La conchita de mi primita Noelia
A modo de despedida de esta pagina, les regalare la única experiencia real de incesto, con mi primita de 11 años..
Mi nombre no importa, aunque ustedes aca me conocen como Willy.
El nick no es por que me llame Guillermo, sino por que suena a nombre y es uno de los apodos que se le da a la verga.
A diferencia de mis anteriores relatos que son deseos y fantasías, lo que siguen son hechos reales, quizás con excepción de dos: mi prima Martita, y la Eva, la mujer de mi primo.
Y si este me lo estaba guardando es porque hay amor involucrado. Amor de primos que termino mal.
Asi que aca lo comparto como despedidas de esta pagina, ya que por diferentes razones, he decidido retirarme.
Mis primeras experiencias sexuales, siempre se asociaron a primas y algunos primos.
Inicialmente, cuando tendría unos 11 años, mi primer contacto con lo sexual fueron un par de primos uno o dos años mayores que yo.
Podría decirse que eran experimentaciones de ambas partes. Jamás hubo penetración, pero por que éramos muy boludos e inexpertos.
Eventualmente conocí a dos primas mías, que venían de Chile. Vamos a mencionarlas como Carla y Clotilde.
Clotilde era un año mayor que yo, y Carla era un año menor.
Vinieron cuando yo tenia 10, y para cuando yo tenia 12, Clotilde ya estaba entrada en hormonas adolescentes, al punto de que me comenzó a buscar sexualmente.
Manoseos y esas cosas. Incluso me dio mi primer beso.
Pero claro, hacer estas cosas a escondidas de su hermana menor, estaba difícil.
Lo que Clotilde no sabia, es que Carla sabia de estas cosas y estaba aprendiendo.
En un momento Clotilde no se animo a mas, y creo que se enamoro en el colegio que me dejo de lado.
Ahí aprovecho Carla quien sabia menos del tema sexual, y por lo tanto se atrevía a mas cosas.
De un momento a otro, paso un año.
Yo estaba en mis 13, y Carla en sus 12.
Aun seguíamos con besos y manoseos, pero además intentábamos cosas como “coger”.
No había penetración, pero si frotación genital.
Tampoco es que pudiéramos hacerlo a gusto, siempre a escondidas y a las apuradas.
Fue en un campamento familiar, en que, junto a un rio, que nos juntamos de noche, cuando todos dormían. Ambos nos levantamos para supuestamente, ir al baño.
Fuimos junto al rio, y ahí mi prima se bajo los pantalones, la bombacha, y se agachó contra una roca, dejándome su culo.
Yo metí mi verga entre la cavidad que generaban sus muslos y conchita, y comencé a moverme.
Teníamos casi toda la noche.
Era la primera vez que podíamos relajarnos y hacerlo durante mas tiempo.
Eso llevo a que ambos nos mojáramos mucho, que hubiera lubricación real.
Y nuestros geniales nos traicionaron.
Fue en un envión en que los labios vaginales de mi prima de abrieron para mi verga, y entre con toda mi fuerza en mi prima.
La hice sangrar, la hice gritar.
Yo estaba sorprendido por la experiencia, que tras metérsela hasta el fondo, se la deje ahí, y acabe. La sujete con fuerza, a pesar de que ella gritaba, se quejaba del dolor, y me pegaba, se movía tratando de zafarse, de sacarme.
El ruido del rio ahogaba sus gritos de desesperación mientras yo estaba ido disfrutando mi primera vez, mi primera conchita, mi primera eyaculación.
Después de esto, mi prima Carla se enojo conmigo y no me hablo durante meses.
Y tuvimos suerte de que no quedo embarazada por que ya estaba menstruando.
Esto nos llevo a alejarnos.
Y en todo ese tiempo, ya había nacido mi otra primita, Noelia, la verdadera protagonista de esta historia.
Tuve alguna novia en el medio, pero sin sexo, sin mucha suerte.
