Espiando a mi pervertida sobrina, ser su tío es la lotería (Parte 1)
Ella no sabía que del otro lado del espejo unidireccional, su tío tenía su rostro a centímetros, viendo todo, viéndola abrirse, tocarse, exhibirse..
La casa del tío Eduardo era imponente. Una estructura moderna, vidrio y concreto, diseñada por él mismo. Arquitecto reconocido, en toda la ciudad.
Llegué con mi maleta pequeña. Venía de una ciudad pequeña donde después de la secundaria los estudios ya no avanzaban.
A mis 15 años iniciaría la preparatoria en esta ciudad, y me quedaría con su mi tío, en lugar de un apartamento sola. No lo veía desde que tenía 8 años.
Toque el timbre. La puerta se abrió.
Allí estaba él, sin camisa, el torso brillante de sudor, un vello corto y oscuro en el pecho que descendía en línea hasta su abdomen formado, marcado, los músculos definidos. Shorts cortos de deporte, piernas fuertes, hombros anchos. Estaba haciendo ejercicio en su gimnasio personal, me dijo después.
—Sofía —dijo, sonriendo, reconociéndome a pesar de los años.
Yo tartamudeé un «h -hola», sintiendo el calor subir a mis mejillas. Él se dio la vuelta para tomar una toalla, y vi su espalda: ancha, musculosa, el sudor corriendo por su columna, bajando por su cintura, desapareciendo en el borde de sus shorts.
—Te muestro tu cuarto —dijo, caminando delante de mí.
Lo seguí, observando cada detalle de la casa. Paredes gruesas, espejos por todos lados, una sensación de estar siendo observada aunque no hubiera nadie más.
—Tu habitación está al lado del mío —dijo, abriendo una puerta elegante, minimalista—. Yo me baño y preparo la comida.
Él me miró de arriba a abajo, sin preocuparse, con una sonrisa pícara, recorriendo mis piernas con mis leggings ajustados que usaba para viajar. Sonrió, disfrutando lo que veía.
—Acomódate —dijo, y cerró la puerta.
Yo entré directo al baño. Me duché, me sequé, y elegí mi pijama de seda con intención. Top corto, dejando ver mi abdomen formado, sexy, producto de años de gimnasia. Shorts cachetero, tan cortos que cada paso marcaba mis nalgas.
Me miré al espejo. Sonreí. Si él quería presumir su cuerpo, yo también. A ver quién ganaba.
Cenaron juntos en la mesa larga, él sin camisa, con total seguridad, los músculos brillantes bajo la luz tenue. Sofía se sentó frente a él, su top corto dejando ver su abdomen formado, sus pechos pequeños asomando, los pezones marcados contra la seda.
El tío no disimulaba. La miraba de abajo arriba, devorándola con los ojos, recorriendo sus piernas, sus muslos, el triángulo entre ellos. Ella respondía, desafiante, intercambiando miradas que decían: te gano, te sometes a mi cuerpo.
—Buenas noches —dijo él al final, con una sonrisa pícara.
Sofía subió a su cuarto, pero no podía dormir. Se revolcaba en la cama, el calor insoportable, la imagen de su tío grabada: ese torso sudado, esos músculos, esa seguridad arrogante.
No resistió. Se bajó el shorts por un lado, apenas, y encontró su pequeña y lampiña vagina, ya húmeda. Empezó a frotar en círculos, rápido, lento, metiendo un dedo, luego dos, sintiendo su propia humedad creciente. Con la otra mano tocó sus pechos pequeños, los pezones duros, excitados, pellizcándolos, arqueándose.
Luego se miró en el espejo. Contempló su propio cuerpo, la curva de sus caderas, su abdomen formado. Abrió su vagina con los dedos, mostrándose a sí misma, tocando sus labios de arriba a abajo, viendo el brillo de su humedad, el color rosado intenso. El espejo estaba en sus pies prácticamente tocando el espejo, ofreciendo una vista a sí misma completa, una performance íntima frente al cristal.
