Pajas cruzadas con mi primito
Después de un tiempo de inactividad, descubro que a mi primito le gusta agarrarme la pija.
Hola querido lector, si es el primer relato que lees aquí te dejo el enlace al anterior. Aquí empieza una nueva etapa, para mi una de las más excitantes.
En Argentina, entrando en los años 2000, llegaban los sábados y lo único que quería era poner canal América o TheFilZone a la noche para ver cine erótico, para ese momento solo se veían tetas y movimientos sexuales, no mucho más, pero era más que suficiente para esa época.
Un fin de semana como cualquiera nos vamos a cenar a la casa de mis tíos, su hijo llamado G, es decir, mi primito 4 años menor. Yo por ese momento tenía unos 12-13 años.
Al terminar de cenar y acercándose las 12 de la noche y me voy a la habitación de mis tíos a ver canal America, ya que era el único lugar disponible para estar solo.
Empieza la peli y al ratito entra mi primito, no le di importancia y seguí viendo la película hasta que aparecen las primeras escenas eróticas, lo miro a mi primito para ver su reacción. Le pregunto si le gustaba y me dice que si, la situación me empieza a excitar y se me empieza a parar la verga.
Al rato le hago la tan famosa pregunta “¿te haces la paja?”, él se reía pero creo que era porque no sabía bien a que me refería, entonces la calentura me pudo más y terminé por mostrarle la mia.
Claramente para mi no era la primera vez en una situación así, claramente me gustaba y buscaba seguir un poco más. Aparentemente le habrá gustado lo que vio, ya que continuó mirando la película conmigo, el ambiente se estaba calentando hasta que mi tía entra a la habitación a ver que estábamos haciendo y se da cuenta del canal que estábamos mirando, entonces se pone a molestar de que vayamos para la sala con los demás familiares. Si bien yo me quería quedar ahí, lo mejor era la puerta que había abierto con mi primito.
Nos veíamos pocas veces al año, ya que vivíamos un poco lejos. No me gustaba mucho verme con mis tíos y primo, pero todo cambió desde esa noche. Desde ese momento, cada vez que sabía que nos veríamos, se me ponía dura.
EN CASA DE LA ABUELA
Ese normalmente era el punto de encuentro familiar. Cuando todos estaban en la mesa charlando, nosotros nos hacíamos señas para ir a jugar a la habitación de la abuela, era cuestión de cerrar la puerta y ponernos a hablar de cosas sexuales.
Comenzamos a tener más confianza y a mostrarnos la verga, pero al momento de pajearnos él tenía un método bastante extraño que consistía en acostarse boca abajo, tocarse la verga, mientras subía y bajaba una pierna. Yo al lado de él con la verga afuera y el boca abajo haciendo esa cosa rara.
Luego de varios encuentros yo ya quería pasar a las pajas cruzadas, pero él seguía insistiendo en su método. Cuestión que un día en plena sesión de paja, él se pone boca abajo y yo con la verga dura como una piedra me le tiro encima para apoyarlo, para que…??? le encantó!
Cada vez que nos escondíamos para hacer nuestras chanchaditas, él se ponía boca abajo con la ropa puesta (vale aclarar) y yo con la verga afuera lo frotaba. Yo creo que le gustaba, ya que no solo que me lo pedía, sino que en el momento él se reía mucho.
Con el tiempo empezó a cambiar su comportamiento, cada vez que iba al baño, cuando salía lo hacía desnudo llamando la atención de todos, sobre todo la mía. Como me calentaba cuando lo veía con los pantalones bajos hasta los tobillos intentando caminar con ese mini pitito que le colgaba.
Las primeras veces como que todos nos quedamos asombrados, mi tía sobre todo no sabía que hacer, se levantaba inmediatamente de la mesa para llevarlo al baño a vestirlo y el con esa sonrisa picarona.
Si bien me encantaba verlo salir en pelotas, me molestaba que eso llame más la atención hacia nosotros, en lugar de pasar desapercibidos.
Si bien quedé enamorado de la pija duras de G (relato 3) y me encantaba pajearlo, o la de D (relato 2) que también se le pegaba al pecho como un resorte, me calentaba mucho más lo que hacía con mi primito. En ese momento uno, o yo en este caso no lo veía como una cosa “gay”, la adrenalina de hacer algo “prohibido” y con mi primito me ponía a mil.
Aprovechábamos cada encuentro familiar para escaparnos y ni bien estábamos solos yo pelaba mi verga que siempre estaba dura. Él no era tanto de mostrarla, yo creo que le daba un poco de pena que la suya sea más pequeña, obviamente por una cuestión de diferencia de edades, pero definitivamente le gustaba agarrármela.
Quise enseñarle a pajearme, le agarraba la manito mientras él me la sostenía he intentaba mostrarle el movimiento, pero él enseguida se tiraba boca abajo para hacerse su paja y me decía que le arrime el pito en su culo. Ayyyyyy como me calentaba cuando me decía que le gustaba eso, y yo le frotaba el culo con mi chota.
Recuerdo una tarde, buscando en donde escondernos pudimos acceder a la terraza que normalmente estaba inaccesible ya que era parte de otro terreno que se alquilaba. En esta oportunidad al estar vacío, pudimos escabullirnos para hacer de las nuestras. Estando ahí arriba, recuerdo bien que ambos sabíamos a lo que íbamos y tal cual ha sucedido siempre, ni bien terminamos de subir y de constatar que nadie nos veía, procedí a pelarle la chota para que me la agarre. En el aire ya había tal nivel de excitación que el muy patito se baja los pantalones y me pide que le “meta mi pito en su culo”, cosa que no dudé en hacer.
Nada nuestra nula experiencia, a lo seco que tenia el culito y muchas más cosas que hoy con la experiencia sé, nunca llegue a penetrarlo, solo era arrimarle el bicho al agujerito, tomarlo por la cintura y darle unos buenos empujones, que para ese momento era la gloria.
Si hasta acá te ha gustado amigo pajero, te invito a dejar un comentario y me digas si queres saber como continúa la historia.
Espero que te claves una buena paja recordando algún momento de tu vida o incluirte en mi historia 🙂


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