Pocas novias, muchos besos, manoseos, pero nada de sexo. Y muchas pajas.
Con Noelia (que no es su nombre real, obviamente), hubo un acercamiento importante. En ese tiempo era la querubín de la familia. Una nena muy coqueta, muy cariñosa y carismática.
Tanto que a sus 7 añitos me enamoro incluso a mi.
Y como mi mamá era su madrina, pasaba mucho tiempo en mi casa.
Especialmente que un par de sus hermanos mayores estaban metidos en la delincuencia, y la casa estaba llena de sus amigotes.
Como mi tía, que enviudo cuando Noe tenia 3 años, debía trabajar. Asi que para evitar el contacto con los amigotes de mis primos, Noe se iba desde el colegio a mi casa.
La mayoría de las veces la iba a buscar mi mamá, otras, iba yo.
Yo estaba prendido de ella.
Y creo que fue en ese tiempo en que ella comenzó a verme con otros ojos.
Sus compañeritas de la escuela decían cosas sobre mi, que yo era lindo, que esto, que lo otro.
Mi primita se puso celosa, y cada vez que iba yo a buscarla, me daba un besito y me agarraba del brazo.
Yo estaba en mi adolescencia, mis 17 años, con las hormonas a flor de piel, y sin poder coger.
Aun me pajeaba con mi prima Carla quien no me daba ni la hora.
Asi que poco a poco, Noelia fue ocupando el lugar. Esa costumbre de ser cariñosa, bonita, sentarse en mis piernas me fue calentando.
También se sumo que comenzamos a quedarnos solo cuando mi abuela enfermó y mi mamá iba a cuidarla.
Ahí me anime a pedirle un beso en la boca cuando vimos Comando una tarde, y veíamos que Arnold besaba a su hija en la boca.
Para cuando Noe cumplió los 11, la sentaba directo sobre el bulto de mi verga, mientras nos besábamos hasta con lengua.
Incluso ella misma se movía.
Un sábado o domingo en yo estaba solo, estaba viendo una porno que mi papá había alquilado.
En eso llego mi primita, y aunque no vio, no pude esconder la película o sacarla, solo apagar la tele.
La película seguía corriendo sin que me diera cuenta.
No recuerdo por que razón, tuve que ir a comprar al almacén de la esquina, y dejé a Noelia solita.
Cuando volví, estaba prendida de la porno, con los ojos grandotes e incluso su mano dentro del pantalón.
Se asustó un poco cuando la pille, pero continuó.
Me conto que miraba las revistas de su hermano a escondidas.
A mis ojos eso era lo que me faltaba.
Esa misma tarde, estábamos besándonos mientras veíamos la porno, y ambos con los pantalones abajo.
Mi verga era gigantesca al lado de esos labios vaginales tan cerraditos.
No hubo penetración pero si acabe sobre su conchita infantil.
Tener tiempo solos estaba difícil, por que yo comencé a trabajar.
Y aunque cuando podíamos, no mirábamos porno, ya si habíamos subido de nivel.
Ella algunas veces me llevaba una de las revistas porno de su hermano.
Le gustaba una en que un tipo musculoso se cogía a una chica pequeña. Le recordaba a nosotros.
Cada encuentro buscábamos lo mismo: que yo le meta mi verga.
Estaba muy cerradita y le dolía.
En cada intento, mi primita se sentaba sobre mi verga y ponía todo su peso. Pero sentía el puntazo desgarrador y se detenía.
Además, estábamos tan calientes que terminábamos acabando antes, al menos yo.
Fue en verano.
Noelia estaba cerca de sus 12, y yo ya era mayor de 18.
Estábamos en la playa, y yo no podía dejar de ver como la conchita y el culito de Noelia se comían su bikini un talle mas chico.
En un momento, me enviaron a comprar cosas a un almacén que estaba como a 1 kilometro de la playa.
Le hice una seña disimulada a Noe y esta se prendió.
