Atrapado
Mi cuñadita me besó y caí en la tentación .
«Ella lo besó con ingenuidad, atrapado está, atrapado va..»
– ¿Que hiciste qué? Noooo amigo, vos estás demente.
Estaba con mi mejor amigo en una cervecería hablando de todo un poco. Fede es como un hermano, podemos hablar de todo, yo sabía cosas privadas de él y él sabía cosas mías. Por eso, después de varias cervezas le conté que la hermanita de mi novia me había dado un beso.
– Te digo que yo no hice nada, ella me besó.
– Si… Andá a decirle eso a un juez.
– Bueno no me hagas sentir peor, fue una travesura de niña nada más.
– Si, pero amigo… No podés andar a los besos con la hermanita de tu novia.
En eso me llega un audio de mi suegra:
«Hola yerno ¿cómo estás? Cuando venís para mi casa? Necesito hablar algo con vos.»
Me cambió la cara, de repente empezó a doler la cabeza, la birra me pegó de golpe.
– Mi suegra, quiere hablar conmigo.
– Cagaste… Mira en el lío que te metiste, boludo.
«Hay que negar todo, Benjamín» – me dijo citando un meme de una película.
-Dale, boludo, no jodas.
«Hola Graciela, todo bien? Si querés decime por acá»
«No. Te tengo que preguntar algo, pero personalmente» – respondió escuetamente, lo que me hizo preocupar aún más.
«Bueno, en estos días voy»
Llegó el viernes y fui a dar la cara. En realidad fui a buscar a Luz pero se había ido a buscar una ropa a lo de una amiga, o algo así. Entré a la casa, había una quietud en la casa que me incomodaba.
Lola no salió corriendo a recibirme con un abrazo como lo hacia siempre, al contrario, miró desde el borde de una pared y se escondió… Eso era una señal preocupante. Estaba mi suegro viendo tranquilo una película de acción de los 80′, pude sentir un fuerte aliento a alcohol.
Mi suegra me recibió como siempre, me ofreció unos mates y unos bizcochitos.
Después de unos minutos poniéndonos al día, me dice:
– Vení yerno que tengo que hablar con vos. – dirigiéndose a su pieza.
Su pieza era como su «oficina» o su «sala de interrogación». Yo nunca había entrado pero sabía que ahí se hablaban los temas serios, al estilo Corleone.
Me hizo pasar, trabó la puerta y me dijo «Sentate» señalandome la cama. Me había atrapado sin salida. Tragué saliva y traté de disimular mi nerviosismo, me dolía la panza, me temblaban las piernas. Era lo más cerca que había estado a estar en un interrogatorio o un juicio. Iba a ser juzgado por hacer algo ¿malo? No, inmoral quizá, pero no puedo decir que hice algo malo.
– Mirá yerno, yo quiero que me seas honesto… porque me voy a dar cuenta si no sos sincero.
– Está bien- dije algo resignado mirando al piso.
– Estuve hablado con Loli….
«Uh, la puta madre» pensé.
– …Ella me dijo algo el otro día, pero tiene miedo. Por eso te pedí hablar en persona.
– No te estoy entendiendo- le dije tratando de disimular que tenía los huevos en la garganta.
– Bueno, voy a ser directa… Lola quiere que vos seas su padrino.
– ¿Qué?
– Si, me pidió que te pregunte eso… Vos viste como te quiere ella, pero tiene miedo que digas que no.
Ella tenía su padrino, un borracho amigo de Carlos (mi suegro) nunca le dió bola.
Me volvió el alma al cuerpo, pero me había sorprendido por la propuesta.
– Entonces ¿qué decís? No te sientas presionado, no te quiero poner en compromiso..
– Si, obvio que acepto, no tengo ahijados pero a esa nena la adoro.
Salimos y Lola estaba en el patio sentada mirando al suelo arrancando pasto.
– Ey nena, cambiá esa cara… Dijo que sí, acá tenés a tu padrino.
