablar todos los días, me platicaba de sus ligues, relaciones, infidelidades y yo de alguna chica ocasional, citas esporádicas, pero mi mente estaba en otro lado, entre tantas actividades extraescolares, se me iba la vida.

Me alegraba más o menos tenerlo de vuelta en mi vida, tras tantos años, había comenzado a experimentar mi sexualidad y asumido mi versatilidad al respecto; si bien, había tenido docenas de noviecitas esporádicas y a mis 15, casi 16 años ya había follado con más de una, pero mis inclinaciones eran más variadas.

Comenzó con alguna que «accidentalmente» había dejado sus panties en mi casa que yo usé primero como inspiración para una buena paja, pero la tentación me motivó primero a rozarla sobre mi miembro y correrme como un desquiciado en ella, para después, en un arrebato lujurioso, ponérmelas sin ánimo de nada más, sólo correrme dentro de ellas. Eventualmente, me dio por modelar y, modestia aparte, me quedaban a veces mejor que a las chicas que se las había quitado. La danza me había dado unas piernas bien torneadas, un culo respingón y bonito que, en conjunto con mi cadera esbelta y mis hombros pequeños, me daban una silueta femenina muy linda. De piel trigueña y con cabello largo a los hombros, más de una vez me excité demasiado viéndome al espejo, acariciando cada curva de mi cuerpo, sacando más el trasero, dejando que las tangas se me metieran bien adentro entre las nalgas y terminaba corriéndome a chorros.

Eventualmente, comencé a ser más exigente y comprarme ropa, a veces por paquetería o a veces en algún mercado muy lejos de casa; aprendí a pedirlas con desinterés, o incluso hacerlo mientras fingía hablar por teléfono o mensajear para «preguntarle a mi novia» si eran los que quería. Y aunque estoy seguro que las vendedoras no siempre me lo creían, yo hacia el intento cada vez. Afortunadamente, mamá y papá al pasar su vida social en la iglesia, solían irse de retiro muy seguido, eventos, o salidas en grupo a la iglesia más importante de la ciudad. Pero obviamente, Nico no sabía nada de esto. Él sólo sabía de la danza, el francés, la música y que tenía un trabajo de medio tiempo los fines de semana en la plaza, en el negocio de una amiga de mamá.

Pasaron los meses y me platicó que pensaba venir de visita a casa de sus padres, y me pidió reunirnos, tal vez tomar una cerveza, jugar algo, lo que sea. Esto me entusiasmó mucho, y contento le dije que sí. Llegó la fecha, pero él no se presentó, pasaron algunos días, luego una semana, dos… Y no sabía nada de él.

Llegó el viernes, era fin de mes y mis padres me invitaron a un retiro, pero no quise ir, no teníamos problemas en que me quedara solo, pese a mi edad, es un barrio seguro y hay mucha camaradería entre los vecinos y nos cuidamos mucho entre todos, así que quedarme solo por días o incluso semanas, no era ningún problema.