En el camino, no aguantamos y nos metimos a un bosque apartado cerca de un rio.
Ahí ya había comenzado a chuparle las tetitas y la conchita.
Fue ahí que tuvo su primer orgasmo.
Se meo en la malla y sobre mi verga.
Aprovechando que estaba medio atontada, la sujeté fuerte y la senté sobre mi verga.
Su conchita ya no estaba dura y cerrada, estaba relajada.
Mi glande comenzó a abrirle los labios vaginales. Mi primita comenzó a quejarse un poco, pero yo no me detuve.
Yo era consciente de que mi verga adulta, podía lastimar una conchita infantil tan chica, cerradita.
Pero en ese momento, mi justificación era que se trataba de su culpa.
No era que mi tía olvido comprarle una malla de baño mas grande, y que Noelia estaba en pleno crecimiento, era que la putita de mi primita de 11 añitos, que aun no tenia su primer periodo, había estado calentándome toda la tarde, tragándose su bañador.
Para mi suerte, estábamos bastante alejados del camino por donde podría pasar personas, y el sonido del rio tapaba cualquier grito o gemido.
Su grito fue inmediato ni bien mi verga grande, enorme, venosa, se abrió camino a la fuerza en esos labios infantiles, enrojecidos. Mi verga entro hasta hacer tope con su pequeño útero.
Pude recordar el placer que sentí al desvirgar a mis primas, esa conchita apretada, ese calor intenso que parece derretirte la verga. El como las paredes vaginales te aprietan sin dejarte ir.
Se que mi primita grito de dolor, pero en mi mente no lo recuerdo.
Si que cuando ya estaba dentro de ella, moviéndola arriba y abajo, cerca de acabar, ella estaba llorando, pidiéndome que pare, que le dolía.
Yo estaba sacado, ido en calentura. Trate de aguantar todo lo que podía, para que no me pase lo mismo que con mi primita Carla, pero no hubo caos, estaba tan caliente y Noelia estaba tan apretada que seguí hasta acabar dentro de ella.
Se la deje adentro, y quedamos abrazados. Ella sollozaba, lloraba. Hacia esos hipos de cuando los infantes lloran demasiado.
Quedamos pegados un buen rato, por que mi verga no se bajaba aun, estaba enorme dentro de ella, y cuando intentaba sacarla a Noelia le dolía.
No se cuanto tiempo paso desde que comenzamos a coger, pero yo pensé que si tardamos mucho, iban a sospechar. Encima aun quedaba ir al almacén.
Ya cuando mi verga se bajo un poco, le advertí a Noe que le iba a quitar mi verga y que le iba a doler un poquito, pero que iba a hacerlo rápido asi le dolía menos.
Al sacar mi verga, se pudo escuchar el típico sonido de sopapa, el plop.
Cuando nos mire nuestros genitales, me dio muchísima impresión el ver si conchita tan, pero tan abierta. Recuerdo que incluso pensé “acaso la tengo tan enorme?”
De ese enorme agujero carnoso y enrojecido, salía un chorro de sangre y semen.
Incluso el agujero palpitaba con la respiración agitada de mi primita.
Mi verga por su parte, estaba enrojecida, ya no se si por la sangre virginal de Noe o por lo apretada que estaba adentro de ella.
Nos acercamos al arroyo para intentar lavarnos.
El agua fría a mi no me cayo bien, pero Noe, estaba afiebrada, y se sentó dentro del arroyo.
En un momento le corrí la malla, para ver cómo estaba su conchita y para mi sorpresa, aun estaba abierta. Ya no de manera monstruosa como antes, pero si seguía abierta, como rota.
Ahí comenzó a darme un poco de pánico, porque no podia dejar que la vieran asi.
Opte por dejarla descansando, mientras yo iba al almacén a comprar las cosas, pero en el camino no dejaba de estar asustado. Tanto pánico que tenia que se me olvidaron la mitad de las cosas.
