Nico & Nicole (Parte 3)
Despierta en mí la zorra sedienta de hombre.
Caminé a la sala moviendo las caderas suavemente de lado a lado con cada paso, mi respiración era agitada, me mordía el labio casi sin darme cuenta, sentía un vacío en el estómago, estaba «emocionada», y también aterrada. Él estaba parado frente al sillón y al pasar a su lado, lo empujé levemente y me di vuelta para que me viera completa, lenta suavemente, al sentirme ligeramente más cómoda y en confianza, reí un poco, pero no una risa fuerte, ni mucho menos masculina, era aguda y casi ahogada, me rubiricé y mis mejillas ardían. Él iba a decir algo y puse el dedo en su boca a modo de callarlo, me senté a su lado y nos quedamos un breve momento en silencio. Nos mirábamos, nos sonreíamos y cada tanto, nos desviábamos la mirada. No puedo asegurarlo, pero siento que él estaba tan nervioso como yo hasta que rompió el silencio y me ofreció una cerveza, la descorchó para mí y me la ofreció, nuestros dedos se rozaron levemente y una descarga eléctrica me recorrió desde la espalda baja hasta la nuca y por ese breve instante se detuvo mi corazón. Puse algo de música, rock, pop, y empezamos a intercambiar opiniones, risas y tonterías hasta que nuevamente fuimos aquellos jóvenes en el lejano pasado, amigos principalmente, en algún momento tuvo qué ir al baño y yo, ya alcoholizada, me paré a bailar un poco, era algún rock clásico creo, mi playlist era un revoltijo, podía sonar una ranchera, luego un trap, salsa, cualquier cosa en cualquier orden y yo, completamente inmersa en el alcohol, la emoción, la libertad y mi segunda piel al desnudo; mi piel femenina, estaba libre y plena. No noté al principio que él había salido del baño, y estaba mirándome, me sobresalté un poco pero enseguida volví a mi zona de confort, lo jalé de la mano y bailamos un poco con movimientos torpes pero divertidos, a cada vuelta nuestros cuerpos se rozaban un poco e incluso él me tomaba de la mano para dar alguna vuelta torpe con la excusa de la música hasta que esta murió y empezó a sonar otra canción, una rara intermedia entre trap y reggaeton, yo caminé en dirección al sofá, pero él me tomó por la muñeca y me jaló a él, me dio media vuelta y se puso detrás de mí, yo no sabía qué hacer, nunca había intentado bailar eso como una chica, pero sí sabía cómo debía sentirse así que simplemente hice lo que pude. Me incliné al frente y apoyé ambas manos en las rodillas, movía las caderas de arriba a abajo y de lado a lado al ritmo de la música, y lo miraba sobre el hombro, él bailaba con los brazos al aire y se me acercaba sumamente lento hasta que sentí su cadera pegándose a la mía, puso ambas manos en mis caderas y yo continuaba dibujando círculos sobre su ingle con mis nalgas y sentí cómo su miembro comenzaba a endurecerse, me descoloqué y paré por un momento, pero su mano subió a mi abdomen, acarició mi torso y volvió a bajar. Estaba por caminar al frente, dirigirme al sillón y fingir que nada de eso había pasado, pero cedí a sus peticiones; peticiones que nunca salieron de su boca, sólo expresó con sus manos y sus caricias, me deslicé en cuclillas pegándome a él y frotándome desde su muslo a su rodilla, sintiendo cada tramo de su pierna entre mis nalgas, volví a subir y bajar otro par de veces, me levanté y jugué con mi cabello con ambas manos mientras él me recorría de arriba a abajo con ambas manos, me respiraba en el cuello y cerca de terminar la canción me besó desde la nuca hasta el hombro y de regreso, yo guíe sus manos a mis incipientes pechos y las apreté mientras seguía masajeando su miembro con mi trasero, exhalaba muy fuerte y me embarraba contra él hasta que no pude resistir más, me giré y nos fundimos en un beso, nos devorábamos con desesperación, mis manos apretaban su espalda y mis dedos se encajaban en sus músculos y las suyas apretaban mi trasero, bajaban por la pierna y volvían a subir por debajo de la falda, levanté una pierna y él se agachó para sujetarme la otra y cargarme abrazándose las caderas con ellas. Caminó al sillón y me dejó caer suavemente sin dejar de besarnos en ningún momento.
Bajé ambas manos a su cinturón y lo desabroché, también su pantalón y lo bajé, lo aparté empujando sus hombros con ambas manos y me avalancé a sus bóxers, sentí su aroma, su calor, su textura, lo miré a los ojos y le dediqué la mirada más zorra y deseosa que pude mientras me acercaba nuevamente a morder su pene por encima e la ropa, lo lamía, besaba, presionaba suavemente con los dientes y lo sentía palpitar. Nunca había hecho algo así, nunca me nació ni siquiera la curiosidad de tener un pene o algo fálico en la boca, pero en ese momento, no quería nada más en el mundo excepto meterme ese delicioso trozo de carne y chuparlo hasta hacerlo explotar en mi garganta. Bajé sus bóxers y vi ese hermoso pene rebotar hacia arriba, completamente horizontal y curvado hacia arriba, me acerqué y besé su glande, sentí su líquido preseminal en mis labios; no amé su sabor, pero sí la sensación, la lujuria perversa y el deseo incontenible de tenerlo así, firme y fuerte sólo por y para mí, abrí la boca lo más que pude para metérmelo en la boca lo más que pudiera, agarré su trasero con una mano, esas nalgas firmes y macizas que más de una vez había querido apretar muy fuerte, mientras que con la otra mano acariciaba sus testículos que a penas podía apretar con toda la mano. Pero era torpe para meterme todo el tronco de ese pene en la boca; tiempo después con práctica aprendí a hacerlo, pero en ese momento no sabía, sin embargo a ninguno le molestó, me metía todo lo que podía, lo besaba, lo lamía y él sólo sujetaba mi cabeza con una mano. Así estuvimos un largo rato hasta que terminó corriéndose en mi boca, me avisó y quiso apartarse, pero yo no acepté, estaba poseída y lo dejé correrse en tres chorros abundantes dentro de mi boca, lo sentí flaquear y dar medio paso hacia atrás al soltar el último chorro y como vi en más de un vídeo, esperé a que me mirara aún con su semen en a boca, saqué la lengua para que viera el fruto de su pasión y con los ojos más seductores que pude, sonreí y me los metí de vuelta, los saboreé (no sin asco, la verdad sea dicha), y me los tragué lentamente, me acerqué nuevamente a su pene ya un poco flácido y le besé la punta, le dije «ahora me toca a mí».




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