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Incestos en Familia, Orgias, Sexo con Madur@s

La historia de la familia de Mariam (Capítulo V)

Nuevo capítulo de este proyecto sobre la vida de una familia incestuosa que comparto con otros autores.

Después del largo y accidentado viaje desde su pueblo de origen, contado en el anterior capítulo, La historia de Mariam (capítulo IV) Mariam había encontrado a unos familiares con los que podría iniciar una nueva vida que asegurara la supervivencia y el desarrollo de sus nietos, que era lo más importante para ella, por ese instinto de transcender en el tiempo y perpetuar el linaje familiar.

Al principio despertó la lógica curiosidad del resto de la familia, que le preguntaban por su vida, y por los familiares que habían muerto, pero siempre buscando ese lado morboso en el que les encantaba incidir, y así fue como les confesó que sus dos nietos Faroud y Fátima, en realidad eran hijos de sus gemelos muertos Adana y Evelio:

—¡Ah! Qué gracia, tuviste a dos gemelos, que fueron los padres de tus nietos. Bueno, aquí tampoco es tan raro eso. Los niños tienen sexo desde pequeños, entre hermanos también, ya los has visto aquí y las niñas se quedan embarazadas muy pronto.

—Eso le pasó a mi hija Adana. En cuanto tuvo el periodo se quedó embarazada y cuando su padre se enteró entró en cólera, y a causa de ello, sucedieron los trágicos sucesos que me trajeron hasta aquí.

Estas conversaciones le servían a Mariam para conocer también esas costumbres sexuales de su nueva familia, y como todo eso ya venía desde tiempo atrás, como si fuera una especie de maldición o tradición familiar.

Mariam se fue integrando poco a poco con sus recién descubiertos parientes, ayudando a ello su especial receptividad para todo tipo de contacto sexual con ellos, lo que no supuso ningún trauma ni novedad para ella, ya que así había sido toda su vida, debido a la educación recibida desde su niñez, que era esa misma filosofía que imperaba en aquel lugar.

Para que sus nietos pudieran seguir alimentándose, se dispuso que una de las empleadas que había parido recientemente, pero que había perdido a su hijo, algo que sucedía con frecuencia, siguiera dando el pecho a los gemelos, para no desperdiciar su leche, por lo que se instaló en la casa para estar siempre a disposición de ellos, creándose un vínculo muy especial que los unió más, pero a la vez, ella también empezó a participar de esos encuentros sexuales con el resto de la familia, atraídos por sus grandes pechos llenos de leche, que eran ofrecidos a otros niños de la casa y a sus padres, cuando los gemelos se quedaban saciados y la leche seguía rebosando por esos grandes pezones.

Eso tampoco era tan extraño en las costumbres de la Granja, ya que esa relación con sus empleados y sus familias también era frecuente, para satisfacer los caprichos especiales de alguno de sus miembros, que algunas noches se llevaban a alguno de los niños a sus habitaciones.

Akila, una de las hijas del Patriarca, fue la que más le fue instruyendo sobre las costumbres y forma de vida que tenían allí, incidiendole en su colaboración para la iniciación sexual de todos los niños que nacieran en la familia. Ella ya tenía tres hijos y estaba embarazada del cuarto, que lo esperaba en dos meses, al igual que su hermana Sagira, más joven que ella, que recientemente había tenido gemelos también, lo que sorprendió a Mariam al comprobar la existencia de ese gen familiar.

Sagira le preguntaba si ya había empezado a estimular a sus nietos, a lo que Mariam le respondió:

—No, en realidad no he tenido tiempo para ello, ni la tranquilidad necesaria para entretenerme con ellos, ya que lo único que me preocupaba era que siguieran con vida en los tumultuosos meses que hemos tenido últimamente.

—Sí, lo entiendo, pero ahora deberás permitir que se vayan integrando con el resto de la familia. Ya no son unos bebés y se prestan a tener muchos juegos con ellos.

—En realidad ya han empezado a tener sus experiencias, porque en una de las casas donde trabajé antes de llegar aquí, había una señora mayor, Dña. Leocadia, que me los pedía para jugar con ellos en la cama, así que me imagino que todo esto no va a ser nuevo para ellos.

—Qué bien. Pronto podrán juntarse también con sus primos y divertirse entre ellos con sus juegos.

Sagira se refería al que llamaban “Cuarto de los niños”, en donde se reunían para jugar entre ellos, incluso con algunos de los hijos de sus empleadas, y evidentemente, esos juegos incluían el sexo, convirtiéndose en juegos de iniciación sexual entre ellos, en los que imitaban lo que veían a su alrededor, en su propia familia, y las prácticas que los adultos tenían con ellos.

Cuando Mariam estuvo más tranquila y asentada en su nuevo hogar, empezó a tener esas ganas por jugar con sus nietos, ya que habían crecido lo suficiente como para que ellos tuvieran su curiosidad, también y empezaran a disfrutar de todo eso. De este modo, le empezaba a comer la pollita a sus nieto Faroud, mientras Nabila, con quién compartía la habitación, los miraba muy excitada.

Nabila, era una de las hermanas del Patriarca, que se había quedado viuda hace unos años, y con sus hijos ya mayores, había recobrado una cierta independencia, pero no perdía oportunidad de seguir disfrutando del sexo cuando pudiera, así que, excitada por la imagen de Mariam lamiendo la pequeña polla de su nieto, empezó a masturbarse, hasta que le pidió permiso a la abuela para unirse ella también a disfrutar de su nieto, a lo que Mariam no puso inconveniente, cediendo su puesto a la viciosa mujer, que ya habría degustado algo parecido muchas veces en su vida.

Faroud se retorcía de gusto y llegó un momento en el que parecía que se ponía demasiado nervioso, incapaz de soportar todo ese placer, por lo que le dejaron descansar, y las dos mujeres se acabaron centrando en un sexo lésbico para terminar de desahogarse entre ellas. Mariam todavía era una mujer joven y hacía las delicias de la más madura Nabila, que a pesar de su edad, todavía tenía mucho que enseñar y gozar.

Nabila, a pesar de su aspecto avejentado, todavía no superaba los 50 años, pero debido a las condiciones de vida de esa época y la falta de cuidados, las mujeres después de alcanzar su máximo esplendor de belleza durante la adolescencia, los sucesivos embarazos, enfermedades y deterioro general de sus cuerpos, hacía que parecieran ancianas, pero todavía en una edad en la que su libido seguía muy alta.

