Enamorado de la hermanita de mi novia
Mi cuñadita me demostró más amor que mi propia novia.
La primera parte de esta saga:
Aquel incidente en el sillón, es decir, que la hermanita de mi novia se haya masturbado con mi pierna hasta llegar al orgasmo, me cambió la manera de verla.
No era la primera vez que sentía que me pasaba algo así, de hecho mi primera novia fue alguien muy menor a mí cuando yo era adolescente. Creí que eso había quedado atrás, el hecho de sentir atracción hacia una nena, pero Lola sin quererlo había despertado ese deseo en mí, que creí extinto pero solo estaba dormido.
Volví el fin de semana siguiente con mucha expectativa. Lolita vino corriendo hacia mí, saltó aferrándose a mí cuello y abrazándome con sus piernas como un Koala, me llenó de besos y me abrazó muy fuerte.
Me hizo sentir verdaderamente amado. Recordé por qué disfruté tanto mi primer amor aquel verano cuando era adolescente y con Brisa, la ahijada de mi mamá, nos dimos mucho amor a pesar de ser 10 años de diferencia.
Lola me hizo sentir lo mismo que Brisa: un amor incondicional, desinteresado, que lo da todo. O quizá solo era cariño, quizá solo eran flashes míos, todavía no lo sabía. Pero yo podía sentirlo y eso me bastaba.
Ella me dió un dibujito donde nos dibujo a ella y a mí tomados de la mano, nuestros nombres, con corazones alrededor y las palabras «TE QUIERO MUCHO».
A la mayoría le podría parecer una tontería de niñas sin valor, pero a mí me llenó el corazón. La abracé muy fuerte y le dije que era el mejor regalo que dieron (había sido mi cumpleaños unos días antes).
Me puse a pensar y en tres meses de relación mi novia no tuvo tantos gestos buenos conmigo. Digo, un hombre no está tan pendiente de eso, y soy bastante despegado de las cosas materiales, pero en comparación hasta su hermanita tuvo más gestos con esos dibujitos que ni propia novia.
Lolita se pasó toda la tarde pegada a mí, se me colgaba. Se sentaba sobre mí con las piernas a un lado y me hablaba de sus amiguitas de la escuela… cosa que a Luz la molestaba bastante.
– Dale pendeja, sos re cargosa! Anda a jugar por ahí…
– Tranquila amor, a mí no me molesta.
– Pero a mí sí, no nos deja estar solos la piojosa esta.
– No me digas piojosa- replicó Lola- yo no tengo piojos.
– Mamaaaaa, tu hija nos está molestando.
– Y ella me está diciendo piojosa! Aparte Lucas dijo que no le molestaba.
– Lola, vení para acá! -gritó mi suegra desde la cocina.
– Sos una maldita, te odio- le dijo Lola yéndose llorando a la cocina.
Yo me quedé mal y eso llevó a una discusión entre Luz y yo. No era la primera, ya veníamos teniendo problemas por otras cuestiones. Teníamos diferentes estilos de vida, ella era bastante pretensiosa pero no quería hacer nada por salir adelante, no quería estudiar ni capacitarse en nada. Tenía trabajos inestables en los cuales la echaban o renunciaba. Quería vivir de joda pero que yo le regale cosas lujosas y salir a pasear y ya estaba planeando viajes. Eso me chocaba bastante.
Para ese punto ya sabía que ella y yo no teníamos mucho futuro. Si sostenía la relación, además del sexo, en gran parte era porque en su familia todos me querían y me trataban como un rey. Pero la principal razon era Lola, Lolita… Cada vez la quería más y ella a mí.
Pasaron las semanas y en una de esas visitas la encontré algo triste y me evitaba. Cuando Luz se fue a ducharse me quedé en su pieza esperando y Lola entró con su carita triste. Le pregunté que le pasaba ella solita se sentó en mis piernas y me abrazó. Apoyó su cabecita en mi pecho y sin mirarme a los ojos me contó su pena.
– Qué pasa Loli que andas con cara larga?
– Nada.
– No me vas a contar a mi?
– No.
– Bueno pero no me gusta verte triste. Yo te quiero y quiero verte feliz.
– Me querés aunque sea fea?
– Qué!? No sos fea, sos re linda vos.