Cuando volví, me encontré con que Noelia no estaba. El pánico era brutal.
Acaso se volvió llorando?
Al regresar con los demás, la vi ahí. Estaba sentada al lado de mi tía.
Yo pensé que aca se terminaba mi vida pero todo parecía normal.
Ahí me recriminaron por olvidarme las cosas y me mandaron de nuevo.
Le di un vistazo disimulado a Noe quien me hizo una seña de que todo estaba bien.
Eventualmente, me entere de que Noe le dijo a mi tía que por ir caminando encima de un tronco se cayó. De ahí que caminara adolorida.
— Eso te pasa por andar como chiva por todos lados— la reto mi tía.
El resto del día paso sin pena ni gloria, pero cada vez que yo miraba a Noelia, podía notar como la forma de su conchita había cambiado. Antes, sus labios se marcaban juntitos, cerraditos. Ahora se veían abiertos.
Pasaron unas semanas en que Noelia aun iba a mi casa, pero no hacíamos nada, no intentábamos nada.
Yo calcule que al igual que Carla, no querría saber mas nada conmigo.
Yo me sentía atormentado y caliente.
En mis pajas, repasaba una y otra vez el cuerpo de Noelia y como la había desvirgado, pero ya sin llanto. En mi fantasías, Noelia lo disfrutaba como una putita.
Fue un fin de semana en que yo estaba otra vez solo. No me iba bien por que me habían echado del trabajo. Lo típico de contratar gente joven, explotarla y luego echarla.
Mi mamá, cuidando a mi abuela.
En eso tocaron a la puerta y apareció mi tía con mi primita.
Venia a dejarla a mi casa, por que mi abuela, la madre de mi tía y mi mamá, había tenido una descompensación o algo asi y tuvieron que hospitalizarla.
— Que se porte bien y se acueste temprano, luego los llamo si hay noticias! — fueron las palabras de mi tía mientras se iba.
En ese momento no había pensado en el sexo, ya me había dado por vencido con Noelia, pero fue ella quien abrió su mochila, y de un bolsillo saco una página de la revista porno de su hermano.
Nos quedamos un segundo en silencio. El reloj de la cocina se escuchaba de fondo.
Después ella sacó una hoja de la mochila y me la extendió. Era una página de una revista porno, arrugada, con una esquina rota. En la foto un tipo grande, musculoso, estaba sentado en un sillón y una chica menudita, de cuerpo pequeño, lo montaba en cowgirl invertido.
(Me costó pero encontré la revista y la imagen y se las adjunto).
La chica lookeada como una nena, miraba a la cámara con la boca abierta y una expresión de picardía infantil.
Noelia me miró a los ojos. Tenía las mejillas un poco coloradas.
—Mi hermano la tiró a la basura. Yo la guardé. Siempre me gustó… porque me recuerdo a mí. Y a vos.
Sentí cómo se me apretaba el pecho. Me acerqué despacio.
Le toqué la mejilla con los dedos. Ella cerró los ojos un segundo y se inclinó hacia mi mano, como un gato que busca la caricia. Después me besó. Suave primero. Solo los labios. Después abrió un poco la boca y metió la lengua. Lenta. Profunda.
La tomé de la cintura estrecha y la acerqué más contra mí. Seguimos besándonos ahí mismo, en el living, sentados en el sillón grande. El beso se alargó.
Yo le acariciaba la espalda por debajo de la remera, sintiendo la piel suave, la columna fina. Ella se enganchó de mi cuello con sus bracitos.
Cuando por fin nos separamos un poco, los dos estábamos agitados. La recosté contra el respaldo del sillón. Me arrodillé frente a ella y le saqué la remera despacio, subiendo la tela centímetro a centímetro. Las tetitas chicas quedaron al aire, pezones rosados ya duros por el frescor del living. Me quedé un momento mirándolas. Después me agaché y le chupé uno. Suave al principio, solo con los labios. Después más fuerte. Pasé la lengua alrededor, lo succioné, lo mordisqueé apenas. Ella arqueó la espalda y soltó un gemido bajito, largo.
