Historias cortas 13, la cruda verdad
Un padre que tiene que decirle a su hija, la cruda verdad de la vida.
Nota del autor
hola a todos, retomo las historias cortas, tengo muchas y básicamente son situaciones o escenas que no desarrollo a más, solo son ideas que tengo, las escribo, no tienen principio ni fin, son solo un momento en la vida de alguien ficticio.
sin más espero que disfruten leerla, tanto como yo escribirla. No olviden comentar, eso es lo que más motiva a seguir escribiendo.
saludos, besos y abrazos.
adalberto1979
La cruda verdad
- Mmmggghhh… Mmmggghhh… Mmmggghhh—gemía mi esposa mientras yo la sujetaba con ambas manos de su nuca, para poder realizar una correcta cogida oral.
Quería mi verga muy dura, lo más que se pudiera, pues iba a afrontar algo muy difícil para mí, llevaba escasos 3 minutos, miraba hacia abajo como mi esposa a ojos cerrados y con sus manos en la espalda, recibía en su boca mis fuertes estocadas. Ella estaba hincada en la cama y yo de pie en la misma.
- Aaahhh—respiro mi esposa cuando le saqué mi verga, un puente de baba nos unió momentáneamente, mientras ella se separaba para mirarme a los ojos– ¿estás seguro de que es lo correcto?
- Si, mi amor, ella va a emprender una vida nueva y debe saber la cruda verdad—le dije sujetándola nuevamente de la nuca para meterle mi verga hasta el fondo, mientras apretaba mis dientes y fruncía mi entrecejo.
- Mmmggghhh… Mmmggghhh…
Nuevamente los sonidos guturales de mi esposa retumbaron en la habitación, movía muy intenso mis caderas, era una plena cogida oral, en todo el sentido de la expresión.
- Aaahhh—nuevamente deje respirar a mi esposa, liberándola de mi cogida oral, ella cayo en la cama y me miró seria—está bien, mi amor. Si crees que está lista para eso, adelante, ve y hazlo.
- Si—dije.
- Después de todo, tú nos metiste en este lío—me recordó mi esposa—la consentiste demasiado y la hiciste vivir en una burbuja, ahora depende de nosotros como va a afrontar su nueva etapa. Y tú le vas a decir la verdad, ya que es tu culpa que ella no la sepa aún.
Maldita sea, odio cuando mi esposa tiene la razón.
- Ahora entra ahí, a su habitación, y dile a nuestra pequeña niña la cruda verdad y ya no más andar con rodeos—me dijo mientras se acomodaba bajo las sábanas preparándose para dormir—Con su boda mañana, ya es hora de que lo sepa todo.
- Sí, querida—Bueno, ¿qué más podía objetar, cuando mi esposa está en lo correcto?
Con Darlene casándose con su primo Jaime mañana por la tarde, no habrá ninguna posibilidad para hablar con ella, pues el ajetreo de la boda, desde temprano por la mañana, no lo permitiría, mi mente estaría ocupada en que cada detalle del evento salga a la perfección y ella estaría ahí, acaparando toda la atención de los invitados, y no tendríamos tiempo de tener “la charla” que ella necesitaba.
Sé que a todos nos gustaría que nuestras pequeñas niñas permanezcan inocentes para siempre; que no crecieran, que fueran siempre esos capullos inocentes que se sorprenden de las cosas nuevas de la vida, que nunca se fueran, que siempre estuvieran contigo, aunque tristemente sepas que no puede ser así. Lamentablemente, yo era quien tenía que decírselo, no tenía sentido posponerlo para siempre.
Iba caminando desnudo por el pasillo, de mi verga colgaba un hilo de líquido preseminal, al dar cada paso, mi verga se balanceaba de un lado a otro dura como roca. Mientras caminaba, mi mente volaba a todos los hermosos momentos que vivimos con ella, recordaba cuando apagaba las velas de su cumpleaños, cerrando sus ojitos y pidiendo su deseo, abriendo los regalos de navidad, mostrándome su diente caído en su manita emocionada, sabiendo que vendría su recompensa del ratón de los dientes, corriendo emocionada por el patio, buscando los huevos de pascua.
Cuando llegué desnudo a su habitación, la miré, ella metía y sacaba dos deditos de su rajita, tenía los ojos cerrados y la boca entreabierta, sus labios se movían con desesperación, creo que estaba por llegar a su clímax.