– Soy fea, no mientas.
– Quién te dijo que sos fea?
– Todo el mundo… Mis hermanos me dicen «Fea esto, fea lo otro»
Luz siempre me dice «Salí, fea… Andate»
Y ahora en la escuela las otras nenas me dicen que soy fea 😭
Lolita explotó en llanto sobre mi pecho abrazándome fuerte. Nunca una persona me había dado tanta pena y compasión. Yo le correspondí el abrazo y la dejé llorar. Cuando se desahogó levanté su carita y le dije:
– Vos no sos fea. No dejes que nadie te haga sentir fea. Para mí vos sos la nena más linda, más dulce y más tierna del mundo.
No le des bola a los demás, tus hermanos lo dicen para molestarte y las nenas de tu colegio porque son malas y tontas.
Y Luz… ¿te digo una cosa?… – y le susurré: Está celosa porque vos sos más linda que ella. –
– ¿Y si yo soy más linda… por qué sos el novio de ella?
Me causó gracia su planteo y le respondí improvisadamente.
– Jajaja, porque yo soy más grande que vos, enana.
Aparte cuando me puse de novio con tu hermana no te conocía a vos. 😉 – le dije para consolarla y salir del paso.
Lola se sonrrojó y le dí muchos besos por toda la cara y ella se secó las lágrimas y volvió a sonreír.
– Así me gusta verte, con una sonrisa.
Ella se ríe, se seca las lágrimas con la manga de su camiseta desgastada y se vuelve a poner seria. Me miró a los ojos y me dijo con su voz rasposa:
– Te quiero mucho ¿sabés?
– Yo también te quiero, enana.
– No, pero yo te quiero más!
– No. Yo más! – le digo tonteando.
– No, vos no me querés tanto como yo te quiero.
– ¿Y como sabés?
En ese momento hubo un silencio, ella cambió de expresión, se puso más seria y acercó su cara a mi cara… yo sabía lo que se venía. Cualquier persona normal debería haberla detenido pero no lo hice. No me salió, tampoco quería. Al contrario, acerqué mi cara unos centímetros. Estábamos a cinco centímetros, notaba el deseo y el miedo en su mirada. Yo también la deseaba y esbocé una ligera sonrisa para darle confianza.
Ella quería besarme, yo quería besarla. Pero no podía tomar la iniciativa, era mejor que ella lo hiciera. Le sonreí y le acaricié su pelo.
– Tan linda sos…
Toqué su naricita con la mía, tipo beso esquimal, pero no podía ir más allá.
Lola cerró sus ojitos negros y achinados y me dió un tierno beso en los labios. El mundo se detuvo unos segundos, no se escuchaba la charlas en la cocina, ni la TV, ni la ducha.
Sus labios eran chiquitos a comparación de los míos. Podría haberme quedado estático que aún así sería perfecto pero moví mis labios delicadamente masajeando esa piel carnosa tan suave y tierna aumentando las sensaciones y placenteras a un nivel que estoy seguro que la hizo volar tanto como a mí.
No fue un pico ni fue un chape, fue un beso corto pero con mucha carga erótica en todo el sentido de la palabra, había amor, había deseo.
Mi corazón galopaba, me acaloraba y todo mi cuerpo parecía preparase para hacerle el amor. Pero no era el lugar ni el momento. No quería hacer eso aunque lo deseaba.
– Viste que yo te quiero más -dijo Lola en una voz muy tímida.
Se bajó de mis piernas y salió corriendo de la habitación.
Yo me quedé sentado en la cama, con el corazón a mil y mi pene palpitando en mis pantalones, procesando lo que había pasado, lo que hicimos. Volvieron las voces de la familia, el ruido de la tele, los perros que ladraban, la cumbia a todo volumen de los vecinos. Pensaba en lo que podría haber pasado, en las consecuencias.
– Amor? Amor… Ey… Te quedaste re colgado- me dijo mi novia parada en la entrada del dormitorio.
– Es que estaba pensando en las cuentas que tengo que pagar.
– Bueno, no te preocupes ahora, vamos a disfrutar la tarde que está re lindo el día. Vamos a pasear.
Nos despedimos de la familia pero a Lola no la ví, se había escondido. En principio era mejor, seguramente ella también tenía que procesar ese momento.

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