Quizás debido a eso y a la alta mortalidad en los partos, se propiciaba que durante la niñez se aprovechara el tiempo al máximo y todo fuera desarrollándose de una forma más rápida, en cuanto al sexo y los demás aspectos de la vida.

Al terminar la sesión sexual, las dos mujeres se quedaron hablando de sus vidas, y Nabila le contó a Mariam como se había quedado embarazada de sus propios hijos, con los que había tenido nietos, y que explicaba, en parte, ese lío generacional producido por el incesto endémico de ese clan familiar.

De este modo, durante todas las noches, entre Nabila y Mariam continuaron estimulando el precoz desarrollo sexual de los gemelos, como una especie de preparación para su entrada en ese cuarto de los niños, en el que se relacionarían con los demás, en toda su dimensión.

Pero Faroud y Fátima también aprendieron a divertirse entre ellos, en ese entorno familiar que facilitaba todo tipo de estimulación sexual, algo que veía Mariam en esa casa todos los días, que no dejaban de sorprenderle, ya que todo lo que recordaba de su niñez, allí se producía en mayor medida y más variadas formas.

Igualmente, el sexo homosexual se daba de forma habitual y con normalidad, ya que al final, era sexo, sin más, y en esa familia los había especialmente aficionados a ello, al igual que sucedía en la de Mariam, por lo que estaba acostumbrada a presenciarlo en su familia, aunque quizás no con tanta frecuencia como se daba allí.

Fueron pasando los años y cada día era un aprendizaje nuevo para ella, como una vuelta a sus orígenes, por lo que estaba contenta de haber encontrado a esa parte de su familia que hacía años había emigrado a Egipto, buscando nuevas oportunidades para su prosperidad.

En la Granja había mucho trabajo para todos y durante el día estaban bastante ocupados, por lo que dejaban a los niños que todavía no podían trabajar, en ese cuarto, al cuidado de otra de las hermanas del Patriarca, que supervisaba que todo fuera bien entre ellos, y sobre todo, proteger a las más pequeñas de las penetraciones que quisieran hacerles los chicos mayores, durante esos juegos en los que a veces se excitaban demasiado, por lo que ella misma entraba en él, para ayudar a desahogarse a los chicos mayores y se quedaran más tranquilos hasta la llegada de la noche, en la que serían requeridos por los distintos miembros de la familia para divertirse con ellos o llevarlos a dormir hasta el día siguiente, como hacía el Patriarca, que podía elegir niñas o niños indistintamente para acompañarle en esas noches en su dormitorio.

En una ocasión, fue a visitarles Amir, uno de los hermanos del Patriarca, con su familia, que se había marchado siendo casi un niño a la capital para buscar un futuro mejor, como protegido de un adinerado artesano de joyería, llamado Mohamed, que se encaprichó de él, y por el que gracias a él, pudo formarse en leyes y haber hecho una pequeña fortuna.

Él sabía perfectamente como era su familia, pero ahora llevaba una vida “normal” junto a su esposa e hijos, sin esas prácticas licenciosas de su familia de origen, aunque reconocía que el joyero que le apadrinó, le había pervertido y que alguna aventura había tenido que le recordaba a su infancia, por lo que se había casado tarde, cuando Mohamed murió, que se casó con Soraya, la chica que cuidaba de la casa y hacía las tareas domésticas.

Para Soraya, ese matrimonio era la forma de conseguir una posición acomodada, y pasar de empleada a Señora, con sus propias empleadas a su servicio, por lo que no le importaba como fuera su marido ni los vicios que le habían enseñado durante su vida, aunque lo único que le pidió fue que respetara a sus hijos, con lo que Amir cumplió.

Cuando le presentaron a Mariam, él recordó que durante uno de sus viajes, había visitado a su familia, y le dijo:

—Recuerdo que erais varios hermanos, y tú posiblemente fueras la más pequeña, muy niña todavía, por lo que no sé si te acordarás de mí cuando os visité.

—Algo me acuerdo. Decían que eras un tío lejano y te quedaste a dormir allí.

—Sí, tu padre me puso a dormir con dos de tus hermanas mayores. Estuvo genial, pasamos una noche muy intensa, jeje.

—Claro, me imagino….. Como era la pequeña, mi padre estaba encaprichado conmigo, y siempre dormía con él, aunque muchos de los que nos visitaban también tenían sus juegos conmigo, cuando tenían ocasión.

—Cierto, recuerdo eso también, porque tu padre me dejó pasar un rato muy rico contigo. Él ciertamente fue muy generoso durante mi visita, porque me ofreció hasta a su mujer, pero con tantas niñas allí, no tuve tiempo para tanto….. Fue un gran anfitrión y nunca me olvidaré de esa visita que os hice.

—Él era así con todos…. Recuerdo que en esa época mi padre ya había empezado a follarme y te dio permiso para hacerlo, aunque creo que estuvo él presente para supervisarlo todo.

—Así fue, jaja. Me pareció un poco raro tener a tu padre ahí mirando, pero no iba a despreciar una oportunidad como esa de joder con una niña como tú.

—Pues ya ves, ahora ya soy abuela, y tengo al cuidado a mis dos nietos, que ya están creciendo mucho.

—Una abuela muy deseable todavía, como tu nieta, que ya está muy guapa, y el crío seguro que es el capricho de alguno, aparte de mis hermanas, que tanto disfrutan de esto.

Durante esta conversación, Soraya, la mujer de Amir escuchaba atentamente, y él la miraba, como con miedo de estar escandalilzándola, ya que ella no estaba acostumbrada a esas cosas, y aunque su marido ya le había contado algo, no es lo mismo que escuchar esas conversaciones tan crudas, y estar casi presenciándolo, como le iba a pasar en esa casa, por lo que ella le dijo:

—Estoy ruborizada por lo que estoy oyendo, pero aquí tendré que acostumbrarme a este tipo de cosas. Ya sabía como era la familia de mi marido —le decía a Mariam.

Nabila, que era casi de su edad, buscó una cierta complicidad con ella, y le dijo en voz baja:

—Claro que te acostumbrarás, antes de lo que piensas, y lo vas a disfrutar. Olvídate de tu marido y vente conmigo luego.

Soraya le sonrió, todavía con el rubor en sus mejillas, imaginando lo que le esperaba con esa mujer…., ya que ella no tenía mucha experiencia sexual, porque era huérfana y había sido acogida de niña por el pudiente hombre para estar a su servicio en la casa, pero como él era homosexual, a quién elegía para meter en su cama por las noches era a Amir en vez de a ella, por lo que había estado, en cierta forma, protegida de manos que pudieran corromperla, y el único sexo que había tenido había sido con su marido.