Decidí aprovechar mi finde’ para darme un gusto, invité a una chica, tuvimos sexo, le robé el sostén y la llevé a su casa, el resto del tiempo sería para mí y mis momentos íntimos. Dieron las 21 HRS, hablé con mis padres un par de veces para saber dónde y cómo estaban, y procedí a mi degenerado ritual. Me metí a bañar y me hice una limpieza muy profunda **guiño**, escogí un leotardo rosa que compré y pensaba combinarlo con una minifalda tableada negra y modelar un poco frente al espejo, tomarme fotos y compartirlas con algún afortunado o afortunada en internet al qué bloquear después de un calentón. Y de pronto sonó el timbre, pensé tomarme el tiempo para arreglarme, pero quien fuera sonaba insistente, tal vez era una emergencia. No sabía qué hacer, pero no entré en pánico, decidí sólo bajarme la parte superior del leotardo , ponerme la toalla en la cintura y como aún tenía el pelo mojado, diría que estaba en la ducha y atendería lo más rápido posible. Abrí la puerta y era él, Nicolás; Nicolás grande, mi viejo amigo y casi hermano, venía ligeramente tomado y traía dos six de cervezas cargando en un brazo. Yo no supe bien cómo reaccionar y me quedé pasmado, me saludó abrazándome con su brazo libre, dejó las cervezas en una mesita junto a la puerta y volvió a abrazarme. Ya se le notaban los 22 años que tenía encima, aún juvenil, pero más dormido y con una barba tupida, yo por otro lado, con 16 y un cuerpo demasiado femenino aderezado con una larga cabellera castaña. Me preguntó si lo invitaría a pasar y finalmente entré en razón, lo encaminé a la sala y como si no hubiera pasado un solo día, nos pusimos a hablar de obsolescencias y tonterías, me invitó una cerveza, y él se destapó una. Me pidió disculpas por hacerme salir de la ducha y sólo entonces recordé que yo ya tenía planes íntimos y recordé cómo estaba vestido, pero su compañía me hacía sentir tan bien, que simplemente me dejé llevar, ahí, sentado con mi toalla a la cadera y el torso desnudo, mientras me dijo esto, se quitaba la chaqueta para quedar en musculosa con sus robustos brazos tatuados velludos adornando esa piel de subtono cálido con un toque de bronceado. Tenía las piernas cruzadas, así que las acomodé y con las rodillas juntas, intenté discimular. Pero poco a poco, la conversación cambió de tono, me comentó que le había pedido a su novia y prometida acompañarlo a su tierra natal, pero ella terminó con él por razones cualesquiera, simplemente ella no estaba dispuesta a tanta formalidad. Entristeció un poco mientras hablaba, así que le di un abrazo y le ofrecí otra cerveza y para levantarme por ella, no noté que se me había aflojado la toalla por moverme tanto de un lado a otro , entonces se me corrió hacia abajo dejando ver que traía un leotardo a medio poner y muerto de vergüenza, me acomodé rápido la toalla esperando que entre lo tomado que estaba, lo rápido que sucedió y lo entrado en sus pensamientos, no se hubiera dado cuenta, y caminé al refrigerador como si nada. Volví y le ofrecí su bebida, platicamos de lo que teníamos pendiente y después de un rato de mutua incomodidad, me preguntó si estaba usando ropa de niña. Me puse completamente rojo y antes de intentar justificarme, me comentó que no le molestaba, confesó que tuvo algo de sexting con alguien (igual, con tendencias travestis) por mensaje, pero no llegaron a nada, porque desconfiaba que la otra persona fuera real, pero tampoco le dio mucha importancia, aunque lo dejó con «la espinita», ya saben, de «experimentar». Ya en confianza, le comenté que era un gusto, un simple fetiche, que me encantaba la ropa de mujer, pero que no era gay ni mucho menos, me dijo que no importaba, y pasamos a otro tema. Continuamos bebiendo y cerca de media noche, ya nos habíamos quedado sin cerveza, se ofreció a ir a la tienda 24/7 por unas y aunque yo realmente no quería, tampoco me negué, no estábamos ebrios, pero yo no suelo tomar mucho por simple gusto y convicción , aunque ciertamente esa noche hacia más calor del que contemplé (aunque quizá sólo lo sentía así). Mientras tomaba su chaqueta, me aclaró

Él: creo que tenías planes esta noche, lamento haberlos interrumpido y que no pidieras hacer lo que tenías en mente. Pero es tu casa, ponte cómodo, por favor o me voy a sentir más culpable, termina tu ducha si quieres, en lo que voy y vuelvo

Yo: ni lo menciones, me agrada que estés aquí, la verdad, sólo pensaba buscar con quién mensajear, bajarme la calentura y dormir, nada serio

E: Ah, por cierto, me gusta cuando haces voz de niña, te sale natural

 

Y me sonrió. Yo, sin darme cuenta, había estado haciendo la voz ligeramente femenina en muchas ocasiones, hasta que volvía en mí y corregía la entonación, pero fue completamente involuntario, tal vez el alcohol, tal vez él, su perfume, la idea de tenerlo cerca, o tal vez que el moverme tanto en el sillón hizo que el puente inferior de la prenda se me hubiera metido riquísimo entre las nalgas y a cada nuevo movimiento se me escapaba involuntariamente un gemido suave entre oraciones. Tal vez todo o tal vez nada y simplemente así soy y me sentí a gusto siendo yo, con él a mi lado.

