El Consentimiento 6
historias de padres e hijas.
La niña se quedó mirando a Sofía, con los ojos llenos de una mezcla de sorpresa y desesperación. Las palabras de su amiga habían encendido un fuego dentro de ella que no sabía cómo apagar, ni siquiera quería.
«Sofí……» —murmuró, con la voz temblando—. «¿Cómo… cómo hago para vivir todo eso yo también?»
Sofía la miró con una complicidad que la hizo sentirse menos sola. Acarició el brazo de su amiga y le habló al oído, como si le estuviera revelando un conjuro secreto.
—»Tenes que ser más cercana a él. No como una hija, como… como una amiga especial. Bésalo en la boca, no solo en la mejilla. Decile que lo amas, todo el tiempo, que es el hombre más guapo del mundo. Y mostrate linda siempre y decile que es para el, aunque seas pequeña, el va a notar que le gustas. Ponete esa camiseta corta que te gusta, y anda en pantaloncitos por la casa. Cuando solo esté él, anda en bombacha, y sentate en sus piernas. Créeme, él se va a dar cuenta. Los hombres notan esas cosas. Se va a interesar, solo tienes que ser paciente y atrevida. Ojo, hace todo en secreto, que solo se de cuenta el, no tu mamá.
Esa noche, la niña puso en práctica el consejo de Sofía. Se puso su camiseta más corta y su pantaloncito de dormir. Cuando su padre se sentó en el sofá a ver la tele, ella se acurrucó a su lado, apoyando la cabeza en su pecho. Él le pasó un brazo por los hombros, como siempre, pero esta vez ella levantó la cara y le dio un beso en la comisura de los labios, casi en la boca.
—»Te quiero mucho, papi, sos muy lindo» —dijo, con una vocecita dulce y deliberada.
Él la miró un segundo extrañado, le gusto mucho ese gesto, la vio hermosa, recordo por un momento la situacion en la cama, y sonrió. —»Yo también a ti, mi pequeña.»
Durante los siguientes días, fue una campaña de seducción sutil y constante. Se sentaba en su regazo y se movía «sin querer», dejando que su pequeño cuerpo se ajustara contra el suyo. Le abrazaba por la cintura desde atrás, sintiendo cómo se tensaba. Y una noche, viéndolo salir de la ducha, con una toalla envuelta en la cintura, se le ocurrió la idea.
—»Papi……» —empezó, con la voz más inocente que pudo reunir—. «¿Podríamos ducharnos juntos? Como cuando era muy pequeñita. Me da cosa sola…..»
Su padre vaciló. Miró hacia el cuarto de su madre, que estaba leyendo en la cama.
—»No sé, cariño… ya eres mayorcita….»
—»Por favor, solo esta vez. Será rápido. Te ayudaré a enjabonar la espalda» —insistió ella, acercándose y abrazándolo.
Él suspiró, pero una sonrisa cómplice se dibujó en su rostro. —»Bueno, vale. Pero solo esta noche.»
En la ducha, el vapor llenaba el aire. La niña, con la esponja en la mano, cumplió su promesa, pero sus «ayudas» pronto se volvieron más atrevidas. El notaba la excitación de la pequeña, en sus pezones. Aun no tenia pechos, pero si pezones grandes, y estaban muy parados. La niña deslizaba sus manos por su pecho, por su abdomen, y luego, con una valentía que la sorprendió a ella misma, bajaron hasta la toalla que lo cubría. Se la quitó de un tirón. La sorpresa en su rostro se mezcló con algo más, algo que ella reconoció por las descripciones de Sofía. Su miembro comenzó a crecer, a ponerse dura, justo delante de sus ojos.
—»Papi….. «—susurró ella, fascinada….»que lindo es….»
Él no dijo nada, solo se apoyó en la pared, con los ojos entrecerrados, dejándola hacer. Se habia dejado la toalla por pudor, pero no lo resistio. La niña lo manoseó con curiosidad, sintiendo su calor, su dureza, su peso en sus pequeñas manos. Se arrodilló, como había hecho Sofía, y, tras dudar un instante, se la metió en la boca. Era grande y caliente. La chupó torpemente por unos segundos, guiada solo por el instinto y los relatos de su amiga.
Él gemió, un sonido bajo y ronco que la excitó aún más. Abrió los ojos y la miró, con el rostro contorsionado por el placer. Fueron dos minutos….
—»Basta, basta, cariño……»—dijo, apartándola suavemente—. Por hoy es suficiente.
La niña lo miró, con los ojos brillantes y la boca húmeda, sintiendo una mezcla de frustración y poder.
—»Pero… ¿no te gusto, Papi?»
—»Claro que sí, más de la cuenta «—confesó él, con la voz ronca—. «Demasiado. Pero no podemos hacer esto aquí. Tu madre… «—Se aclaró la garganta y se arrodilló a su altura, tomándole la cara entre sus manos—. «Escúchame…….Esto es nuestro secreto….. ¿entendido?……Nuestro gran secreto. Y si eres una niña buena… si no dices nada a nadie… mañana, cuando tu madre salga a hacer las compras, te prometo que seguiremos. Te enseñaré más cosas. Iremos despacio. Te prometo que serás mi mujercita especial. ¿De acuerdo?»
La niña asintió, con el corazón latiéndole con tanta fuerza que sentía que le saltaba del pecho. Le habían dicho la palabra que mas le gustaba….»secreto». El deseo se había transformado en una certeza. Mañana sería su día.
El la beso fuertemente en la boca, beso que sello ese su secreto.


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