Amir y Soraya tenían tres hijos, dos niños empezando la adolescencia y una niña más pequeña, y Soraya temía por ellos, por lo que pudieran ver o hacer, pero Nabila intentó tranquilizarla, y le dijo que si querían podrían dormir con ellos y tenerlos separados de los demás, aunque ella quiso enseñarle primero el famoso cuarto de los niños, donde ellos podrían jugar y relacionarse con los demás niños de la familia, pero cuando llegaron y Soraya vio lo que pasaba allí, se horrorizó:

—¿Pero esto que es? Si están follando entre ellos, y a esa niña tan pequeña la están penetrando…..

A lo que Nabila le contestó:

—No es tan pequeña, mujer, llevan tiempo penetrándola. No pasa nada….

—Mi marido me había preparado para esto, pero no me esperaba algo así…..

A pesar de eso, Soraya se quedó allí, mirando lo que hacían esos niños, como hipnotizada, aunque también algo confusa, porque se dio cuenta de que se estaba excitando con lo que veía, algo que notó al instante Nabila, más experta en esas situaciones, que le dijo:

—Te está gustando lo que ves ¿no?

—No, no debería gustarme, pero sí…, no sé ni lo que siento ya. Todo esto me confunde…. Pienso en mis hijos….

—Jaja, es normal…. Tu cerebro necesita asimilarlo…. Mira, a veces nos metemos aquí con los niños, a jugar con ellos —le decía Nabila, que se reía divertida por el efecto que le estaba causando a esa mujer lo que estaba viendo.

—¿Si? ¡Uuufff! ¿Y como es eso…?

—Puedes probarlo, si quieres…..

—No, no debería.

—No deberías, pero te gustaría  —le dijo Nabila, adivinando sus deseos.

Ante la falta de respuesta de Soraya, la pervertida mujer le dijo:

—Anda, ven conmigo, entremos juntas…..

Como hipnotizada, la visitante entró en ese cuarto mirando a su alrededor a todos los niños y niñas desnudas que se movían por allí o se daban placer entre ellos, y una especie de vértigo invadió su cuerpo cuando la rodearon y le dijeron que debía quitarse la ropa para estar todos igual, y sin saber como lo hizo, dejó su desnudez a la vista de esos chicos que empezaron a tocarle las tetas y todo su cuerpo, haciéndole sentir sus manos y sus bocas en las zonas más íntimas, lo que la dejaron a su merced, aunque ella también empezó a reaccionar, tocando esas pollitas duras y respondiendo a esos besos hasta encenderse totalmente, tomando la iniciativa para empezar a chupar, masturbar y gozar de todo eso que se le ofrecía, incluidas las niñas, que también participaban de ese festín, como si fueran una manada de hienas devorando su cuerpo.

Uno de los chicos, se puso entre sus piernas y empezó a penetrarla, despacio al principio, pero aumentando su ritmo después, y a pesar de que esas pollas no eran muy grandes, ella las disfrutó con una gran morbosidad, haciéndole gemir de una forma que nunca imaginaría que pudiera pasarle, por lo que apenas se daba cuenta de como un chico se salía y entraba otro en su coño, hasta hacerla correrse de un modo que su vagina palpitaba como si le dieran corrientes eléctricas.

Nabila presenciaba todo eso muy excitada hasta que Soraya se quedó casi desmayada por toda esa impresión que había tenido, pero cuando recobró la consciencia, se sintió avergonzada y quiso salir de allí, por lo que Nabila la acompañó para que se relajara y hacerle ver que lo que había pasado era en cierta forma normal, y que si lo había disfrutado no había sido nada malo para ella ni para los niños.

Al final Soraya se recompuso y Nabila la llevó de vuelta junto a su marido y sus hijos para que pudieran descansar en una de las habitaciones.

Al verla, su marido le preguntó:

—¿Donde estabas?

—Nabila me estaba enseñando el resto de la casa y todas las estancias que tiene.

—Sí, es una casa muy grande, pero es que aquí vive mucha gente. Somos muchos de familia —le dijo Amir, sin imaginarse la situación por la que había pasado su mujer.

Al día siguiente, Soraya pudo conversar con Mariam, y le contó lo que había pasado en ese cuarto de los niños, que tan turbada la había tenido toda la noche en la que apenas había podido dormir pensando en todo ello.

—A mí también me sorprendió cuando llegué a esta casa, pero creo que es una buena forma de tener entretenidos a los niños —le dijo Mariam.

—¿Entretenidos….? ¿De esa forma….? Pero si algunos son hermanos —le dijo Nabila—, follando entre ellos —todavía costándole asimilar todo eso.

—En esta familia es habitual eso, ya te lo contaría tu marido. Mis nietos ya lo hacen desde pequeños y ya han empezado a entrar en ese cuarto, con los demás.

—¡Qué barbaridad! Lo siento, pero es lo que pienso….. No me imagino a mis hijos teniendo sexo entre ellos….

—Pero a pesar de pensar eso, ayer lo disfrutaste —le reprochó Mariam.

—Cierto, es lo que me tiene más confundida, y no he podido ni confesárselo a mi marido.

—Deberías hacerlo. Él seguro que lo entiende, e incluso se va a alegrar de que haya sucedido eso, porque se va a liberar y se va a abrir una nueva etapa entre vosotros.

—¡Puufff! Mi cabeza no para de dar vueltas pensando en lo que ha pasado…..

—Lo que tienes que hacer es dejarte llevar y disfrutar de estos días que vais a pasar aquí. Seguro que tienes ganas de repetir lo de anoche y de hacer muchas cosas más…..

—Tengo que reconocer que es así, no sé que me pasa, pero no puedo quitármelo de la cabeza —le decía Soraya, todavía en shock por la experiencia vivida..

—Te entiendo muy bien. Yo cuando llegué aquí, a pesar de ser de la familia y haberlo vivido en mi niñez, también me costó asimilar algunas cosas….. Aquí son muchos de familia y todo es a lo grande, jaja.

—Ya veo. No soy tonta y sabía que estas cosas existían, pero suponía que pasaba en las familia de los Reyes o de los ricos, que se pueden permitir todos estos vicios….

—¡Ay, amiga! El sexo es gratis y todos se lo pueden permitir. Si fueras a los barracones donde viven los empleados de la Granja, verías esto y más….

—¡Ah! ¿Si? Vaya…. Este viaje va a cambiar mi vida totalmente…..