—Ahhh… primo…
Pasé al otro pezón. Lo mismo. Chupar, lamer, tirar un poco con los labios mientras mi mano libre le acariciaba la cintura. Sus manos se enredaron en mi pelo y me apretó un poco contra su pecho. Seguí un buen rato así, pasando de una teta a la otra, dejando la piel brillante de saliva. Después bajé.
Le saqué el short y la bombachita con cuidado. La conchita infantil estaba casi lampiña a no ser por un par de pelitos asomando. Sus labios eran rosaditos, suaves. Ya brillaban de humedad y estaban abiertos.
Yo había hecho eso, le había roto la conchita y desde entonces no se había cerrado. Me quedé un segundo mirándola, acariciándola un poco con los dedos. Después me agaché y la lami. Lenta. De abajo hacia arriba. Abrí los labios con los dedos y metí la lengua adentro, profunda. Ella tembló y abrió más las piernas.
—Mmmhh… qué rico…
La chupé despacio. Gemía bajito, agudo, contenido, como si tuviera miedo de que alguien la escuchara aunque estuviéramos solos. Cuando sentí que estaba al borde, que las piernas le temblaban, me detuve. Me subí otra vez y la besé, dejándole probarse a sí misma en mi boca. Ella me abrió el pantalón con dedos torpes, casi temblorosos. Saqué la pija. Ya estaba dura, gruesa, pesada, con una gota en la punta. Ella la miró un segundo, la tocó con la yema de los dedos, y después me miró a mí.
—Quiero… como en la foto. Acá. En el sillón.
Me senté en el sillón grande. Ella se dio vuelta, de espaldas a mí, y se acomodó a horcajadas sobre mis piernas. El culo chiquito quedó apoyado contra mi vientre. Al inicio dudo bastante, seguro recordando el dolor que le cause en la playa.
Después, tomó mi verga con las dos manos y la guio hasta la entrada.
Bajó despacio. La cabeza se hundió entre los labios, y poco a poco fue dejando caerse con su peso.
Luego del susto de la vez pasada, no quería romperla, así que me contuve. Fue fácil porque en ese momento no estaba tan caliente.
—Ahhh… ay… duele…
Se detuvo enseguida. Respiró agitada. Yo le agarré las caderas con cuidado, sin forzar nada, solo sosteniéndola. Ella bajó otro centímetro.
—Mmmff… ay, ay… todavía duele mucho…
Se quedó quieta, con apenas la cabeza adentro, temblando un poco. Yo me incliné hacia adelante, le besé la nuca, le pasé la lengua por el cuello, le chupé el lóbulo de la oreja. Mis manos subieron hasta las tetitas chicas y las apreté suave, jugando con los pezones mientras ella se acostumbraba al ardor.
—Despacio, Noe… no hay apuro. Estamos solos. Tenemos horas.
Ella asintió, respirando por la boca. Volvió a bajar. Otro poco. Otro gemido contenido, más quejoso:
—Ahh… ahh… me arde… esperá…
Paró otra vez. Yo seguía besándole la espalda, los hombros, el cuello, dejándole caricias lentas. Cada vez que bajaba un poco más soltaba un quejido suave, casi un lloriqueo:
—Ay… ay, Guille… duele… despacio…
— Esta todo en vos, yo me quedo quieto.
Cuando el ardor bajó un poco, ella empujó de nuevo. Centímetro a centímetro.
Hasta que por fin estuvo sentada del todo sobre mí. Mi verga gruesa enterrada hasta la mitad, dentro de su conchita apretada, caliente, todavía un poco tensa. Ella se quedó quieta un largo rato, solo respirando, con la frente apoyada hacia adelante. Yo le acariciaba el vientre plano, las tetitas, le dejaba besos en la nuca, en los hombros, en la oreja.