Cerré la puerta y al hacerlo Darlene levantó la vista desde donde ella estaba acostada en la cama, jugando consigo misma, metiéndose deditos en su rajita, como matando el rato mientras me esperaba.
Maldita sea, se veía tan linda. La iba a extrañar una vez que se fuera de la casa con su nuevo marido, su primo de 33 años era realmente afortunado. De pie, miraba su cuerpo desnudo, tremendamente joven y sexy. El pequeño bulto en su barriga, de 4 meses de embarazo, apenas mostraba la llegada del niño que había precipitado la prisa de la boda a mediados de febrero, evitando que la boda coincidiera con el parto, para ese entonces, mi niña ya tendría los 13 años recién cumplidos. Yo la había embarazado a los 12 años, pero desde los nueve, manteníamos relaciones sexuales plenas y completas.
*****
Ningún agujero llego virgen a los 10 años, fueron eventos titánicos el lograr que ella soportara mi verga dentro de sus huecos. La boca fue el primero en estrenarse, después su culo y finalmente, por insistencia de ella, su vagina infantil. Gritó, lloró, sangró, pero cuando iba a retirarme al ver tanto sufrimiento, se molestó y me exigió que la siguiera penetrando.
- ¿por qué paras? –dijo fúrica, con toda la adrenalina de la cogida—sigue metiéndome la verga, no pares… aaahhh… dame fuerte, tengo que acostumbrarme… aaahhh… aaahhh… aaahhh…
Gimió intensamente cuando arremetí contra ella de forma bestial, si eso quería mi bebé, eso le daría, una cogida bestial como su primera vez, no importó más, pues su deseo de ser una mujer puta, le ganaron a las lágrimas y dolor de niña.
*****
Los ojos de Darlene se iluminaron al ver mi cuerpo desnudo.
- Papá—canturreó emocionada y coqueta, sentándose, apoyando sus manos atrás en la cama, su mirada de excitación se marcó más mirando mi verga erecta– ¿Eso es para mí?
Preguntó mirando con esperanza, mirando en mi verga hinchada y llena de baba de su madre. Cuando asentí en confirmación, Darlene me dio una sonrisa que me derritió el corazón.
- Si, bebé—dije avanzando hacia ella—es para ti, como cada noche desde hace mucho tiempo.
Se acostó nuevamente sobre su espalda, abrió las piernas y con una señal de su índice derecho, me invitó a la cama con ella, tal y Como lo ha hecho desde que cumplió nueve años y tuvo su primer período.
Maldita sea, iba a extrañar a mi pequeña niña; y también sabía que Darlene me iba a extrañar, Me acosté sobre ella, mi verga sola buscó la rajita apenas adolescente, mi glande se atoró en su muy húmedo introito, nos miramos a los ojos, pude sentir como su mirada se nubló en súplica, abriendo un poco su boca, empuje.
- Aaahhh
- Aaahhh
Ambos gemimos cuando mi verga se deslizó dentro de su cuerpo. Maldita sea, ¿por qué se siente tan bien tener tu verga enterrada en el pequeño y apretado hueco vaginal de tu bebé?
Darlene disfrutó sintiendo mi verga hinchada y chorreando líquido preseminal dentro de su pequeño y apretado vientre.
- Aaahhh—gemí sin poder evitarlo.
Sentí como su joven y apretado túnel ordeñaba mi verga por cada empujón que daba dentro de ella, en una demostración de la belleza de la procreación, de cómo se hacen los bebés. Sería imposible de duplicar de otra manera el placer que yo sentía en ese momento.
- Papi, aaahhh… aaahhh… aaahhh—gimió mi pequeña debajo de mí, cuando mis estocadas fueron incrementando la profundidad y la fuerza.
Traté de ser el mejor padre que una niña pudiera tener, consentida en todo lo que ella quisiera, y si quería que le enseñara como hacer bebés, jamás se lo negaría.
- Aaahhh… aaahhh—seguía gimiendo mi niña
Y con ese pensamiento, de jamás negarle algo, seguí bombeando dentro de ella
- Papi… aaahhh—abrió sus ojos enormemente.
De su boca escaparon ruidosos gemidos, mi esposa los escucharía, no sé qué haría con eso, si masturbarse o acurrucarse y dormir tranquila, sabiendo que yo estaba con ella, atendiéndola como se debía.
