Mi hija, mi tentación.
Soy nuevo en esto es mi primera publicacion espero les guste.
(Cabe aclarar que esta historia es ficticia)
Hola, me presento. Me llamo Gustavo, tengo 30 años. Soy relativamente bajo, mido 1.68 cm; no soy guapo, pero tengo mi encanto. Tengo el pelo negro y una barba distinguida.
Los sucesos que voy a narrar pueden ser turbios, así que tengan mente abierta.
Todo comienza el día en que me divorcié de mi esposa, Cristina. Ella me dejó para irse a España con otro hombre. Eso me dejó devastado porque la amaba mucho. Encima de eso, tenemos una hija de 10 años llamada Emma y yo quería que se quedara conmigo, ya que ella es muy apegada a mí. Ella quiso quedarse conmigo, así que llegué a un acuerdo con mi ex: yo me iba a quedar con Emma hasta que fuera mayor de edad y pudiera irse a España con ella por un tiempo.
Estuve un poco bajoneado un tiempo, pero al menos tenía a mi hijita sobre mí. Es delgadita, pero con buen cuerpo, con unos limoncitos casi desarrollados y un culito firme.
Conseguí un empleo que me permitía trabajar desde casa de forma virtual, pero de vez en cuando me tocaba ir a la empresa presencialmente. Por mi trabajo, me pedían tener instalada la aplicación de Telegram, y así lo hice. Tenía mi propio despacho en casa, al cual le prohibí entrar a Emma, salvo en caso de una emergencia.
Justo un lunes por la tarde estaba atorado en el trabajo cuando mi hija tocó a la puerta.
Emma: ¿Hola, papi? ¿Puedo entrar?
Gustavo: Sí, claro, mi cielo, entra. Ella suele usar ropa holgada o floja y justo ese día tenía un top con un short corto.
Emma: Papi, tengo hambre, ¿podemos comer algo?
Gustavo: Sí, claro, vamos a comer algo. Pero primero, antes de que se me olvide, te tengo una sorpresa.
Emma comenzó a dar saltitos de alegría.
Emma: ¿Qué es, papi? ¿Qué es?
Gustavo: Estuve pensando en que tuvieras una herramienta para estudiar y comunicarte con tu mami, así que mi regalo para ti es una tablet.
Emma: ¡Gracias, gracias, papi! Corrió hacia mí y me dio un fuerte abrazo.
Gustavo: Con gusto. Tiene mi número, el de tu mamá y el de emergencias. Después de eso, nos fuimos a la cocina y preparamos algo de comer. Mientras comíamos, me puse a detallar a mi hija a fondo y me dije para mí mismo: «Wow, la verdad tiene un buen cuerpo para tener 10».
Gustavo: ¿Qué te parece si más tarde, cuando termine mi jornada, vemos una película?
Emma: Sí, me parece súper. ¿Qué películas veremos?
Gustavo: Más tarde lo hablaremos. Por ahora tengo que terminar de hacer unas cosas. Así que me puse a lavar los platos y miré cómo mi hija se iba hacia su cuarto con la tablet. Yo, por otro lado, me dispuse a seguir con el trabajo.
Pasadas algunas horas terminé de trabajar y llamé a Emma para ver la película. Cuando salió, llevaba puesto un pijama que era básicamente como una bata chica de tela casi transparente, y solo tenía puestos sus calzoncitos.
Emma: ¡Listo, papi! Vamos a ver la película. Encendí el televisor y obvio puse algo infantil. Nos sentamos en el sofá juntos, pero ella se acostó y puso su cabeza en mi pierna. Todo tranquilo, hasta que se acomodó y puso su cabeza casi tocando mi pene. Obviamente me contuve, pero después ella desplazó sus piernas y se le alcanzaba a ver un poco de su calzoncito blanco, y por alguna razón no podía dejar de mirar. Me distraje tanto que la película terminó.
Emma: Buenas noches, papi. Nos dimos un abrazo y le di un beso en la frente. El resto de la semana transcurrió con normalidad… bueno, casi. Mi hija siempre estaba con la tablet, escribiéndole a alguien y notaba un poco distraída.