—Estoy adentro del todo… —le dije al oído—. Decime cuando quieras moverte.
Pasaron minutos. Ella solo respiraba y de vez en cuando soltaba un gemido bajito cuando mi pija latía adentro. Después, muy despacio, empezó a moverse.
Subía un poco y bajaba. La fricción era intensa. Cada vez que bajaba yo sentía cómo me apretaba. Ella gemía más que puteaba:
—Ahhh… primo… está gruesa… mmmhh… me rompe…
Yo le agarraba las caderas y la ayudaba, pero sin apurarla. Me inclinaba y le besaba la espalda, le chupaba la piel, le decía al oído lo bien que se sentía, lo mucho que la había extrañado, lo rica que estaba. Que la amaba.
Se lo solté sin dudarlo. Así era, estaba enamorado de mi primita.
Ella se movía cada vez un poco más seguro.
El dolor se iba transformando en otra cosa. Empezó a rebotar de verdad, con las manos apoyadas en mis rodillas, el culo chiquito subiendo y bajando sobre mi regazo. Yo le apretaba las tetitas desde atrás, le pellizcaba los pezones con cuidado, le mordía el hombro suave.
—Ahhh… sí… así… —gemía ella, más aguda—. Me gusta… qué rico… seguí…
La sentí frenarse, contraerse como si le doliera, como aguantando algo, y luego sentí como algo caliente recorría mis bolas. Noelia había eyaculado, se había orinado de la emoción del orgasmo. No fue mucho por suerte y mancho mi pantalón y calzoncillos en lugar del sillón.
La sentí apretarme de golpe, las paredes de su conchita contrayéndose alrededor de mi verga en oleadas fuertes. Soltó un gemido más largo, temblando toda, con la cabeza echada hacia atrás. Yo la sostuve mientras el orgasmo le pasaba, tratando de no acabar yo.
Después seguí moviéndola yo, levantándola y bajándola despacio sobre mi pija. Ella se dejó, todavía sensible, soltando gemidos cortos cada vez que la bajaba del todo.
—Otra… otra vez… ahhh… no pares…
En este punto ya no entraba a la mitad, sino que se la dejaba ir completa. Incluso a mi me sorprendió que le entrara toda mi verga. Yo ya era un tipo adulto, y ella seguía siendo una nena de 11 años.
Era el mejor sexo que había tenido hasta ese momento, estaba experimentando lo que era realmente tener sexo, y no mis experiencias pasadas en donde terminaba acabando ni bien la metía en una conchita.
Noelia volvió a acabar. Ya no largo sus jugos femeninos, no me mojo, pero si comenzó a temblar y a gemir. El cuerpo se le puso rígido un segundo y después se aflojó contra mí.
Tome la pagina que estaba a un costado, y se la mostré.
— Así nos vemos, mi amor.
Noe se giro un poco para poder besarme y yo la ayude.
Intento darse la vuelta con mi verga adentro pero eso nos dolió a ambos. Seguía estando muy apretada.
La hice pararse, ante lo cual volvió a sonar el típico ruido de sopapa.
—Déjame revisarte.
Lo hice y otra vez, era impresionante ver su conchita infantil tan pequeña, estirada y completamente abierta, con su vulva enrojecida. En este punto, eso comenzaba a calentarme.
Se saco su bombachita con motivos infantiles, y se sentó encima mío, montándome de frente.
Mi verga estaba dura y listo.
Ya no hizo falta luchar mucho, que le fue entrando completa.
—Ahh… ahh… primo… está gruesa… me encanta…
— Te amo, primita…
—Te amo primo. Te amo mucho. pongámonos de novios.
—Si mi amor, ahora y para siempre.
Comencé a ayudarle a seguir el ritmo de los movimientos, aunque ella ya lo hacía solita por intuición.