A Lola se le llenaron los ojitos de brillo, sonrió de oreja a oreja. Me agaché y abrí mis brazos mientras ella vino corriendo hacía mí, del impulso me tumbó y cayó arriba mío, abrazándonos. Mi suegra se reía como pocas veces.
Lola y yo nos miramos a los ojos unos segundos, no hacía falta decir nada, se notaba el amor en su mirada, era evidente. Si no fuera porque estaba mi suegra la hubiera besado sin dudarlo, pero aún así fue un momento perfecto que quedó grabado en mi memoria.
Después nos sentamos a tomar unos mates con mi suegra mientras Lola estaba sentada sobre mí de frente contándome cosas de su escuela y sus amiguitas. De a ratos me abrazaba y se quedaba sobre mi pecho mientras yo le acariciaba su espaldita
.
El peso de su cuerpo ligero sobre mí, la suavidad de su piel, el calor de su cuerpo, el aroma a perfume de nena y shampoo, me provocaron una erección… y ella lo sentía porque presionaba su pubis y su vientre contra mí, haciéndome miradas cómplices.
Estábamos de maravillas hasta que llegó Luz.
– ¿Otra vez arriba de mi novio, nena? Qué cargosa que sos, pendeja. Ma, decile algo…
– Ahora es mi padrino también. – le respondió Lola sacándole la lengua.
– ¿Qué? ¿Cómo que tu padrino?
– Si hija, Lolita lo eligió para que sea su padrino.
– Vos boludo ¿para qué le decís que si? Ahora no te la sacás más de encima- me reclamó.
Y vos ma, no me ibas a contar nada?
¿Saben qué? Hagan lo que se les cante el orto. Total estoy dibujada yo.
– Amor, pará… -me fui detrás de ella, casi a regañadientes.
Después de una charla aflojó y aceptó mi nuevo rol en la familia, pero a medida que las semanas pasaban nuestra relación se iba deteriorando y nos íbamos distanciando. Hacíamos lo mismo de siempre, salir de noche, coger, regalarle cosas, la llevaba a mi casa o iba a la suya pero algo había cambiado, podía sentirlo.
Al mismo tiempo, Lola y yo estábamos cada vez más cercanos, emocional y físicamente. Al ser su padrino, la llevábamos a pasear a todos lados con Luz. Lola vivía colgada de mí y me llenaba de besos, hasta intentaba darme besitos en los labios cuando nadie estaba mirando o cuando nos despedíamos.
La nena desarrolló la habilidad de saber provocarme erecciones e identificarlas. Si yo estaba parado ella me abrazaba, apoyaba su torso contra mi pija dura y se quedaba ahí. Ni hablar si estábamos sentados, básicamente la nena me cabalgaba con ropa. Las veces que tenía puesto un vestido eran una deliciosa tortura, porque podía sentir el calor de su conchita pero a la vez tenía que disimular la excitación y esconder la erección. Lola casi siempre terminaba con las bombachita húmeda, me pregunto como mi suegra no se daba cuenta.
No voy a mentir, todo eso me encantaba y yo no me quedaba atrás, paulatinamente mi contacto hacia ella se volvía más erótico. Una caricia de pelo que escondía estimular el lóbulo de su oreja (una zona erógena que descubrí en ella), una caricia sensual de espalda que bajaba hacia su colita infantil cuando nadie estaba viendo, tal vez algunas inocentes palmaditas en la cola.
No sólo que ella buscaba esos contactos, sino que otras veces se sentaba frente a mí y separaba sus piernitas mostrándome su ropa interior. Al principio quería pensar que lo hacía distraídamente ya que era una nena, pero ella se daba cuenta de mis miradas.
– Te gusta mi bombacha? Mi mamá me la compró ayer- me dijo un día sentada en el sillón, cuando nadie estaba escuchando.
– Si, son muy lindas.- respondí fingiendo no demasiado interés.
– También me compró una de Fr*z*n y otra de My Littl* P*ny. Si querés te las muestro- me ofreció con soltura.