- Papi… más fuerte… más fuerte… si, así… más… hazme venir, no pares… aaahhh… aaahhh… aaahhh
- Si, bebé como mi niña quiera—dije yo acelerando.
- Papi, no quiero dejarte… aaahhh… no quiero irme de tu lado… aaahhh…–suplicaba mi pequeña retorciéndose debajo de mí.
- Ni yo, bebé. Te quiero siempre a mi lado y tenerte todos los días gimiendo tu orgasmo, Pero hija, tienes que hacer una vida por ti misma, nuestra nueva niña—dije tocando su vientre grávido—necesita una familia, un padre y una madre, así que ahora tendrás que ser una buena esposa y sobre todo una buena madre, sé que lo harás, porque buena hija ya lo eres.
- Aaahhh… aaahhh… aaahhh—gimió con mis palabras, eso y que aceleré más en su vagina.
Mi niña tuvo su orgasmo con mi verga taladrándole fuertemente su rajita. Enseñarle a una niña cómo se hacen los bebés, es mejor cuando le dejas tener tu propio bebé.
*****
Le demostré cuanto la amaba, plantándole mi semilla dentro de ella, escuché su gemido cuando eyaculé en ella, sabiendo que eran sus días fértiles, nos amábamos todo el día, mi mujer me recriminaba que la consentía mucho, pero era mi niña, mi tesoro, y si ella quería que me la cogiera todo el día, hasta dejarla preñada, así lo haría, tomaría fuerzas de no sé dónde y me la cogería todo el día.
Y así fue, un día llegó a mí, brincando emocionada, su falda escolar se levantaba a cada brinco que daba, mostraba su suave pantaleta infantil
- papi, tendremos un bebé tú y yo, me hiciste ser madre, no sabes cuanto te amo—dijo mostrándome la prueba de embarazo positiva, dos rayas rojas lo confirmaban, mi niña empezó a hacer un Puchero sin dejar de sonreír, la emoción de ser madre y sobre todo madre de mi hijo, la hizo llorar de felicidad—te amo, papi. No sabes cuanto te amo
Me abrazo con lágrimas en los ojos, me besó en todo el rostro y mientras lo hacía, desesperada, desabrochaba mi pantalón liberando mi verga, la tomó con su manita y haciendo a un lado su pantaleta infantil, se sentó en ella, bajando hasta tenerla toda dentro.
- Papi… aaahhh… me has hecho la niña más feliz del mundo… aaahhh… aaahhh… aaahhh…–empezó a subir y bajar fuertemente, lo quería salvaje, así lo necesitaba—fuerte papi, cógeme fuerte, jódeme con tu verga… aaahhh
La celebración de su embarazo fue tan intensa que al día siguiente no pudo ir a la escuela, dos razones había, la primera, no podía sentarse bien de lo hinchada que estaba, la segunda y más importante, quería seguir cogiendo conmigo, la mayoría de sus orgasmos, fueron gritando con lágrimas en sus ojos, mi esposa tuvo que ir a la farmacia a comprar cremas antinflamatorias y pastillas azules, pues no pensábamos parar en nuestro festejo.
*****
- Bebé, te amo—dije yo arremetiendo una y otra vez contra su rajita—pero tenemos que hablar de algo.
- Aaahhh… aaahhh… ¿de… aaahhh… de qué, papito? Aaahhh
- Sobre la vida…. Puff… puff—puje al empujar fuertemente—gggrrrhhh… gggrrrhhh
Gruñí mientras los primeros chorros dolorosos de presemen incestuoso salían disparados de la punta de mi verga hacía las cálidas y húmedas profundidades de la niña. Su vagina chupando, colaboró con esa exquisita sensación.
- Aaahhh, papi, te siento ¿estás eyaculando? –mi pequeña abrió sus ojos asombrada.
- No, bebé, es solo el previo, es solo el preseminal—dije yo sin dejar de bombear.
- Guau, se sintieron muy fuertes tus chorros—dije recibiendo una y otra vez mis arremetidas—te amo, papi… aaahhh
- Y yo a ti bebé.
