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Bisexual, Incestos en Familia, Masturbacion Masculina

Mi vida como femboy (parte 2) llega Mati

Te cuento mis experiencias como femboy a los 17 y mi relación con amigos y mi familia. Este relato es real con algunas cosas de ficción. Te dejo la parte 1 para que leas antes que esta: https://sexosintabues30.com/relatos-eroticos/incestos-en-familia/mi-vida-como-femboy-introduccion/.

Respiré hondo, todavía con el gusto de las tangas en la boca y la tanga de mamá escondida bajo el short, y fui a abrirle la puerta.

Le abrí la puerta y lo saludé.

Mati venía con un jean negro ajustado y una remera negra de Slipknot. El sol de afuera pegaba de lleno y hacían fácilmente más de 35 grados.

—Boludo, ¿cómo no te estás muriendo de calor? —le dije mientras lo dejaba pasar—. Afuera el sol está de la puta madre.

Él se rio y se pasó una mano por el pelo corto negro.

—Un poco, sí… pero me chupa un huevo. Me gusta vestirme de negro y usar jean largo en la calle. El calor que se joda.

Me reí.

—Bueno, pero adentro si querés sacate el jean o la remera. No tenemos aire acondicionado, te vas a cocinar.

Entramos. Él miró hacia el living y dijo:

—¿Arrancamos con el Ragnarök?

—Ni en pedo. Lau nos mata. Dijo específicamente que no lo tocáramos.Se rio fuerte.

—Tiene razón, nos destroza.

Fuimos hacia mi pieza. Yo caminaba adelante y en un momento me di vuelta para preguntarle qué otro juego quería jugar… y lo agarré mirándome fijo el culo mientras caminaba.Mati siempre había dicho ser hetero y nunca lo dudamos del todo, pero alguna que otra vez lo había enganchado clavándome la vista en las piernas o en la cola. A veces me hacía chistes o se me apoyaba “en joda” por detrás y yo sentía claramente su pija contra mi culo mientras se reía como un tarado.

—Che, dejá de mirarme el culo y concentraté, jaja —le dije.

Se hizo el boludo al toque.

—Dale, boludo, no te estaba mirando. No soy puto como vos, jaja.

—Ya quisieras manosear este culo —le contesté en el mismo tono de joda.

Los dos nos cagamos de risa y seguimos hasta la pieza. Nos tiramos en la cama y pusimos el Mortal Kombat. Estuvimos un rato pegándonos de lo lindo, insultándonos y riéndonos.

Después de un tiempo lo vi transpirando un poco en la frente y el pecho.

—Sacate el pantalón y las zapatillas, boludo, te vas a morir de calor.

—Bueno… —aceptó.

Se sacó el jean y las zapatillas y se quedó solo en boxer negros. Traté de no mirar demasiado para no ponerlo incómodo ni llamar la atención, pero de reojo no pude evitarlo. Tenía las piernas marcadas, fuertes, y un bulto gigante que se le notaba claro bajo la tela. Nunca había visto su pija, pero se veía enorme.

Se dio un poco cuenta y me miró de costado, sonriendo.

—Che, dejá de ficharme el bulto, jaja.

Me sonrojé un poco pero le seguí el juego.

—Perdón… es que vos también trajiste un tremendo rifle.

Él, en chiste, se lo agarró por encima del boxer, lo movió un poco y dijo con voz grave y exagerada:

—Está listo para la guerra.

Los dos nos cagamos de risa otra vez, pero el aire en la pieza se había vuelto un poco más denso.

Seguíamos jugando al Mortal Kombat, los dos eligiendo personajes femeninos como siempre.

En un momento Mati soltó, mientras controlaba a Sonya Blade:

—Mirá qué buena que está Sonya… cómo me la cojería.

Yo sonreí sin apartar la vista de la pantalla.

—Yo también. A todas me las cojo en este juego.

Él soltó una risita.

Él soltó una risita.

—Seguro a los tipos también.

—Dale, boludo…

—Sí, ya sé que sos puto. No tengo problema con eso igual —dijo en tono de joda, riéndose.Me giré un poco hacia él.

—¿Por qué decís que soy puto?

—Si usás pollera, jaja, y te maquillás… sos puto. Y Lau es torta. Soy el único normal del grupo —terminó entre risas.