Ya se había secado mi cabello, le ofrecí acompañarlo si me daba unos minutos, pero atinó a decir que pronto cerrarían la tienda, que mejor se apuraba y que lo esperara, aclaré que si volvía antes y yo aún seguía cambiándome, no quería hacerlo esperar, así que le di las llaves y subí a mi cuarto, pero en un momento me envalentoné y antes de dar vuelta en el pasillo que da a mi habitación, dejé caer un poco la toalla de forma «accidental» hasta los muslos y caminé sin dar vuelta, una parte de mí, esperaba que él lo hubiera visto, pero tampoco me atreví a voltear… Sin embargo lo vio y me lo hizo saber con un leve «uuuuuuf!», sonreí para mí y caminé. Ya en mi cuarto, me paré frente al espejo, me miraba, pero me desconocía, me sentía avergonzado, pero también preciosa, me gustaba lo que veía y lo que sentía, pero la culpa me distraía, pensé brevemente en ponerme la falda que tenía planeada, tal vez un poco de maquillaje, no sé, o simplemente dejarme de estupideces y ponerme mi ropa de niño, en eso estaba cuando escuché sus pasos y me sorprendió su velocidad, no pensé que hubiera pasado tanto tiempo así que asumí que no había tenido suerte, gritó mi nombre y me asomé, pero lo vi cargando otros dos six, me explicó que corrió porque … Tenía prisa por volver. Eso me sonrojó, y le agradecí, pero también me pareció una barbaridad que no se hubiera tardado ni cinco minutos

E: Si no estuviera yo, honestamente, qué habrías hecho?

Y: No sé, lo que te dije, vestirme «cómoda» y, pues, aprovechar el tiempo a solas, ya sabes

E: Pues vístete «cómoda», te lo dije, yo no vine a interrumpir nada

Y: Cálmate, no estás listo para verme así, te daría miedo

E: Soy de estómago fuerte *guiño*

Y: Bruto

Y ambos reímos. Le pedí ir a la sala en lo que me cambiaba, una parte de mí, sentía nervios, cierto nivel de torpeza y extrañeza ante las nuevas emociones, mientras pasaba por mi mente la pregunta de «qué pasaría si él entra cuando esté desnudo?», «qué, si viene y me posee, repentinamente?», «podría detenerlo?»… «querría?». Mi estómago sentía un nudo, y mi cuerpo se movió por inercia, me quité la toalla y miré la puerta de reojo, él no estaba, me quité la única prenda que tenía y estando a punto de buscar mis bóxers, decidí jalar más el cajón para tomar unos cacheteros negros de encaje que escondía al fondo, y un bralett pequeño que aunque no tenía nada con qué llenar, hacia que mis pechos se vieran y sintieran una pizca más prominentes, una minifalda tableada de color rojo y una gargantilla negra, peiné mi cabello y me apliqué un labial rojo pálido (casi rosa) poco contrastante que iba acordé a mi tono de piel pálido. Me armé de valor y caminé a la sala muriéndome de nervios, temblando a cada paso y levantando la voz pedí

Y: Por favor, no te rías, no me mires fijamente, y si te sientes incómodo y te quieres ir, no digas nada, sólo hazlo

E: Ya, caray!, cálmate. Me mentalicé en las últimas horas, te aprecio y nunca me reiría de ti… De hecho, lo sospeché cuando veíamos porno de transexuales y, la verdad, una parte de mí te imaginaba con ropa femenina algunas veces. Y en mi mente eras preciosa…

 

Sus palabras me dejaron mudo, pero mi cuerpo aún moviéndose por sí sólo, caminó a la sala; moviendo la cadera suavemente de lado a lado en cada paso, llegando al final del pasillo, me apoyé con ambas manos en el marco de la entrada al pasillo, y al ver sus ojos brillantes, su sonrisa nerviosa y su rostro ruborizado, me sentí más tranquila… Sólo atinó a decir «wow… estás preciosa» y le pedí callar. No esperaba que pasara nada esa noche, no lo quería y creo que no lo deseaba, simplemente, quería que él me viera como mujer, que sintiera mi perfume dulce, que viera mis piernas torneadas y firmes, mis labios brillantes y me sonriera, que conociera a mi verdadero yo. O sea, no a mi «yo» que quería ser, no era una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre frágil e insignificante, simplemente, tenía fantasías, deseos, perversiones y una curiosidad insaciable por, alguna vez, sentirme mujer para alguien, una sola vez ser deseada.

6 Lecturas/18 junio, 2026/0 Comentarios/por Cursedwriter
Etiquetas: alcohol, amiga, amigo, amigos, culo, gay, hermano, sexo
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