No sabía que del otro lado, su tío tenía su rostro a centímetros del vidrio, viendo todo, viéndola abrirse, tocarse, exhibirse. Su mano en su propio pene, masturbándose al mismo ritmo que ella.
El orgasmo de ella llegó rápido, silencioso, intenso. Contracciones profundas, su vagina apretando sus propios dedos, su boca abierta conteniendo un gemido. Cayó dormida casi de inmediato, exhausta, satisfecha.
No supo, nunca supo, que detrás del espejo de techo a piso frente a su cama, su tío explotó también, semen en su mano, viéndola desnuda, tocándose. Como si estuviera en la misma habitación.
La casa del arquitecto estaba llena de trampas. Diseñada para espiar. Para grabar. Y ella era la invitada más reciente.
La mañana siguiente, Eduardo guarda la grabación en su backup personal, la clasifica en la carpeta «5 estrellas VIP». Hay cientos de archivos ahí: «vecina_cocina.mp4», «tía_baño.avi», «prima_dormida.mov», «hermana_vestidor.mp4». Una colección de años de espiar, de diseñar casas con trampas.
Pero Sofía es especial. La más reciente. La más joven.
Ella despierta, se levanta, va al baño a ducharse. No sospecha que ese espejo amplio sobre el lavamanos esconde una cámara que capta todo: su reflejo desnudo, sus pechos pequeños, su abdomen, su vagina cuando se inclina a lavarse las manos.
Entra a la tina. El agua corre. Lo que ella no ve es la lente oculta en el fondo de la bañera, apuntando hacia arriba. Cuando se acuesta, abre las piernas para enjabonarse, la cámara graba todo bajo el agua cristalina: su ano arrugado, su vagina abierta, los labios moviéndose con el jabón, la humedad brillante.
Y cuando se sienta en el escusado, otra cámara desde abajo, discreta, graba su expresión de concentración, sus manos en sus muslos, su vagina relajándose, el orín cayendo, lo más íntimo, lo más privado, todo expuesto para el archivo VIP de su tío.
Eduardo, en su oficina del sótano, múltiples pantallas brillando, sonríe. Sofía ya no es solo una invitada. Es su obra maestra en progreso.
La mañana siguiente, Eduardo la lleva a la prepa en su coche deportivo. Ella va con su uniforme: falda cuadriculada roja, bastante corta, pícara. Durante el viaje, mientras él conduce, ella «inconscientemente» baja la falda, dejando ver sus muslos desnudos, casi el borde de su ropa interior, provocándolo, desafiándolo con la mirada.
Llegó de la escuela por la tarde. Eduardo la recibe normal, sonriente, como si nada. Ella sube a su cuarto, abre su laptop para hacer tareas, se conecta al wifi de la casa.
Lo que no sabe es que el momento que entró a su red, Eduardo tiene acceso completo a su dispositivo. Desde su oficina del sótano, monitorea en tiempo real.
Y descubre el tesoro.
Su historial de búsqueda en páginas porno: «mujeres masturbándose con dildos enormes«, «videos de sexo anal doloroso«, «historias eróticas«. Y ahí, la joya de la corona: sexosintabues30.com, una página oscura de relatos. Ella ha estado leyendo categorías específicas: «tío y sobrina«, «sobrina seduce a tío«, «primera vez con familiar«.
Eduardo sonríe, emocionado, su pene creciendo en sus pantalones.
—O sea que esta nenita quiere conmigo —murmura, ajustándose—. Pues lo tendrá.
La noche comienza. Sofía está en su cama, las manos ya entre sus piernas, los dedos moviéndose en círculos, los ojos cerrados, imaginando a su tío. El vicio de la masturbación la domina.
De repente, la TV se enciende sola.
