La rica curiosidad
Participando en el sexo con mis padres .
Curiosa partícipe del coito de mis padres.
Cuando no sabes qué tienen los hombres en la entrepierna para orinar, puede ser impactante la forma de descubrirlo pero ayuda a clarificar el futuro.
Como seguramente pasa con muchas niñas, yo dormí varias veces por delante de mi mamá en su misma cama, sentía su respiración cálida cerca de mi nuca, varias veces la oí gemir tímida pero rítmicamente, en mi espalda, sentía que con ese mismo ritmo ella se acercaba más a mí, parecía que me empujaba con cada respiración.
Eso duraba quizá unos 20 minutos, hasta que me dí cuenta que en cada ciclo del movimiento de mi mamá coincidía con movimientos firmes con los que mi papá la impulsaba hacia mí.
Ese ritmo de mi papá que incluía gemidos ahogados, seguros, de tono grave, incluían impulsos de sus manos apoyados en la cintura de mi mamá por detrás de mí, parecía intentar que mi mamá no me empujara más.
Una gran curiosidad me invadió por descubrir qué sucedía entre mi papá y mi mamá, no comprendía la razón de esa agitación tan rítmica, cuando al mismo tiempo, el rostro de mi papá estaba tan cerca de la mejilla de mi mamá, imposible que mi mamá escapara porque yo estaba delante de ella y era un obstáculo suficiente.
Extendí una de mis manos atrás de mí y hacia abajo para descubrir si algo sucedía con mi mamá. Toqué con mis manos su abdomen y continué. Sí, era diferente la sensación en mi mano, encontré humedad entre algo que parecía la misma boca de mi papá cuando me besaba con cariño y ternura, pero no eran los vellos ásperos de su bigote, ni tan cortos, eran más delgados y más abundantes.
Pero había otra diferencia muy notoria para mí, esos labios no estaban uno junto al otro, estaban obligadamente separados porque había algo más ahí más atrás, lo que los separaba tenía una textura firme pero cálida al tocarlo, como el aliento de mi papá al tocar, mis labios.
Tenía pequeñas protuberancias cuya extensión desordenada yo podía seguir con la punta de mis dedos y sin embargo no encontraba su final, al seguir la ruta de las protuberancias en sentido contrario al abdomen de mi papá, terminaba por encontrar la comisura labial y luego, nuevamente lo que me recordaba pero que no era, el bigote de mi papá.
Eso sí parecía algo cilíndrico, definitivamente rugoso, caliente y muy lubricado,los muslos de mi mamá no me permitían ir más atrás.
El movimiento rítmico se detuvo por instantes, mucho tiempo después deduje que mis padres habían sido sorprendidos por la exploración que yo estaba haciendo, pero la debilidad de mi papá a la pasión sexual le impedía parar.
En tanto yo descifraba lo que había encontrado, con cierto titubeo siguió el movimiento rítmico de la respiración de mis padres y esos gemidos ahogados que a su vez, coincidían con el desplazamiento de eso en medio de los labios que iban cubriendo sus protuberancias desordenadas para luego permitirles aparecer.
Un tanto confundida, decidí retirar mi mano y entonces los movimientos de mis padres continuaron ahora con mayor velocidad, decisión y firmeza.
El jadeo entró en crisis y arritmia, después de estremecerse llegó finalmente el silencio y la quietud, nuevamente fui víctima de la curiosidad, extendí de nuevo mi mano para indagar lo que habría pasado.
Por fortuna para mí, recorrí la misma ruta ya conocida sin embargo ahora intenté lentamente seguir las protuberancias y descubrí que se habían suavizado para llegar a un borde redondo que continué explorando, me pareció que semejaba a tocar por fuera la parte curva externa de una mitad de un pequeño durazno, pero más cálido, además de que encontré en la parte superior una pequeña ranura donde se acumulaba más humedad, o más bien, sería en donde surgía esa humedad.
Ahora sí, no tuve duda, no era solo humedad de agua sino de algo mucho más cremoso y caliente. Por alguna razón había sido derramado ahí. Me preocupé, ¿qué accidente pudo haber pasado? Tuve un poco de miedo y retiré mi mano de nuevo con movimiento lento.
Ya para mi privacidad quise saber si aquella humedad que traía aún impregnada en mis dedos tenía aroma, sabor o color, descubrí un aroma similar al cloro, sabor semidulce y quedó en duda su color porque todo esto había ocurrido a oscuras.
Mis papás tenían la equivocada idea de que dormir con ellos era intrascendente, especialmente irrelevante para mí.
De hecho, dormí con ellos muchas veces más, varias de ellas lo hacía en medio de ambos, dado que aún era yo pequeña, me acomodaba entre el pecho de mi papá y la espalda alta de mi mamá y, solía poner una de mis piernas sobre la cintura de mi mamá.