Una tarde fuimos al parque más cercano a mi casa y Lola varias veces me mostró su bombachita cuando su hermana no estaba viendo. Ese día fue un poco más lejos y en un momento se corre de lado la bombachita y rasca su vaginita unos segundos, después la expone totalmente frente a mí acomodando su prenda. Era la primera vez que veía su conchita, fueron unos segundos pero los suficientes para calentarme y pararme la pija.
Más tarde, cuando ya había caído el sol, Lola se torció el tobillo y la cargué a hasta mi casa, estábamos lejos. Luz iba caminando delante de nosotros con su actitud de diva, habíamos discutido por no recuerdo qué asunto. Yo que venía arrastrando la calentura aproveché a esconder una mano y tocarle la cola a mi cuñadita ahora también ahijada.
Comencé amasando sus pequeñas y firmes nalguitas de nena, luego puse mis dedos sobre su bombachita y empecé a estimularla con caricias sobre su rajita y luego con masajes circulares sobre toda su vulva.
Lola apoyó su cabeza sobre mi hombro entregándose a mis cariños, podía sentir como su cuerpo iba subiendo la temperatura y sus intimidad se humedecía cada vez más.
Podía actuar con total tranquilidad, mi mano no era visible para el que pudiera detenerse a mirarnos, ella no me detenía y mi novia seguía adelante caminando ofendida mirando su teléfono.
Con todo a mi favor, quería sentir con el tacto ese tesoro que ella me había mostrado unas horas antes y urgué con mis dedos cruzando el límite que era el elástico de su bombachita celeste de Fr*z*n y mis dedos tocaron su conchita.
Estaba súper mojada y super caliente. Mi pequeña ahijada dió un brinco pero se dejó hacer. Volví a masturbarla mientras caminábamos, deseando no llegar nunca. Por suerte tengo manos suaves para no lastimarla, mi objetivo era hacerla tener un orgasmo pero esta vez quería provocarlo yo.
Mis dedos ya estaban muy mojados e intenté con la punta de uno masajear el contorno de su canal vaginal, que estaba realmente empapado y dilatado. No le metí el dedo, solo con hacer leves presiones emulando intentar entrar fue suficiente.
Lola tensó sus piernitas contra mí y empezó a vibrar muy fuerte como alguien que tiene mucho frío. Clavó sus deditos en mí y gimió ahogadamente mientras mojaba mi mano confirmando que había tenido un rico orgasmo.
Casi llegábamos a casa y me preocupé al darme cuenta que Lola tenía el calzoncito muy empapado. La «desperté» mientras subíamos el ascensor y le dije que pasara al baño porque el viaje a su casa era largo. Después fuimos a su casa y durmió todo el viaje.
Al llegar la volví a cargar y mi suegra me hizo la seña de que la llevara la habitación.
– La pasaste bien hoy, enana?
– Siii… me gusta mucho estar con vos- me susurró en el oído.
– Me alegro princesa, espero que duermas bien.
– No me vas a dar un beso de buenas noches?
– Claro que sí- le dije besando su frente.
– Pero quiero uno acá – me dijo tocando sus labios.
– Pero… ahora soy tu padrino…
– Puff… Eso le dije a mi mamá para que estés siempre conmigo.
– ¿De verdad? Wow… Fue una buena idea, sos una genia malvada.
– Si, ahora vas a estar conmigo para siempre jiji.
Nos dimos un pequeño beso de labios y me despedí de ella.
Me despedí de mi suegra y de novia que no quiso venir conmigo y volví manejando a casa, pensando que esa nena me había atrapado con una red de encanto infantil, romance prohibido y erotismo secreto.
Esa noche, antes de dormir, cerré los ojos susurrando su nombre… Lola… Loli… Lolita…
Mientras mis dedos sobre mi cara me acercaban la fragancia de su intimidad, pude aunque sea mediante ensueños, estar con ella como realmente deseaba.

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