Respiré hondo y contesté con calma, aunque se me había acelerado un poco el corazón:

—Que sea femboy no significa que no me gusten las mujeres. Soy bisexual. Y Lau también lo es, creo.

Se quedó callado un rato. Seguimos jugando en silencio, solo se escuchaban los golpes de los personajes y el ventilador. Después, sin mirarme, preguntó:

—Entonces… ¿le das a Sonya Blade?

—Obvio que sí. Tiene unas tetas riquísimas.

Se rio bajito.

—¿Y a Lau le darías?Me puse colorado al toque, pero no lo negué.

—Sí… aunque sea nuestra amiga, casi una hermana, está re buena. Seguro vos también te la cojerías.

—Más vale. ¿Sabés las pajas que le dediqué? Jaja.

Los dos nos cagamos de risa. Yo agregué:

—Yo también. Hubo una pausa más larga.

Mati dejó el control un segundo sobre las piernas y me miró de reojo.—Te voy a confesar algo… pero si lo contás te mato.

—Está bien —le dije, curioso.

Bajó un poco la voz.

—Una vez, en una pijamada que hicimos… mientras ustedes dormían, me levanté para ir al baño. Lau estaba tirada en el colchón, con un shortcito, completamente destapada. Se le marcaba todo… el culo, las tetas, todo. No pude evitarlo. Me pajeé ahí mismo, mirándola.

Me quedé mirándolo con la boca medio abierta, incrédulo y al mismo tiempo caliente.

—¡Hijo de puta! Yo también estaba ahí, jaja.

Los dos nos reímos otra vez, pero esta vez la risa salió más tensa, más cargada. El silencio que vino después se sintió distinto.

Los dos nos reímos otra vez, pero esta vez la risa salió más tensa, más cargada. El silencio que vino después se sintió distinto.

Mati me miró de reojo y siguió, todavía sonriendo:

—Sí, ya sé… estabas en shortcito también. Ese shortcito de putito que usás, como el que tenés ahora, jaja.

Y de repente me dio una palmadita en el muslo. Me estremecí un poco cuando me tocó. La mano se le quedó un segundo más de lo necesario.

—Agradecé que no te llegó el lechazo mientras dormías —continuó—. Porque a Lau le llegó uno a la cola. No fue a propósito, se me escapó, jaja. Por suerte no se dio cuenta, porque me mata. Sabés que Lau debe ser la persona que más miedo me da con el carácter que tiene. Seguro me mataba.

Se rio bajito, casi nervioso.

—Me limpié la mano, la pija y el colchón… pero el lechazo del culo de Lau lo dejé esperando que se seque y que no se diera cuenta. Por suerte no se enteró, así que safe.

Me quedé en shock. Literalmente con la boca abierta. Al mismo tiempo sentí cómo se me empezaba a poner dura debajo del remerón y del shortcito. De reojo miré hacia él y noté que a él también se le estaba marcando más el bulto… seguro de estar recordando esa noche.

Tragué saliva y hablé, con la voz un poco más baja:

—Bueno… no te juzgo. Porque yo he hecho lo mismo.

Él levantó una ceja, interesado de verdad.—¿Le hiciste lo mismo a Lau?

—No. A Lau no.

—Entonces… ¿a quién?Respiré hondo. El corazón me latía fuerte.—Si contás esto te mato también.

Él levantó las manos en señal de paz, todavía con esa media sonrisa.

—Dale, vos tenés un secreto mío así que no voy a decir nada. Tranqui.Me mordí el labio un segundo. La tanga de mamá que todavía llevaba puesta debajo del short se me sentía más ajustada que nunca.

—Bueno… entonces te digo.

Lo miré a los ojos.

—Le hice lo mismo a mi mamá… mientras dormía

Mati dejó de mirar el juego de golpe y me clavó los ojos.

—¿En serio? —preguntó.

Y se empezó a cagar de risa.

—Dale, pelotudo, ¿de qué te reís? Te estoy contando en serio —le dije, medio ofendido y medio caliente.

—No puedo creer que te quieras cojer a tu mamá, jaja. Igual… con lo buena que está, ¿cómo no querer hacerlo? Ojalá mi mamá estuviera como la tuya, jaja.

Siempre me había hecho chistes de que mamá estaba buena, pero yo pensaba que lo hacía solo para molestarme, como hacen los amigos. Esta vez sonó distinto.

—¿Vos le darías? —le pregunté.