—Claro, Yo cuando llegué aquí, dormía allí y vi de todo durante las noches, no te puedes imaginar….

—¡Uuufff! Lo pienso…. Y tengo miedo de convertirme en una viciosa y una pervertida, como todos vosotros…..

—Bueno, jaja, gracias por el piropo —le dijo Mariam con ironía.

—Lo siento, no quería decir eso….

—No pasa nada, es la verdad…. —le dijo, resignada.

—¿Donde estará mi marido? —se preguntó Soraya.

—Ven, creo que ya sé donde puede estar.

Soraya vio sorprendida como Mariam la llevaba de nuevo al Cuarto de los niños, y más sorprendida se quedó al ver a su marido, allí, en plena faena con esos críos.

—¡Amir…..! ¿Qué haces?

—Pues lo que hiciste tú ayer… —al parecer, ya le había llegado esa información.

—¡Ay!, que vergüenza…. Lo siento.

—Anda, déjate de sentir tanto las cosas y entra aquí conmigo  —le dijo su marido, sabiendo que lo estaba deseando.

Y siguió diciéndole:

—Este cuarto no existía cuando yo vivía aquí, aunque hacíamos todas estas cosas igual; pero era más caótico todo. Mi hermano tuvo una gran idea al crear este cuarto, porque está todo mucho más organizado y todos saben donde pueden venir, aparte de lo que cada uno haga por su cuenta, claro.

Soraya se juntó con su marido, y por primera vez en su vida, empezaron a disfrutar juntos de ese sexo pervertido que ella se había negado, aunque sabía que para Amir no era algo nuevo, y él se centraba especialmente en los chicos, porque aunque era bisexual, Mohamed le había enviciado con ese tipo de sexo, al que ahora no podía acceder tan fácilmente, y le decía:

—Mira, prueba esta pollita, está deliciosa… A ver si le sacas el zumito.

Soraya le hizo caso a su marido y se puso a mamar esa polla que le ofrecía, excitándose de una manera que estaba como fuera de sí, y exclamaba:

—¡Ay, que rico! Me encantan estos críos… Ahora entiendo por qué disfrutabas tú tanto con ellos, cuando Mohamed los llevaba a casa para gozarlos entre los dos.

—Sí, eso era cuando Mohamed era ya mayor, y lo echaba de menos, porque yo era ya un hombre, también.

—Yo no quería meterme en esas cosas, y casi ni sabía lo que hacíais, porque me parecía normal.

—Lo sé. Tú siempre fuiste muy inocente para esas cosas, pero era porque Mohamed te tenía muy protegida, y creo que ninguna vez llegó a tocarte, aunque a él también le gustaban las niñas.

—Así fue. No sé por qué me cogió tanto cariño. Hasta llegué a pensar que quizás fuera hija de él, por su forma de tratarme, pero eso nunca lo supe.

—Bueno, tengo que confesarte algo. En realidad Mohamed me lo confesó en una ocasión, cuando acabó enfermo y se iba a morir. Me dijo que eras su hija y que le gustaría que yo me casase contigo. Perdona por no habértelo dicho nunca, pero él me lo pidió.

—¡Madre mía! No sé por qué no me sorprende….. ¿Y quién era mi madre?  —le preguntó Soraya, sobresaltada.

—Él me dijo que fue una chica joven, vecina de él, que le sedujo, y la dejó embarazada, pero luego su familia la obligó a abandonarte y se marcharon de allí. Por eso Mohamed te recogió para ocuparse de ti.

—He estado toda la vida engañada, sin saber quienes eran mis padres —dijo abrumada.

—Mohamed, aunque nunca te lo dijera, fue un buen padre para ti. Tú misma lo reconoces, que siempre te trató como a una hija.

—Es verdad, era un buen hombre. Nosotros fuimos como sus hijos y a los dos nos quiso mucho.

Ese cuarto de los niños había sido un curioso lugar para hacerse esas confidencias entre ellos, pero como había dicho Soraya, la visita a la familia de Amir, las experiencias que estaba teniendo y de lo que se estaba enterando, iban a cambiar su vida para siempre.

Luego de esa charla, continuaron disfrutando de la morbosidad de ese lugar, y teniendo todas esas prácticas que ella, desde luego, nunca hubiera imaginado, y más, tenerlas junto a su marido, al que pudo ver por primera vez como disfrutaba con esos críos que compartía con ella y como su polla penetraba a unas niñas que ella nunca pensó que pudieran gozar de esa manera a pesar de sus edades…..

Todo eso era inevitable que la tuviera como trastornada, sin saber realmente como era ella, todos esos deseos que había tenido ocultos o reprimidos y como sería su vida a partir de ese momento, por lo que al salir de allí, Amir se atrevió a preguntarle a su mujer:

—Después de todo esto, ¿te vas a replantear la relación con nuestros hijos?

Soraya se vio sorprendida por esa pregunta y se quedó mirándole sin saber que responder, lo que Amir entendió como un avance importante, en el sentido de que ella pudiera ceder y olvidar esa promesa que le había hecho cumplir, algo que obligó a Soraya a hablar de ese tema con Mariam, para que le aconsejara sobre ello, ya que sus dudas sobre todo eso en lo que creía tener tantas certezas, cada vez eran mayores.

—Estoy preocupada por mis hijos. Desde que estamos aquí están viendo algunas cosas, y me están preguntando…. —le dijo Soraya.

—Es normal, aquí es difícil ocultarles lo que pasa. No puedes tenerlos aislados todo el tiempo, tienen que relacionarse con sus familiares.

—¿Que vayan al cuarto de los niños, quieres decir?

—Tarde o temprano lo descubrirán y tendrán curiosidad….. Tus hijos están en una edad que ya necesitan desahogarse y las niñas son más precoces y empiezan antes.

—Es que me cuesta imaginármelos así…, quiero decir, como los niños de esta casa.

—Bueno, mujer, tú ahora has descubierto unas cosas que han cambiado tu forma de pensar. Deberías hablarlo con tu marido y ser sinceros el uno con el otro.

—Mi marido lo que quiere es poner a sus hijos a mamarle la polla, como hacía Mohamed con él, y follar a la niña, como hace con las de aquí.

—A ver, ¿a ti no te gustaría compartir todo eso con tu marido? Dime la verdad….

—La verdad es que sí, y no entiendo como puedo desearlo. Es lo que me tiene más desconcertada.