Me volví a prender de sus tetitas casi planas.
Luego comenzamos a besarnos en la boca.
Su lengua era torpe, pero rica.
Me llego uno de esos momentos de ser consciente del momento. Un silencio invadía la casa y solo se escuchaban nuestros gemidos ocasionales.
Ahí, comencé a mirarla a los ojos, y ella hizo lo mismo.
Eso nos puso a mil, y en nada ya respirábamos agitados, especialmente ella que no podía bajar la voz de lo que estaba sintiendo.
El dolor había cesado y solo quedaba el placer.
La agarre de su culito y comencé a moverla mejor, no solo adelante y atrás, sino también arriba y abajo.
—Ahh… ahh… primo…ahh… aaay… ahh…
Yo no aguanté mucho más. La jale hacia abajo, empujé hacia arriba y le vacié toda la leche de mis huevos. Chorros calientes, profundos, uno detrás del otro.
Ella gimió al sentirlo, un sonido largo y bajo, y se quedó quieta, sentada del todo, con mi verga todavía latiendo dentro de ella.
Nos quedamos así un buen rato, respirando agitados.
Ella se giró un poco la cabeza y me buscó la boca. Nos besamos lento, con lengua, sin apuro, todavía conectados. Cuando por fin se levantó, el semen le bajó un poco por el muslo interno. Se limpió con un pañuelo que había en la mesa ratona y se acurrucó contra mi pecho, todavía en el sillón, con las piernas encogidas.
No hablamos del hospital ni de la abuela ni de nada más. Solo nos quedamos abrazados, respirando juntos, con el olor a sexo todavía en el living.
Después de eso, hubieron más veces, e incluso unos cinco sustos de dejarla embarazada.
A ninguno de los dos nos gustaba coger con forro, y bueno, también ambos éramos medio inexpertos.
La cosa se fue al carajo, cuando toda la familia se entero de que mi prima Clotilde, estaba cogiendo con otro primo, Damian.
Peor, ella quedo embarazada presuntamente de nuestro primo, y perdió al bebé por embarazo ectópico o algo de eso.
Ya no era seguro juntarnos a coger con Noelia, y habían sospechas en todos lados.
Así que el ritmo fue decayendo.
Solíamos juntarnos a coger lejos de las casas, alejados de todos.
Una de las ultimas veces, tuvimos que hacer toda una mímica rara.
Una amiga de Noelia la ayudo, y a mi un amigo mío. Mi amigo sabia que me cogía a mi prima, por que el se cogía a su hermanita.
En el caso de la amiga de Noelia, se enojo con ella cuando se entero de que era para coger con un primo.
Fue la última vez que cogimos, y la quinta vez que nos asustamos de un posible embarazo.
Yo no deje de amarla y me rompió mucho el corazón cuando me enteré de que se puso de novia.
La resentí mucho y me enojé con ella. Incluso discutimos en una fiesta en donde me emborrache y casi le hago una escena de celos en frente de todos.
Es que además el pibe con el que estaba era bastante forro.
Nos distanciamos y unos años después, de otros novios, termino casándose con un tal Benjamín. Tuvo una nena muy hermosa que me hizo recordar a Noe cuando era chiquita.
Nunca la perdoné por abandonarme y mantuve la distancia siempre, mostrándome frio cada vez que la veía. Se notaba que le dolía, y eso a mi me reconfortaba un poco.
Con el tiempo, y al llegar a la adultez, se puso fea.
No se, hay mujeres que tienen rasgos fuertes, que de chiquitas se ven feítas, pero cuando crecen, esos rasgos las vuelven hermosas.
Con Noelia ocurrió a la inversa, cuando se volvió adulta, perdió sus facciones angelicales. La ultima vez que la vi, estaba decaída, hecha pelota, con algo de sobrepeso.
Aun así, guardo en mi corazón cuando era hermosa y estaba enamorado de ella, y cogíamos casi todos los días.

Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!