La Trampa de la Pared Húmeda
Mari y Fran se entregan a una tarde de pasión desenfrenada, pero la llegada inesperada de Carmen, hermana de Mari, los sorprende en pleno acto. Con Angélica y Mirta en camino, ¿podrán mantener su secreto a salvo?.
«Esto ha sido increíble», susurró Mari, besando el pecho sudado de Fran. «Pero creo que todavía nos quedan muchas tardes así antes de que Angélica sospeche algo». Él sonrió, sabiendo que había caído en la trampa más deliciosa de su vida, y volvió a besarla. Se dirigieron a la ducha, dejando que el agua caliente les resbalara por los cuerpos cansados. En el camino al dormitorio, Mari se detuvo abruptamente y lo empujó contra la pared. Subió una pierna, montando su polla de pie, gimiendo al sentir la dureza contra la pared fría mientras el agua de la ducha resbalaba por sus cuerpos. Duraron un rato follando pegados a la pared, los gemidos de Mari rebotando en las baldosas húmedas. Luego, con el miembro aún enterrado dentro de ella, Fran la llevó al cuarto.
Al entrar, Fran descubrió que Mari había preparado un conjunto de lencería negra y un vibrador en la mesita de noche. Ella le susurró que quería que la hiciera suya mientras lo usaba, mezclando el placer de la penetración con la estimulación adicional. Ya en la cama, Fran decidió tomar el control y le ordenó que se pusiera la lencería. Mari obedeció, deslizándose la tela negra sobre la piel húmeda. Él empezó a besarla por todo el cuerpo, desvistiéndola lentamente, chupando sus senos hasta dejar los pezones erectos y rojos, bajando a su pelvis y chupando su vagina con avidez. Luego se acomodó en un rico 69 para que ambos se dieran placer. Justamente en ese momento, Fran tomó el vibrador, lo encendió y empezó a estimular a Mari con él, mientras con sus labios chupaba el ano de ella. Mari soltó el pene de sus labios para dar un inmenso gemido, su cuerpo convulsionando por la doble sensación.
El teléfono de la casa de Mari comenzó a sonar. Eran ya las 4 de la tarde y llevaban 4 horas follando sin parar. Era Carmen, su hermana, preguntando cómo iba la clase. Mari, a cuatro patas, apenas podía articular palabra ante la estimulación que estaba recibiendo. Fran soltó el vibrador y comenzó a penetrarla nuevamente, cogiéndola en varias poses. «Ponte en cuatro para penetrarte como se lo hice ayer a tu hermana», le dijo, hundiéndose profundamente por detrás mientras le susurraba al oído lo puta que era y cómo le encantaba su culo perfecto. Las palabras sucias la hicieron correrse una vez más, su vagina apretando el miembro con fuerza. Luego, Fran empezó a cogerla por el culo mientras metía el vibrador en su vagina. Con ambos orificios llenos, Mari gemía y gruñía de placer, excitada mucho más. «No pares, sigue penetrándome hasta que más no pueda», le rogó.
Mientras tanto, Carmen, que no lograba que su hermana le contestara, decidió ir a la casa de Mari para ver qué pasaba. Como tenía llave, no tuvo que tocar para entrar. En diez minutos llegó, abrió el portón y caminó por el terreno hasta la puerta. Al acercarse, escuchó gemidos y quejidos que se hicieron más fuertes al entrar. Al asomarse al cuarto, vio a su hermana en cuatro, siendo penetrada por Fran con un vibrador en la vagina. La escena la dejó paralizada, pero la excitación recorrió su cuerpo al instante. Se quedó en la esquina del cuarto, observando cómo Fran tenía a Mari a su entera disposición.
Eran ya las 4:50 de la tarde y Fran llevaba 30 minutos más a Mari en cuatro, penetrándole el ano mientras su hermana veía la escena. Cuando fue a cambiarla de posición y ponerla de frente, Mari logró ver a Carmen. Ambas se miraron a los ojos. Mari vio a su hermana igual de excitada que ella el día anterior. Carmen le hizo señas de guardar silencio y que continuara. Fran empezó a penetrarla sentada en las piernas de él, de espaldas a la puerta donde estaba Carmen viendo la escena. Esto excitó mucho más a Mari, saber que su hermana observaba cómo la follaban. Tras 30 minutos más en esa pose, primero de frente a su hermana y luego sentada de espalda sobre el pene de Fran moviéndose en círculos, ambos estaban llegando al clímax. Justo en ese momento sonó el teléfono de Carmen. Fran, al correrse dentro de Mari, volteó y se encontró a Carmen con el mono que tenían puesto hasta las rodillas, masturbándose mientras veía cómo penetraban a su hermana. Mari, jadeando de placer, le dijo: «Dámela toda la lechita en mi vagina, que soy tu hembra a partir de hoy». Al recibir la última descarga, Mari se levantó de las piernas de Fran, con el semen de él corriéndole por las piernas, y le dijo a Carmen: «¿Disfrutaste la escena?». Carmen respondió que estuvo divino, que lo único que lamentó fue no haberse unido y recibir placer también. Fran contestó que eso se podía solucionar, que aún podía seguir un rato más y hacerles el amor a las dos al mismo tiempo.
Pero el teléfono de Carmen sonó de nuevo. Era su esposo; ya eran casi las 6 y le dijo que iba a dar una última vuelta para ir a casa de Mari a guardar el vehículo. Le dijo que Angélica y Mirta, la hija de Mari, estaban con él. Si quería, bajaba ya, ya que Angélica le había dicho al tío que su novio iba a estar ahí explicándole algo a Mari. Carmen le dijo que sí, que se veían allá, y colgó la llamada. Se volvió hacia Fran y le dijo: «Ese plan lo vamos a tener que dejar para otro día. Vayan a bañarse mientras yo les acomodo el reguero que hicieron, porque ya vienen para acá».



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