—Lo que te pasa es que te has desbloqueado, ahora tus deseos fluyen libremente. Puedo entenderte, y aunque en mi caso, desde niña ya viví todo esto, en mi vida he ido evolucionando continuamente, adaptándome a las nuevas circunstancias. El viaje que hice desde mi pueblo natal hasta aquí, fue toda una experiencia de vida, en el que aprendí muchas cosas, a pesar de toda mi experiencia.

—La verdad es que os admiro, por vivir de esta forma, y por la forma que tuviste de sacar a tus nietos adelante. Tengo mucho que aprender de todos vosotros y creo que no tengo a mejor maestro en todo esto que a mi marido.

—Exactamente. Déjate guiar por él y llevaréis a vuestra familia a un nuevo grado de felicidad que no conocías hasta ahora.

—Gracias. Me has ayudado mucho y se han aclarado mis ideas. Tienes razón, tengo que atreverme a explorar esta nueva vida.

De este modo, esa misma noche, en la habitación de Amir y Soraya empezaron a cambiar muchas cosas. Hablaron de todo y empezaron a tener sus primeros juegos con sus hijos, que estaban muy sorprendidos con lo que estaba pasando, pero a la vez muy receptivos con esas primeras experiencias, porque ya habían visto en esa casa más cosas que en toda su vida, y quienes mejor que sus padres para iniciarles en algo tan íntimo y personal como es el sexo, como era la tradición en esa familia a la que al final pertenecían.

La niña alcanzó sus primeros orgasmos y los chicos se entusiasmaron con el morbo de disfrutar de su propia madre, y de su padre, que les empezó a enseñar que en el sexo no hay distinciones y que solo se trata de buscar el placer, sea con quién sea.

Los siguientes días, los hijos de Amir y Soraya pudieron descubrir ese famoso cuarto de los niños y experimentar todo lo que les ofrecía un lugar como ese, aparte de otras experiencias con miembros de la familia, incluido el Patriarca, que le pidió a su hermano Amir, que le dejara un rato a su hija, para cumplir ese protocolo de que todas las niñas de la familia tenían que pasar por él.

Los nietos gemelos de Mariam, a pesar de su corta edad, habían crecido en este entorno familiar de sexo sin límites, con esa iniciación social que se producía en el cuarto de los niños, aunque ya tuvieran sus contactos con otros familiares, vecinos o criados, en una dinámica muy parecida al resto de los miembros de la familia.

Pero cuando los gemelos iban a cumplir los seis años, un nuevo hecho trágico cambiaría sus vidas. Su abuela Mariam contrajo una enfermedad que se llevó su vida, como tantas veces sucedía en esa época, sin que nada pudiese hacerse.

Sus nietos, de pronto, se quedaron desamparados, aunque esta vez tenían una gran familia a su alrededor, y aunque Nabila, en principio se hizo cargo de ellos, todos estaban muy pendientes de su bienestar, lo que a su vez hacía que ellos también estuvieran a disposición del resto de la familia para disfrutar con ellos lo que les apeteciera.

Y como a Nabila le gustaba especialmente pasar las noche junto a Faroud, nunca ponía inconvenientes cuando alguien le solicitaba a Fátima para dormir con ella, ya que de esta forma conseguía separar a los gemelos, que estaban muy unidos y preferían dormir juntos.

La perversidad de la hermana del Patriarca hizo que Faroud aprendiera todas las formas de satisfacer a una mujer, aún a su edad, en la que no podría complacerla como un hombre o un chico de mayor edad, pero sus nuevas habilidades hicieron que su compañía fuera solicitada por otras mujeres maduras de la familia, que también se lo llevaban a su cuarto para disfrutarlo, incluso en compañía de sus maridos, si estaban casadas.

En esas condiciones, los gemelos iban a tener un aprendizaje acelerado, que incluía su entrada en el cuarto de los niños, que les prepararía para todo tipo de relaciones entre ellos y con los demás.

Pero cuando Fátima empezó a tener las primeras menstruaciones, el riesgo de embarazos era evidente, algo que parecía no preocupar en exceso a los que se relacionaban con ella para satisfacerse, incluida su nueva protectora Nabila, la que a pesar de todo, intentaba aconsejar a la niña para evitar ser preñada por todas las pollas que depositaban su semen en ella, sobre todo la de su hermano Faroud, con el que tanto le gustaba compartir el sexo, quizás porque era con el mejor se entendía y podía disfrutar más libremente.

Así llegaron sus primeros embarazos, que no llegaron a término o se malograban al avanzar su estado de gestación, debido a su corta edad, y a que seguía siendo follada sin ningún cuidado, como tantas veces ocurría.

En esa época, era normal que varios comerciantes de diversos productos, recorrieran las ciudades y se detuvieran en las granjas más pobladas, para ofrecer sus géneros, haciendo noche donde podían y donde se les ofrecía hospedaje.

Uno de ellos, llamado Khalid, ya era conocido por la familia, aunque hacía tiempo que no pasaba por esa granja, pero si conocía las costumbres del lugar y siempre se le ofrecía un buen trato por parte del Patriarca, que como parte del negocio que tenían entre ellos, le daba a elegir alguna de las niñas de la familia, que eran la debilidad de Khalid, para pasar la noche.

Cuando vio a Fátima, era ya una preciosa adolescente que iba a cumplir los trece años, y se quedó prendado de ella, no dudando en elegirla para llevarla a su cama, aunque el Patriarca le advirtió que ya tenía la menstruación y que tuviera cuidado para no preñarla, ya que en otras ocasiones, las había preferido más impúberes.

El comerciante debió de pasar una noche inolvidable con Fátima, porque a la mañana siguiente fue a pedírsela en matrimonio al Patriarca, pero que se la reservara para llevársela en el viaje de vuelta. Todo se formalizó en un compromiso por las dos partes, sin pensar en que seguramente su abuela difunta no aprobaría ese matrimonio tan temprano de su nieta.

El caso es que todo eso complicó un poco la estancia de los gemelos en esa casa, ya que el Patriarca convirtió a su hermana Nabila en la responsable de que Fátima no se embarazara durante ese periodo de tiempo, hasta que Khalid volviera a recogerla para casarse con ella.

Eso generó bastantes conflictos, porque los gemelos se habían acostumbrado a un tipo de vida en esa casa, que ahora no podrían llevar, ya que el Patriarca debía de cumplir su compromiso con su amigo Khalid y estaba muy pendiente de que Fátima no tuviera sexo con nadie de la casa ni de fuera, lo que provocó sus protestas, generando una tensión en la casa que enturbió la buena relación que había habido desde su llegada, pero ahora estaba en juego el honor de la familia, y un porvenir más próspero, si un comerciante rico como Khalid se casaba con un miembro de la familia como Fátima.

