Lolo/lolita 9
Adicta a su semen.
Marcos estaba desatado. Sus embestidas eran fuertes, profundas y rápidas. El culito de Lolita ya estaba completamente abierto y acostumbrado a su grosor. Cada vez que sacaba casi todo y volvía a clavársela hasta el fondo, las bolas pesadas golpeaban contra su clítoris hinchado, haciendo que soltara chorritos de flujo transparente.
Lolita tenía la cara apoyada contra el banco, la boca entreabierta y los ojos medio cerrados de placer. Solo podía gemir como una perrita en celo:
—Más fuerte… por favor… lléneme…
Marcos le agarró las caderas con más fuerza, casi clavándole los dedos, y aceleró todavía más. Su pija estaba hinchadísima, palpitando dentro de ese culo apretado.
—Te voy a llenar de nuevo, Lolita… te voy a preñar el culo…
Con un gruñido animal, empujó hasta el fondo y se corrió.
El primer chorro fue tan potente que Lolita lo sintió claramente golpeando contra sus entrañas. Luego vinieron chorros y chorros espesos, calientes y abundantes. Marcos se vació completamente dentro de ella, inundándole el culo con una cantidad enorme de semen. Lolita sentía cómo su pancita se hinchaba ligeramente por la presión de tanta leche adentro.
—Ahhhh… sí… ¡sí! —gritó ella con voz quebrada, teniendo un orgasmo intenso al mismo tiempo.
Su clítoris palpitaba con fuerza contra las bolas de Marcos mientras su cuerpo entero temblaba. La sensación de plenitud era abrumadora: estaba completamente llena, inundada, marcada. Sentía el semen caliente y espeso moviéndose dentro de ella, como si realmente la estuviera fecundando. En su cabeza solo había una idea que la hacía sentir eufórica:
“Estoy llena de su leche… tengo su semen adentro… soy su hembra… me preñó…”
Cuando Marcos terminó de vaciarse, se quedó unos segundos más adentro, latiendo, asegurándose de que cada gota quedara bien profundo. Al salir lentamente, un grueso hilo de semen blanco le chorreó del culito abierto, bajando por sus muslos y manchando la bombachita blanca que tenía bajada.
Lolita quedó tirada sobre el banco, jadeando, con una sonrisa de pura felicidad y sumisión. Se sentía plena, usada, amada y completamente puta al mismo tiempo. Giró la cabeza para mirar a Marcos con ojitos brillantes y susurró:
—Gracias… me siento tan llena… tan preñada por usted… No quiero que salga nunca.
Marcos, todavía respirando agitado, le acarició el culito con orgullo. Ver a su princesita delicada completamente destruida y llena de su semen le daba una satisfacción profunda y posesiva.
—Buena hembra —dijo con voz grave, metiéndole dos dedos para volver a empujar el semen adentro—. Ahora sos mía del todo. Cada vez que vengas al gimnasio, vas a salir así: con el culo lleno y la bombachita empapada. ¿Entendido?
Lolita solo asintió, mordiéndose el labio, feliz y completamente adicta.


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