Nuestras lenguas se enroscaron en un beso incestuoso, lamí toda su cara, mi verga seguía atacando sin piedad su rajita, me posesioné en la base de su cuello y chupé, sentí como mi niña apretó sus manos en mi espalda, casi encajó las uñas, sentí también sus espasmos musculares por todo su cuerpecito, pues mi boca le provocaba ese dolor agobiante que tanto le gustaba, mientras su vagina recibía mis fuertes estocadas.
- Aaahhh… aaahhh… aaahhh—gimió intensamente, sus piernitas temblaron bruscamente y sentí el tibio líquido que salió de su rajita, se orinaba en su orgasmo.
- Bebé…–dije yo titubeante, sin dejar de entrar en ella profundamente.
- ¿Sí, papá? –Darlene me respondió con una pregunta, siendo sacudida por mis caderas.
- Tu madre dice que es hora de que te cuente los verdad de la vida—dije empujando mi verga rápida y bruscamente dentro de ella—la cruda verdad
- Aaahhh—abrió sus ojos como platos, sus labios temblaban– ¿de qué… aaahhh… aaahhh… de qué… aaahhh… hablas? Aaahhh… aaahhh…
Un nuevo orgasmo se formó desde su útero hasta su cerebro, pues otra preciosa gota de semilla preseminal paternal salió de mi verga hacia lo profundo de su vientre. Un llanto quiso aflorar de mis ojos, pero fui fuerte, a pesar de eso, no pude evitar sentir lastima y tristeza inmensa de que tendría que irse de mi lado; pero un bebé necesita un padre; y su primo sería un buen padre para nuestra pequeña hija, así como un buen esposo para Darlene.
- ¿Qué quieres decir…? –preguntó Darlene; mirando hacia abajo, donde mi verga entraba y salía de ella de una forma muy intensa, su flexibilidad y lubricación extrema, facilitaban esa cópula incestuosa.
- Santa Claus, no existe—dije bruscamente, al mismo tiempo que mi verga le dio un intenso golpe a su grávida matriz.
- Aaahhh… ¿qué? Aaahhh…–sus ojitos se nublaron de preocupación, seguí bombeando dentro de ella.
- Lo siento, bebé… puff… puff—arremetí más intenso contra ella.
- Aaahhh… pero, papá… aaahhh… aaahhh… entonces ¿quién recibía las cartas? Aaahhh… aaahhh… ¿quién ponía los regalos en el pino? Aaahhh… aaahhh…
- Fui yo… puff… puff…–dije metiendo mi verga lo más profundo que podía—yo leía las cartas, te compraba lo que querías y mientras te cogía en tu cama, celebrando la navidad, tu madre ponía esos regalos en el pino navideño.
- Entonces ¿fuiste… aaahhh… tu? Aaahhh… aaahhh…
- Si, bebé… aaahhh… puff… lo hice porque te amo
- Aaahhh… aaahhh…–mi niña tembló al escuchar eso, lo mismo que su vagina, que se convirtió en un charco de agua, la besé con pasión, mi lengua entró en su boca, chupe sus labios, toda su boquita cabía en la mía, ella se separó un poco—aaahhh… papi… aaahhh… te amo… aaahhh…
Aceleré para facilitarte su orgasmo, una vez que lo tuvo, me detuve lentamente y así mismo la fui girando, mientras lo hice, nuestras lenguas se enroscaron en un beso prohibido, quedó boca debajo de mí, solté un chorro de saliva y esta cayó en su culo, mi verga estaba dura como roca, la tomé y puse mi glande en la entrada, empuje.
- Aaahhh… papi—mi niña gimió al mismo tiempo que apretaba las sábanas con sus manitas, 3 intentos bastaron para llegar hasta el fondo, mis huevos tocaron su vagina.
- Mi bebé—dije sacando casi toda mi verga para después moverme regresándola lentamente hasta el fondo—tengo que decirte que tampoco existe el ratón de los dientes
- ¿queeee? Aaahhh… aaahhh… aaahhh…–gritó mi niña y después gimió cuando aceleré—entonces… aaahhh… aaahhh… ¿quién ponía… aaahhh el dinero… aaahhh… bajo mi almohada? Aaahhh… aaahhh.
- Fui yo… puff… puff… si lo recuerdas, siempre que perdidas un diente te cogía con mi ropa puesta, pues en el pantalón llevaba las monedas. Mientras tenías tu orgasmo a ojos cerrados, las ponía bajo la almohada.