Al final, acordaron que Fátima pudiera seguir durmiendo con su hermano Faroud, como habían hecho hasta ahora, tras una conversación de Nabila con ellos y con el Patriarca, en la que consiguieron el compromiso del chico para no penetrar a su hermana por la vagina, a pesar de que siguieran teniendo sexo, para calmar en cierta forma, las necesidades de ella hasta la llegada de su futuro marido.

Cuando Nabila veía a los nietos de Mariam tener sexo, tenía que asegurarse de que las penetraciones fueran anales, o tuvieran sexo oral, pero como no podía estar todo el día y toda la noche pendiente de ellos, al final, Fátima reclamaba a su hermano que la follara por el coño, lo que él hacía encantado, pero intentaba correrse fuera de ella.

Para evitar más riesgos, Nabila solía llevar a Faroud a dormir con ella, pero a la vez, no podía perder de vista a su hermana, así que lo que hacía era llevárselos a los dos, por lo que como Fátima se calentaba viéndolos tener sexo, tenían que complacerla a ella igualmente, pero sin las penetraciones vaginales de su hermano.

A pesar de todas esas prevenciones, Fátima se quedó embarazada, y debido a las restricciones sexuales a la que había sido sometida, era evidente que el hijo que esperaba era de su hermano, lo que ocasionó nuevas desavenencias entre el Patriarca y su hermana Nabila, por no haberse ocupado de las obligaciones encomendadas, pero ella se había dejado llevar por su morbo, y ya fuera en su presencia o no, en algún momento, o muchos momentos, Faroud habría acabado corriéndose en la vagina de su hermana.

Así fueron pasando los meses, esperando la llegada de Khalid, en los que Fátima fue especialmente cuidada para que tuviera un buen aspecto a la llegada de su futuro marido, por lo que había engordado un poco, y pasó un poco desapercibido el aumento de su barriga, pero cuando llegó el comerciante a cumplir su compromiso, sospechó de que pudiera estar embarazada, algo que le negaron hasta que unos meses después, cuando Fátima, que ya tenía quince años, se puso de parto, y tuvo un hijo, lo que indignó a Khalid, porque comprobó que, era el vivo reflejo del hermano de Fátima, aparte de que las fechas no coincidían como para que fuera hijo suyo, por lo que se negó a cumplir su compromiso con el Patriarca.

Nabila reprochó al Patricarca que hubiera ocultado a su amigo, que Fátima ya había tenido varios embarazos que no llegaron a término, e incluso llegó a parir un hijo que murió a los pocos días, pero la indignación con Fátima y su hermano provocaron que nuevamente, la tragedia se asomara a sus vidas, como cuando su madre Adana se quedó embarazada de su hermano, también, y esta vez, el Patriarca tampoco la iba a perdonar, por lo que fueron repudiados viéndose obligados a emigrar de nuevo, sin un rumbo fijo, pero esta vez en soledad.

Poco después de ese incidente, Faroud contrajo una enfermedad por la que también murió, dejando a su hermana sola con su hijo, pero con la ayuda de una amiga, llamada Subira, se marcharon hacia el norte, hasta la ciudad costera del Mediterráneo de Alejandría, donde creían que tendrían mejores oportunidades para iniciar una nueva vida, alejada de sus familiares, de los que ya no tendría más apoyo.

Era el año 1841 y una chica joven con un hijo pequeño, necesitaba ayuda para salir adelante, y al igual que hizo su abuela con ellos, tuvo que hacer de todo para sobrevivir, y sobre todo, para sacar adelante a su hijo. Fátima y su amiga, como tantas niñas de esas edades, soñaban con poder casarse con algún hombre rico maduro, al que le gustasen las jovencitas, para poder engatusarlo, aunque al final, esos hombres siempre acababan encontrando a otras más jovencitas que centraban su interés, y las anteriores esposas quedaban defenestradas, pero los sueños adolescentes nunca reparan en lo malo y piensan que todo va a ser bueno.

El primer día de estancia en esa ciudad, tuvieron que dormir en la calle, pero pronto conocieron a hombres que se prestaban a ayudarlas, incluso casados que les ofrecían integrarlas en su familia, pero esas proposiciones siempre llevaban ocultas sus contraprestaciones, que en algunos casos, ellas estaban dispuestas a satisfacer hasta encontrar la persona adecuada, porque si se habían decidido a su edad a emprender esa aventura, de tanta incertidumbre y riesgo, se habían jurado no tener que pasar calamidades.

De este modo, se fueron repitiendo las mismas situaciones que ya había vivido su abuela, cuando Fátima era una bebé, en su largo viaje de destierro, en su necesidad de comer y poder alimentar a su hijo. Pero la belleza de Fátima y Subira, un año menor, no pasó desapercibida para uno de los encargados de reclutar a jovencitas para nutrir el harem del Sultán del imperio otomano, uno de los más grandes y afamados de la época, por la variedad de mujeres que albergaba en él, a disposición del Sultán y su familia.

En un principio, debido a su necesidad por comer y tener un lugar donde dormir, se dejaron convencer por este hombre, que esperaba sacar una buena recompensa por ellas, y las llevó a una casa donde había más mujeres y niñas, que el reclutador había comprado directamente a sus familias, y cuando ya estaban dispuestos a partir hacia la capital del imperio, algo les dijo que debían escapar de allí. En su huida fue cuando se encontraron providencialmente con Ziyad, un anciano bien vestido y con buenos modales, que indicaban su alta posición, y del que rápidamente aceptaron su invitación, ya que pensaron que debido a su edad, no requeriría de ellas mucho sexo ni las trataría mal.

Ziyad se había apiadado del bebé de Fátima, y se ofreció a ayudarlas, por lo que ellas le acompañaron hasta su casa, que era como una especie de palacio, lleno de sirvientes y de unos lujos a los que ellas no estaban acostumbradas, a pesar que de donde provenían no era una familia pobre.

Ya instaladas en su habitación, Fátima le dijo a Ziyad que tenía que dar el pecho a su bebé, y aunque ella esperaba que él saliera de la habitación, se quedó allí, mirando como ella descubría su pecho para darle el pezón a su hijo, que ya lloraba reclamando su leche.

Ziyad le dijo a Fátima:

—Que pechos más bonitos tienes. Están muy grandes para tu edad, tu hijo se va a poder alimentar bien.