Ella se sobresalta, los ojos abiertos. En la pantalla, el video de la noche anterior. Ella misma, frente al espejo, abriendo su vagina, tocándose, masturbándose, viniéndose, los pies contra el cristal. La grabación completa, íntima, expuesta.
Se queda anonadada, paralizada, sin saber qué hacer. ¿Es un sueño? ¿Una pesadilla?
La puerta se abre. Eduardo entra, sonriente, seguro, dominante.
—Uff —dice, acercándose a la cama, señalando la TV—. Esa vaginita húmeda y excitada que tienes… será mía.
Sofía está asustada, confundida. Todo comenzó muy raro: la grabación, el espejo, su tío entrando. El miedo paraliza sus pensamientos.
Pero entonces él se desviste.
Frente a ella, completamente desnudo. Ese cuerpo que vio el primer día, pero ahora erecto, grande, la vena marcada, la punta brillante. Piernas fuertes, abdomen formado, pecho amplio. Un hombre.
A la nena de 15 años Sofía se le hace agua la boca. El miedo se disipa, reemplazado por un hambre voraz. Sus piernas, sin que su mente lo ordene, se abren, señalando hacia él, ofreciéndose.
—Con cuidado —susurra, la voz temblando de excitación—. Es mi primera vez.
Eduardo se acerca, la punta de su pene rozando su entrada, húmeda ya, preparada. Empuja despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo se abre, cómo ella jadea, los ojos cerrados, la boca abierta. El sudor brilla en su abdomen delgado, gotas corriendo por su pecho, cayendo sobre el vientre plano de Sofía.
—Relájate —susurra, y besa su cuello, su boca, la lengua entrando, enredándose con la de ella.
Sigue empujando, más profundo, hasta el fondo. Ella grita, no de dolor puro, de llenura, de ser poseída. Él empieza a moverse, despacio, el ritmo creciendo, chac, chac, el sonido húmedo de su unión, sus testículos grandes golpeando su cadera con cada embestida.
Los pezones de ella están erectos, duros, y él los pellizca, los muerde, mientras aumenta la fuerza, el ritmo desenfrenado, el placer ciego. Sofía gime, suplica, ríe, llora, todo mezclado.
—Correre para mí —ordena él, acelerando, embistiendo con fuerza brutal.
La niña explota. Su primer gran orgasmo con pene dentro, contracciones profundas, su vagina apretándolo, succionándolo, chorros de humedad empapándolos. Ella grita, sin control, sin vergüenza.
Pero él apenas empieza.
La gira, la pone de cuatro, y entra de nuevo, profundo, agarrando sus caderas con fuerza, marcándole los dedos en la piel. El ruido es fuerte ahora, plap, plap, plap, sus cuerpos chocando, el sudor mezclándose, los gemidos de ella transformándose en gritos de éxtasis absoluto.
Algo que jamás sintió con una masturbación. La posesión completa. El tabú. Su tío dentro de ella, usándola, amándola con fuerza salvaje.
Llegan juntos, sincronizados. Él explota, semen caliente llenándola, marcándola por dentro. Ella se contrae otra vez, otro orgasmo, más profundo, más intenso, desmayándose casi, cayendo sobre la cama, él encima de ella, ambos jadeando, temblando, unidos.
Continuará…
—
Nota de Danielaxxx:
Esta primera parte fue solo el calentamiento. Lo que acabas de leer —la seducción, el descubrimiento, la primera vez— es apenas el principio.
A partir de ahora, las escenas serán insaciables. Eduardo no se conformará con una noche. Sofía no podrá resistirse. La casa con sus cámaras, sus espejos, sus trampas, se convertirá en un escenario de sexo constante: sin límites, sin descanso.
El tío y la sobrina, ahora amantes, ahora dueños el uno del otro, explorarán cada rincón de la perversión. Cada capítulo será más intenso que el anterior. Más escenas. Más detalles. Más sexo.
Si llegaste hasta aquí excitado, prepara tu cuerpo.
Continuará… en la Parte 2

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