- Pero papi… aaahhh… aaahhh… ¿por qué me mentiste? Aaahhh… aaahhh… aaahhh…–no dejaba de darle estocadas en su culito infantil, pues pensaba que así sería más digerible la terrible verdad.
- Porque te amo—aceleré como loco al mismo tiempo llevé mi mano derecha por debajo de su cadera, la masturbé junto con mis fuertes estocadas en su culo infantil.
Eso dio resultados, sentí como mi mano se llenó del tibio líquido vesical, no podía desperdiciar ese líquido, con el máximo cuidado, saqué mi mano y así la llevé a la boca de mi pequeña, que al mirar lo que era, sonrió y absorbió todo, chupándolo con su boca, haciendo ruidos de absorción, después su lengua se encargó de la limpieza.
- Aaahhh… aaahhh… aaahhh…–gimió mi pequeña cuando volví a acelerar.
- Puff… puff…–levantaba mis caderas, sacando casi toda mi verga y después me dejaba caer intensamente.
- Papi, te amo… aaahhh… aaahhh… aaahhh—dijo mi pequeña siendo sacudida por mis fuertes estocadas en culo infantil—todo eso lo hiciste por mí… de verdad te amo… aaahhh
- Y yo a ti bebé, te amo mucho—aceleré como loco, como si eso fuera posible, sentí como mis huevos explotaron—me vengo, bebé, gggrrrhhh… gggrrrhhh…
- Papi, yo también… aaahhh… aaahhh… aaahhh…
Gritamos muy intenso los dos, un geiser espumoso emergió de mis huevos, de mis vesículas seminales y de mi próstata, para después salir fuertemente disparado a través de mi meato y se inyectó directo en su recto infantil, los dos liberamos lágrimas, sabíamos que eran los últimos momentos que tendríamos, antes de que ella fuera la mujer de otro.
Respirábamos agitados, caí a su lado todo sudoroso, ella también lo estaba, su culo se fue cerrando, haciendo ruidos raros, ella rio divertida escuchándolos, siempre reíamos de eso.
- ¿Papi? –preguntó mi niña abrazándome y subiendo su pierna a mi muslo, se veía pensativa.
- ¿Si bebé? –le acaricie el cabello tiernamente.
- ¿de verdad no existe papá Noel?
- No, mi amor
- ¿Ni el ratón de los dientes?
- No, bebé—besé su frente—Y tampoco hay Conejo de Pascua.
- ¿Queeee? —gritó enredándose, quedando sentada sobre una nalga, apoyando una mano sobre la cama, su mirada era de completa incredulidad—creo que ahí te equivocas.
- ¿Por qué, bebé? –dije mientras le acariciaba sus tetas desnudas.
- Perdón, papi, no quiero que te enojes, por favor, no te vayas a enojar conmigo.
- ¿Bebé? ¿Qué pasa? –pregunté al verla tan alterada, sus fosas nasales se elevaban a cada respiración, se notaba agitada, su cara roja marcaba lo avergonzada que estaba.
- El conejo de pascua si existe, cada año que vino a esconder los huevos de pascua, nos íbamos a la parte de atrás del jardín y cogíamos a tus espaldas—su cara se puso aún más roja, hizo pucheros—perdón. No te enojes conmigo.
La abracé y reí enternecido, era una niña muy inocente.
- Bebé ¿recuerdas alguna vez haber visto al conejo de pascua y a mí, juntos? –mi niña negó con la cabeza y tallo sus ojitos de los que asomaron unas lágrimas– ¿por qué crees que nunca estuvimos juntos?
Mi niña se me quedó mirando y se encogió de hombros.
- No lo sé, papi
- Porque el conejo de pascua y yo, somos la misma persona, me disfrace de conejo en cada pascua, solo para tu ilusión al verlo. Me sorprendió el día, que mientras escondía los huevos en la parte del fondo del jardín hayas aparecido, te acercaras, tomaras mi mano y la llevaras a tu entrepierna. Me tuve que quitar el guante para masturbarte, recuerdo que tuve que romper una parte del disfraz para poder meterte la verga. Yo también disfrute cada vez que cogimos en pascuas. Como intentabas no gritar teniendo tus orgasmos.
Ella se quedó pensando, sus ojos se iluminaron.
- Papi, entonces no te he engañado ¿Verdad? –dijo abalanzándose sobre mí.