Aunque a Fátima le pareció un poco rara esa situación, quizás debido a la edad de su anfitrión, no esperaba de él esa perversidad que si indicaba su mirada, por lo que ella permitió que con sus manos empezara a acariciarle las dos tetas, ya descubiertas para ese hombre, y se pusiera a mamar del otro pecho que estaba libre.

A su amiga le pareció graciosa esa escena de Fátima amamantando a su hijo con un pecho y con el otro a ese viejo, que ya empezaba a mostrar toda su perversión bajo esa apariencia de afabilidad.

Esa primera noche pudieron dormir tranquilas, después de los últimos días tan ajetreados, pero a la mañana siguiente les esperaban sus nuevas obligaciones en esa casa, entre las que estaban, en principio, formar parte del servicio y cumplir las tareas que les fueran encomendadas, que no siempre eran las que podrían esperarse, como pudieron comprobar rápidamente.

Josué, el hijo de Ziyad, se fijó en ellas, cuando se servía el desayuno, y le dijo a su padre:

—¡Qué niñas más bonitas te has traído! No pierdes el gusto con la edad, jaja.

Pero su mujer Kissa, le reprochó con la mirada su comentario, y le dijo:

—¿Es que también se te apetecen a ti?

—Papá ya no tiene edad para satisfacer a unas hembras como estas. Él está mejor con las más peques, que son más tranquilas…. Además, a ti y a mi madre, os van mucho, también.

—Ten más respeto a tus padres. —le dijo su madre, molesta— Lo que tenemos nos lo hemos ganado y tú ya sabes que puedes disponer de todo lo que hay en casa.

—Lo sé, mamá, perdóname, pero es que tú has sido mi maestra en todas mis perversiones.

Fátima y su amiga Subira, escuchaban con discreción la conversación que tenían en la mesa, cuando Subira pasaba al lado de Josué, la agarró por la cintura, y dijo:

—Esta si que se me apetece. Es delgadita, con los pechos pequeños y duros. Está muy rica. ¿Te gustaría compartirla conmigo, mamá?

—Hace tiempo que no me pides compartir tu cama conmigo, hijo. Tu proposición me trae muy buenos recuerdos.

—Es que mi esposa se ha vuelto muy celosa de su suegra, y siempre quiere tenerme entretenido con alguna de las hijas de las sirvientas para que no me acuerde ti. Ella sabe que siempre te deseé mucho.

—Pues no debería, porque yo ya soy muy mayor y poca competencia puedo hacerle contigo.

—Es que mi unión contigo es más mental que física y contra eso no puede hacer nada, porque se da cuenta de ello cuando tiene a nuestro hijo entre sus piernas. Dice que nadie le separará de él.

—Que mujer más absorbente tienes, Josué. Y pensar que estás con ella, porque yo te la metía en la cama cuando erais unos niños…..

—Si, después de que la había usado papá primero.

—Era tu padre y el dueño de la casa. Tenía que probarlo todo primero.

Esa noche, mientras Subira dormía con Josué y su madre, Fátima recibiría de nuevo la visita de Ziyad, para presenciar el amamantamiento de su bebé, y compartir ese momento con ella. Después de disfrutar de su cuerpo, de una forma pausada y tranquila, que incluyó una felación por parte de Fátima, se quedó satisfecho, y le preguntó:

—¿Cómo se llama tu hijo?

—No le he puesto un nombre todavía. La salida de mi casa fue apresurada y no se pudo hacer.

—Entonces celebraremos el aqiqah aquí y le pondremos el nombre de Yusuf, si te parece bien.

—Sí, es bonito. Además, tengo un tío que se llama así y yo era su preferida.

—¡Uumm! ¿Tú tío fue uno de los que empezó a disfrutarte?

—Sí, entre otros….

—Me imagino. No sé que pasó con tu familia, que tuviste que salir de tu casa, pero es triste que pase eso.

—Mi embarazo lo cambió todo. Tenían preparado mi matrimonio con un rico comerciante y al quedarme preñada, me rechazó —le dijo Fátima.

—¿Ese comerciante te embarazó y luego te repudió? Tenían que haberte cuidado.

—Él no, fue mi hermano, que falleció.

—¡Ah! Ya entiendo… Bueno, en esta casa no te pasarían esas cosas, Aquí eso es bastante común.

Mientras Fátima hablaba con ese hombre, se dio cuenta de que quizás sus familias no fueran tan diferentes, lo que cambiaba las cosas era el interés que hubiera en cada momento en ellas. La misma depravación que había visto en su familia desde que tuvo consciencia, la estaba viendo en la familia de Ziyad, y seguramente, algún miembro de esa familia se viera perjudicado en algún momento por un interés superior determinado.

A pesar de su edad, la reciente maternidad y el haber salido de su casa, le estaban dando un nivel de madurez, que hacía que Fátima tuviera claros sus objetivos, y debía de buscar la forma de alcanzarlos, aunque no sabía si sería en esa familia o en alguna nueva oportunidad que le surgiera.

El tiempo iba pasando y se iba sintiendo cada vez más cómoda e integrada en la familia de Ziyad. Solo tenía que complacerle en sus fetiches con ella, y su hijo Yusuf, a los que quería en exclusiva, pero no obstante, sentía que su status no había cambiado lo que ella desearía, ya que seguía siendo parte de la servidumbre, y no se había marchado de su casa para eso, así que empezó a tramar un plan, porque sentía que el anciano que la había acogido en esa casa, cada vez estaba más enfermo y no iba a vivir mucho más tiempo, por lo que se había fijado en Ahmed, uno de los nietos de Ziyad, que aunque era más joven que ella, podría hacer que la embarazara y así aspirar a ser parte de la familia.

Ahmed había sido iniciado en el sexo, sobre todo, por dos maduras criadas que le tenían a su cargo, que ya lamían su pollita, antes incluso de que le saliera semen y se divertía con ellas aprendiendo todo tipo de perversiones, en las que también participaban sus hijas y nietos.

Fátima pensaba que sería difícil que ese chico se fijara en ella, cuando tenía a su disposición a cualquiera que pudiera ofrecerle placer sexual, pero el fallecimiento de Ziyad, fue el momento perfecto para que ella pudiera escalar en esa jerarquía familiar.

Josué se hizo cargo de todo el clan familiar, y en cierta forma, se sentía obligado a dar un trato especial a la favorita de su padre en sus últimos años de vida, lo que hizo que Fátima empezara a tener una relación más estrecha con todos los miembros de la familia y a tener una serie de privilegios, para lo cual, también estaría dispuesta a utilizar a su hijo Yusuf, que ya estaba muy crecido, y que ya había empezado a entrar, también, en el círculo vicioso de esas perversiones familiares, convirtiéndolo en uno de los favoritos para participar en esos juegos.

