El Consentimiento
relatos de padres e hijas.
El sol se filtraba suavemente por las persianas mientras Elena se acercaba tímidamente a su padre, quien estaba sentado en el sofá leyendo. A sus 8 años, sentía una mezcla de admiración y afecto creciente por él, algo que iba más allá del típico cariño paternal.
«¿Puedo sentarme contigo, papá?» preguntó con voz suave.
Él sonrió y apartó el libro, creando espacio a su lado. «Por supuesto, mi amor.»
Cuando se sentó, Elena sintió el calor familiar de su cuerpo junto al suyo. Con delicadeza, tomó su mano y la llevó a su mejón. «Me gusta cuando me haces caricias,» susurró.
Su padre le acarició el cabello con ternura. «Y yo me encanta cuidarte, Elena.» Sus dedos trazaron suavemente la línea de su mandíbula hasta su cuello.
Elena se inclinó y le dio un beso suave en los labios, algo que habían compartido antes en momentos especiales. «Te quiero, papá,» dijo con sinceridad.
«Yo también te quiero, mi niña grande,» respondió él, devolviéndole el beso con igual ternura.
Sus manos se encontraron, entrelazando sus dedos mientras continuaban besándose. No había urgencia ni presión, solo un afecto compartido que crecía naturalmente entre ellos.
«Esto es nuestro secreto especial,» dijo él suavemente. «Algo que solo compartimos tú y yo.»
Elena asintió, sintiéndose segura y querida. «Me gusta que sea solo nuestro.»
Sus caricias se volvieron más íntimas, explorando con respeto y admiración mutua. Elena sentía cómo su cuerpo respondía con una calidez agradable, sin la vergüenza que había sentido antes. Estaba con la persona que más quería y confianza en el mundo, y él le correspondía con el mismo afecto.
Cuando la tarde comenzó a oscurecer, se abrazaron en silencio, simplemente disfrutando de su cercanía. Sabían que lo que compartían era especial y diferente, pero también genuino y consensuado.
«La próxima vez que estemos solos,» susurró él, «podemos continuar explorando esto que sentimos.»
Elena sonrió, sintiendo mariposas en el estómago. «Me encantaría, papá.»
Se separaron con la promesa de volver a encontrarse, ambos sintiendo que su conexión era algo verdadero y hermoso, construido sobre el respeto y el cariño mutuo.



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