- No, mi amor—dije atrapando sus nalgas cuando se sentó a horcajadas sobre mí—siempre has sido fiel a mí.
De hecho se había acostado con mi hermano, la compartí con gran amigo, haciéndole de todo, la doble penetración siempre culminó lo que hicimos, y también se la cogió mi sobrino, su primo, que quedo prendado de ella y en cuanto supo que estaba embarazada, no le importó que fuera mío, inmediatamente la pidió en matrimonio, ella también sentía algo por él, por eso aceptamos todos esa unión.
- Te amo, papi—se movió tallando su rajita mojada sobre mi verga aguada y babosa– ¿sabes? Ahora que me has dicho la verdad, estoy pensando algo.
- ¿Qué, mi bebé? –ponía mis manos en su cintura para guiarla en como tallarse sobre mi verga.
- Siento raro que me hayas dicho la verdad, pero también recuerdo como disfrute sentarme en santa Claus, en las monedas que había bajo mi cama por mis dientes caídos, en convivir con el conejo de pascua. Para mi eso fue muy real, aún no me creo que no existan, pero, si tú me lo dices entonces es verdad. Te repito, eso no quita todo lo que disfrute esos momentos.
- ¿si, bebé? –dije pellizcando sus pezones, mirando como ella abría su boca al sentirlo, movía sus caderas, era un cachondeo riquísimo, su mirada era de excitación.
- Si, papi, mucho y quiero que nuestra hija viva esa misma ilusión, que se siente en santa, pero sobre su verga; que aparezca el ratón de los dientes y le deje unas monedas por sus dientes caídos, pero después de cogérsela por todos lados, hasta hacerla gritar y llorar de placer; y obviamente al conejo de pascua también lo conocerá… aaahhh—gimió cuando empujé mi verga sobre su rajita, aunque creo que el imaginar lo que venía también colaboró.
- ¿sí? ¿eso quieres? –dije tallándola mas intenso, mi verga comenzaba a cobrar vida.
- Si, papi y quiero que seas tu quien me ayude a mantenerle esa ilusión.
- ¿seré yo quien…? –mi verga estaba dura de nuevo.
- Si, papi, solo un hombre puede hacerla vivir, lo que yo viví… aaahhh—gimió cuando sintió como me acomodé y le metí mi verga—tu lo harás, tu le harás de todo a nuestra hija… aaahhh… aaahhh… aaahhh… te la traeré cada fin de semana y le haremos de todo… aaahhh… se orinará en nuestras bocas… aaahhh… aaahhh… aaahhh… la emputeceremos juntos… aaahhh… será la niña más puta del mudo, me pondré un dildo y se lo meteré por el culo, mientras tú se lo haces por su panocha, la dejarás toda chupeteada, para que sepa lo que es coger con pasión… aaahhh
- ¿juntos lo haremos? –dije yo empujando hacia arriba.
- Si, papi, juntos lo haremos y será la niña más puta del mundo, la ataremos a la cama, para que después uses el cinto con ella, yo misma lo mojaré, para que le duela más, y mientras la cintarees, yo te mamaré la verga para que esté dura y después te la cojas por donde más le duela, así como lo hiciste conmigo… aaahhh… aaahhh… pero solo una condición… aaahhh…
- ¿Cuál, mi bebé? –dije yo empujando hacia arriba una y otra vez, me estaba elevando todo lo que me decía.
- Que le mantendremos su ilusión… de santa… aaahhh… del ratón de los dientes… aaahhh… y del conejo de pascua… aaahhh… especialmente de él… aaahhh… aaahhh… aaahhh… quiero que conozca todo lo que el conejo de pascua es capaz de hacerle… aaahhh… aaahhh… aaahhh… hacérselo tan delicioso, como el conejo me lo hizo a mí… aaahhh… aaahhh… aaahhh…
Se movió como loca y se vino como una desquiciada, sentí como su orina mojó mi pubis, se casaba mañana, iría muy desvelada, pero, sobre todo, muy inflamada de sus huecos, pero también, eso sí, muy feliz.
- Aaahhh… bebé, me vengo—dije yo descargándome en matriz grávida.
Si iría desvelada a su boda, pero muy feliz por la cogida que le iba a dar toda la noche, pero, sobre todo por el hermoso futuro que vendría.
Fin.


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