Gustavo: Emma, tengo que ir al trabajo unas horas. Pero no tardo. Hay comida en la nevera.
Emma: Bueno, pa, te amo.
Gustavo: Yo también te amo.
Salí de casa de camino al trabajo; pedí un taxi. Cuando llegué a las oficinas, me encontré con un viejo amigo que también trabaja allí. Se llama Marcus y tiene 29 años.
Marcus: Oye, amigo, ¿qué tal? ¿Cómo te trata la vida?
Gustavo: Bien, ya he superado a mi ex y estoy listo para seguir. ¿Y tú cómo estás? ¿Qué tal tu hija Isa (Isabel es la hija de Marcus y tiene 11 años)?
Marcus: Yo estoy bien, gracias, no me puedo quejar. Y mi nenita está mejor que nunca. ¿Y tú, Emma? ¿Cómo está? Debe estar linda.
Gustavo: Sí, ella es muy linda. Amo esa niña.
Le mostré una foto desde mi celular. Noté que él miraba a mi hija de una manera extraña, pero no le di mucha importancia.
Marcus: Bien, tengo que irme a mi casa. Te veré pronto. Chocamos las palmas y cada quien se fue para su lado. Dejé unos informes en una de las oficinas, llené un formulario, sellé mi pase y me dispuse a volver a casa.
Cuando llegué, abrí la puerta y al entrar escuché voces del cuarto de mi hija. No le di importancia, pero cuando me asomé, no le daba crédito a lo que veían mis ojos: era ella, mi hijita, totalmente desnuda, acostada boca abajo, empinada, abriendo su culo, y su pequeña y tierna vagina…
Me puse a mil. Debí hacer algo, ¿pero qué debía? Entrar… debí decir algo, pero no lo hice; solo disfruté y no pude contener. Saqué mi pene de 19 cm que estaba rígido y empecé a jalarme el pene. Pero ella se bajó de la cama y se dirigió a su tablet y, con una voz muy bajita, le habló:
Emma: Te gusta. A mí encanta que me veas, mi chuchito. Se metió un dedo en su vagina lentamente, luego lo sacó y lo enseñó a la cámara. Estaba toda mojadita.
Emma: Me tengo que ir, pero que los disfrutes. Se agachó al lente y le lanzó un beso. Cogió la tablet y la apagó. Se dirigió a su armario y sacó unos pañitos para limpiarse.
Yo, sin hacer ruido, salí de la casa por la puerta principal y esperé afuera unos minutos. No lo podía creer; estaba confundido, pero excitado. A la vez, mi pene comenzaba a palpitar. Luego volví a entrar a la casa y estaba ella sentada en el sofá viendo la tele, como si nada. Llevaba su blusa de tiras y sus shorts.
Emma: Hola, papi. ¿Cómo estuvo tu día?
Gustavo: Estuvo bien, fue muy productivo. Me acerqué a ella y le di un beso en la frente.
Emma: Papi, ¿qué te pasa? Vistes algo lindo. Miré hacia abajo y claro, mi hija notó mi erección.
Gustavo: No, no para nada. Yo tengo que ir al despacho.
No supe qué más decir. Lo primero que hice fue meterme al baño a hacerme una paja. Cuando terminé, pensé con más claridad: por eso estaba distraída. Estaba hablando con alguien, pero posiblemente era un hombre. Tenía que saber más, así que aproveché que ella estaba distraída con la tele y revisé su tablet. Tenía contraseña, pero la adiviné fácil; era su fecha de cumpleaños. Entré y me metí a su galería y, madre santa, solo tenía dos videos y una foto. Uno de los videos era el que acababa de grabar, el que yo presencié. El otro video era como para no parar de hacerse pajas: ella masturbándose en el baño, con las piernas levantadas, con su sexo expuesto. Se comenzó a masturbar metiéndose sus dedos con una mano y con la otra tapando su boca, y todo terminó en un squirt. Y por último, la foto era ella, pero mostraba sus limoncitos.
Seguí investigando y… volví loco. ¿Qué cambiaría mi dinámica familiar con mi hija?
Continuará
Pd: no se cuanto tiempo me lleve pero terminare la historia en algún momento

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