Una de esas veces, me había vencido el sueño en otra cama sin antes haber hecho pipí, previsiblemente me orine mientras dormía dejando totalmente incómodamente mojados mis calzones hasta que la molestia me despertó.
Me despojé de los calzones mojados y no tuve ánimos para buscar y ponerme otros secos y limpios, más bien me apeteció acudir a la cama de mis padres quienes me acogieron en medio de ambos y me quedé dormida de inmediato en mi posición favorita.
El apetito sexual de mi papá era intenso y esa noche, llegó a un estado de gran excitación, probablemente soñaba que cogía, despertó, restó importancia a mi presencia, sacó su pene de entre sus calzones y le bajó los suyos a mi mamá.
Previendo la estocada que vendría mi mamá hundió la cintura hacia adelante al mismo tiempo que echó sus nalgas hacia atrás, separó los muslos y, simultáneamente, mi papá dirigió su verga directo a la rajada de mi madre. Se dejó ir, sabía el punto exacto al que debía apuntar para penetrarla.
El primer piquete fue potente casi se lo metió todo, salvo porque mi presencia en medio de ambos le estorbó un poco, siguieron movimientos rítmicos de meter y sacar su pito.
Sus vigorosos movimientos me despertaron pero cegado por la pasión, no le importó tanto como para detenerse. Cautamente me quedé quieta, en silencio traté de descifrar lo que estaba ocurriendo.
Cuando empezaron los espasmos orgásmicos de mi papá, sentí temor, me moví sin ton ni son buscando seguridad y sin pretenderlo me hundí más bajo las cobijas, mi papá no detuvo su éxtasis, a medida que él llegaba al clímax, me encontré sintiendo el impacto de su vientre cercano a su ombligo, sobre mis nalgas, empujándome sobre las nalgas de mi mamá, algunas puntas de sus ásperos y rizados vellos púbicos me dejaban una sensación extraña en la parte anterior de mi vulva con mayor sensibilidad que el resto de mi piel.
Su pene se deslizaba cuan largo y grueso era por en medio de mi entrepierna alcanzando a penetrar a mi mamá quien echaba sus nalgas tan atrás como podía con el ansia de comerse un tramo más grande de pene.
Después de varios espasmos mi papá se vació y decidió sacar su pene del interior de mi mamá. Su verga aún estaba firme y en su movimiento lógico para alejarlo de la vagina de mi mamá, evidentemente contra la voluntad de ella, y recostarse boca arriba, por enmedio de mis muslos deslizó su verga mojada aún medianamente erecta apuntando a 45 grados de su propio ombligo.
Su glande,con su particular textura suave y algo de sus jugos seminales combinados con los de mi madre rozó mi vagina aún lampiña, dejando untados restos de esos jugos en mi labios vaginales.
No pude evitar sobresaltarme por la extraña y sorpresiva sensación aterciopelada, cálida y húmeda en una zona que acababa de descubrir cuán sensible me era.
Fue el momento de la revelación al menos al tacto, ese era el instrumento que los hombres tienen en su entrepierna, por eso su pantalón tiene bragueta, eso es lo que mi papá trata de encontrar a través de ella cuando va a orinar, por eso el chorro de orina es tubular puesto que ese instrumento también lo era, por ello no necesitaba sentarse sobre sus pantorrillas con los calzones abajo como mi mamá y yo, por ello podía lanzar el chorro de orina lejos de sí mismo, imaginé cuán divertido habría podido ser dibujar en el aire diferentes figuras con mi chorro de orina, como al parecer podía hacerlo mi papá con ese instrumento cuyas características visibles no distinguía en la oscuridad, o ganarle la competencia a otros niños lanzando el chorro de orina más lejos.
Sólo al tacto, había descubierto algunas de las características de ese apéndice con mi mano y mi entrepierna, pero debía aceptar que definitivamente esos juegos divertidos con mi orina jamás los podría experimentar, no tenía el instrumento para hacerlo.
Era claro que yo no tenía pene como mi papá, más bien, empezaba a asimilar mi semejanza con mi mamá .
Por el ímpetu con el que mi papá buscaba meterle su verga a mi mamá cabía la posibilidad de que otros hombres, con la suya, quisieran hacer lo mismo en ella, pero ella, seguramente tenía el poder de permitirlo o no, de elegir el pito que le gustara de los que no, o bien, probar tantos como quisiera, distinguir y disfrutar sus diferentes virtudes, pues seguramente, no todos los penes eran iguales. ¡Qué privilegio!.
Sonaba emocionante. Aún en la oscuridad, con esas experiencias, me resultaba cada vez más comprensible lo que solía pasar en la intimidad sexual de mis padres y lo que a mí, como mujer, me podría esperar en el futuro.

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