Obvio, amigo. No sabés las pajas que le dediqué a tu mamá —contestó sin vergüenza—. ¿Te acordás esa vez hace unos años cuando fuimos a la pileta y se puso esa tanga… ese bikini? No sabés cómo me la ponía dura, jaja.

Me reí, aunque se me estaba poniendo todavía más dura.

—Jaja, es verdad. Vos nunca la habías visto así. Para mí es normal verla en tanga.

Se quedó boquiabierto.

—¿Posta? Qué envidia. Seguro anda en bombachita en la casa cuando yo no estoy.

—Sí —admití—. Tengo ese show todos los días.

Los dos nos reímos. Después me miró más serio, aunque seguía con esa media sonrisa.

—¿Todavía te pajeás pensando en ella?Con un poco de vergüenza bajé la mirada y asentí.

—Sí…

Mi pija ya estaba durísima. La tanguita de mamá que llevaba debajo del short estaba a punto de explotar, apretándome todo.

Mati se encogió de hombros.

—Está bien. Es algo normal a nuestra edad. Todo nos calienta… más si todavía somos vírgenes.Nos quedamos un rato en silencio. Solo se escuchaba el ventilador y la respiración de los dos. De pronto él habló más bajo:

—Perdón por esto…

Y se señaló el boxer. Tenía la pija durísima, la puntita ya mojada marcándose contra la tela. Se veía gigante.

—Hace mucho que no me hago la paja… tipo tres días. Estuve trabajando con mi viejo y entrenando en el gym, casi no tuve tiempo. Tengo los huevos llenos de leche.

Tragué saliva.

—Sí… yo también —mentí. Me la hacía todos los días, pero no quería quedar como un pajero total.

Mati se rio bajito y me miró de arriba abajo.

—Che, veo que estás igual.

Recién ahí me di cuenta de que se me había subido el remerón y tenía el bulto completamente marcado en el shortcito, a punto de romper la tela. Me tapé al toque de la vergüenza.

Él se rio más.

—Pará, no es para tanto. Mirá, yo estoy igual. Además con lo que estuvimos hablando es normal —dijo, todavía sonriendo—. Además somos hombres, tenemos lo mismo. Ni que fuera raro verse las pijas entre amigos… no es gay.

Seguimos jugando un rato más en silencio. De pronto Mati puso pausa otra vez.

—Che, no puedo concentrarme… hace mucho calor. Saquémonos la remera.

—Sacate la tuya si querés. Yo estoy bien —le contesté.Jugamos un poco más así, pero volvió a pausar.

—¿Ahora qué pasa?—No me puedo concentrar. Pienso en el culo de tu mamá nomas.

—Dale, no seas boludo.—Posta. Me llegó la leche al cerebro ya, jaja. Mirá…

Señaló hacia abajo. Su pija seguía exactamente igual de dura, la puntita cada vez más mojada, manchando el boxer. La mía se había calmado un poco, pero al verlo reaccionó al toque y se me volvió a poner dura.

—Che, son las cuatro. En un rato capaz viene Lau… y tu mamá y tu hermana también. No podemos recibirlas así, con las pijas duras, jaja.

—Nos vestimos igual cuando vengan —le dije.—Sí, pero igual vamos a estar calientes y pensando con la pija. Mejor hay que hacer algo.Lo miré.

—¿Qué?

—Pongamos porno y nos pajeamos. Nos sacamos toda la leche antes de que vengan las chicas y quedamos tranquilos.

Lo miré fijamente. Estaba hablando en serio. Dudé un segundo, pero terminé aceptando.

—Tranqui —dijo él—. No es nada gay. Los pibes del colegio se juntan a pajearse todo el tiempo, cuentan. Cada uno en lo suyo mirando porno hasta acabar y después seguimos jugando a la Play… después de limpiar, obvio —agregó riéndose.

Accedí un poco nervioso pero muy caliente.

—Bueno… ¿qué miramos?

—Una foto de tu mamá —dijo en joda.

—Dale, boludo.—No sé, poné porno y vamos viendo qué hay.

Abrí el navegador en la compu y empezamos a explorar videos. Pasamos varios hasta que encontramos uno de Lana Rhoades chupando pija. Nos miramos y asentimos al mismo tiempo, como diciendo “este”.