Ese trato más estrecho con Ahmed, le permitió averiguar que sus debilidades eran las orgías con impúberes que le organizaban las criadas que le cuidaban, por lo que le propuso admitir a su hijo Yusuf en ese grupo, a lo que en principio se negó, por parecerle demasiado joven todavía para eso, pero la insistencia de Fátima hizo que al menos lo admitiera para que observara y fuera aprendiendo a estar en ese ambiente.

De este modo, al igual que había sucedido con ella y el resto de miembros de su familia, su hijo Yusuf empezó a integrarse en ese círculo de depravación sin fin, en el que el sexo se iba a convertir en el centro de su vida, para que cuando creciera, volver a repetir ese mismo camino de los que de esa forma tan viciosa le iniciaron en algo que ya consideraban normal y parte de sus tradiciones.

Pero no tuvo que pasar demasiado tiempo, para que Fátima se diera cuenta de que ese tampoco era el camino adecuado para conseguir sus objetivos. Los miembros de esa familia eran demasiado degenerados y un chico como Ahmed, que lo tenía todo, difícilmente podría fijarse en alguien como ella, que aunque tuviera un status superior, seguía formando parte de la servidumbre, y siempre sería considerada como una puta más, a su servicio, por lo que si algún día se decidía por tener una esposa, buscaría a alguna mujer de su nivel en alguna de las familias con las que se relacionaban, posiblemente con sus mismas costumbres, porque sería más fácil compartirlas entre ellos, y si no fuera el caso, la mujer siempre terminaba aceptando el rol que le imponía su marido.

Entre esas familias amigas, que solían visitar la casa, estaban los Solimán, que a veces ocupaban las estancias de invitados. Estaba formada por Salem, que venía acompañado por sus tres esposas, una de ellas, de la misma edad que Fátima, sus cinco hijos, tres varones y dos hembras, y su propia servidumbre que les acompañaba.

Las dos familias celebraban grandes banquetes, en los que la música siempre estaba de fondo, rematando el ambiente sensual que se pretendía crear, con las sirvientas medio desnudas, al igual que un grupo de niñas que salía a bailar después de los postres para amenizar la fiesta.

La opulencia y lujo de esas fiestas obnubilaba a Fátima, que en medio de todo eso, creía estar dentro del cuento de “Las mil y una noches”, ya que incluso, los perfumes y las esencias que impregnaban el ambiente parecían ser tan embriagadores como las bebidas que se servían, a lo que colaboraba la insistente e hipnótica melodía creada por el darbouka, laúd, qanun y demás instrumentos que suenan en toda celebración festiva.

Los hombres iban tomando a las mujeres o a las niñas, según sus gustos, y acomodados en los Majilis dispuestos para la ocasión, se entregaban al gozo más carnal, simulando esas orgías romanas que el imperio romano había llevado a esas tierras, cuando las ocuparon, asimilándose a la más refinada tradición árabe de disfrutar del sexo en compañía multitudinaria y sin límites.

En medio de ese sonido de fondo de la fiesta en el que se mezclaba la música y los gemidos de placer, Fátima intentó atraerse a Sayed, el hijo mayor de los Solimán, que disfrutaba de la compañía de Subira, y que sabiendo del interés de su amiga, sutilmente la cedió el puesto, para que pudiera intimar con él, de modo que al sacar su polla de su coño, empezó a penetrar a Fátima, que inmediatamente tomó el mando para cabalgar frenéticamente a ese chico del que inconscientemente, deseaba ser preñada, algo que resultaría imposible debido a las hierbas anticonceptivas que hacían tomar a todas la mujeres de la casa para evitar sus continuos embarazos, aunque en ocasiones, siguieran produciéndose.

De todos modos, Fátima buscaba que Sayed se quedara prendado de su habilidad copulatoria, con las técnicas aprendidas de una de las sirvientes negras traídas del centro de África, perteneciente a la tribu de los Etoro, en la que debido a sus costumbres, los niños son obligados a tener relaciones homosexuales con los mayores, predominando el sexo oral, hasta que se consideran aptos para casarse con una mujer, a pesar de lo cual tenían grandes restricciones para tener sexo con ellas, por lo que las mujeres de esa tribu debían desarrollar habilidades especiales sexuales para atraer el interés de sus esposos, que habituados al sexo con otros hombres, se sentían más a gusto con ellos.

Asha, la sirvienta negra, había enseñado a Fátima a realizar unas prácticas vaginales cuando tienen el pene de los hombres dentro, que consistían en ejercer una especie de masaje compresor sobre el miembro masculino, que extraía con gran facilidad su semen, ofreciéndoles un gran placer, con lo que intentaban retenerlos a su lado, aunque ellos siguieran manteniendo el gusto por extraer el semen masculino con sus bocas y las mujeres aceptaran que su esposo tuviera a un niño a su cargo para que le hiciera esas felaciones, según la tradición y costumbre de la tribu.

Y efectivamente, Fátima sorprendió a Sayed con esta técnica, que no conocía, y para sorpresa de ambas familias, solicitó a Ahmed poder llevársela con él, junto a su hijo Yusuf, con la pretensión de casarse con ella, algo que no acabó de convencer a su madre, que creía que su hijo había sido víctima de algún hechizo o acto de brujería para que se hubiera encaprichado con Fátima de esa manera, algo que no sabemos si sería cierto o no, y si tendría algo que ver con ello Asha.

Ahmed, al haber muerto su padre, no tuvo inconveniente en aceptar esa petición, por las buenas relaciones entre las familias, por lo que al final, Salem, el jefe de la familia Solimán, impuso su criterio al conceder a su hijo ese deseo, y ordenó que todos aceptaran a Fátima como su futura esposa, y como plenos miembros de su nueva familia a ella y su hijo.

Fátima iba a emprender una nueva y esperanzadora vida, con ese objetivo que se había marcado, cumplido, para lo cual solicitó llevarse con ella a su amiga Subira y a la criada Asha, que tanto le había ayudado para conseguirlo.

Los relatos anteriores de esta saga, escritos por otro autor son :

Una Historia de Incesto 01

Una Historia de Incesto 02

5 Lecturas/4 de noviembre de 2026/0 Comentarios/por Veronicca
Etiquetas: bisexual, hermanos, incesto, madura, mayor, mayores, primos, sexo
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