Pusimos el video. Al principio nos tocamos por encima de la ropa interior, despacio. Pero Mati dio el primer paso: se bajó el boxer de un tirón y sacó su verga.

No pude evitar mirar. Era tal cual lo que esperaba… enorme. No mucho más larga que la mía, solo un poco, pero bastante más gorda. Él me miró y sonrió de costado, como sabiendo exactamente lo que estaba pensando.

Se escupió la mano y empezó a pajearse, untándose desde la punta hasta la base. Ya le salía líquido preseminal en cantidad.

Yo todavía no me animaba a sacarla.

—No seas cagón, sacala de una vez —me dijo.

Entonces me animé. Me bajé el shortcito… y me olvidé por completo de que tenía puesta la tanguita de mamá. Saqué mi modesta pija de 15 cm con un poco de timidez.

Mati me miró sorprendido. No tanto por mi pija, sino por la tanga negra que me apretaba las bolas y se me metía entre la cola. Se puso un poco nervioso.

—¿Usás tangas?

—Sí… a veces. Pero esta no es mía —respondí—. Es de mi mamá.

Se le abrieron un poco más los ojos.

—¿Posta? Boludo, no me digas eso que me pongo loco, jaja.

—¿Por qué?

—Por nada, jaja.

Seguimos pajeándonos cada uno en lo suyo. Yo también me escupí la mano como había hecho él y empecé a acariciarme los huevos. Cada tanto lo miraba disimuladamente… y sabía que él me miraba a mí también.

En eso se nos ocurrió cambiar de video y dimos con uno de un hombre con una trans hermosa. Le pregunté si miraba trans y me contestó con un poco de vergüenza que sí, que miraba algunos, y que si quería lo pusiéramos.

En el video la chica trans era realmente hermosa. Empezó chupándosela al tipo, pero después sacó su propia pija, se pajeó y el hombre empezó a cojerla mientras ella seguía tocándose. Nosotros estábamos a full en lo nuestro. El tipo del video empezó a pajearla a ella mientras se la metía por el culo.

Nos miramos. Le pregunté si le molestaba que pasara eso en el video.

—Tranqui, no me molesta —dijo—. No miro porno gay de dos hombres porque no me gusta, pero esa chica es tan hermosa que no me jode que tenga pene.

—Entonces sigamos —le contesté.Después de un rato él rompió el silencio:

—Las trans y los femboys me gustan porque parecen mujeres… que tengan pene no me importa. Algún día me gustaría probar la experiencia. Además, si se la chupan… una boca es una boca —terminó riéndose.

Yo estaba entre nervioso y excitado por lo que decía. De tanta calentura le pregunté directo:—¿Un femboy como yo, decís?Él soltó una risa nerviosa.

—Bueno… sí, algo así. Pero vos no.

—¿Por qué no? —pregunté. Ya a esta altura no me importaba nada.

—Porque somos como hermanos… pero si no te conociera, te daría, jaja.

Me reí con él, aunque la tensión en el aire era tan sexual que se podía cortar. Estábamos bastante cerca, los muslos se nos rozaban un poco mientras nos pajeábamos. Los dos muy sudados. Olía a transpiración y a líquido preseminal.

Ya no aguantaba más esa tensión.

—Si no le decimos a nadie nunca… ¿me dejás tocartela? Me gustaría pajearte. No tenés que tocarme la verga vos a mí, solo yo a vos… si querés. Y si no, no hay problema.

Me miró.

—¿Qué decís, boludo? —dijo, un poco enojado de forma falsa, pero con mucha curiosidad en los ojos.

—Lo que escuchaste. Dale, porfa. Te prometo que esto queda entre nosotros.

Puso un poco de resistencia, pero yo insistí. Además él estaba demasiado caliente. Terminó accediendo.

Se la agarré. Cerró un poco los ojos y tiró la cabeza para atrás. Empecé a pajearlo, pasando la mano por toda la verga gruesa y después por los huevos. Él apretó un poco mi mano y volvió a cerrar los ojos.

—¿Querés que pare?

Negó con la cabeza.

—Seguí… —susurró casi.

—Abrí los ojos.

Lo hizo. Miró mi mano envuelta en su pija y después volvió a mirar el video. Yo lo seguía pajeando con una mano y con la otra me tocaba a mí. Él se concentraba en la chica de la pantalla.

En un momento me escupí la mano para lubricarla mejor. Se estremeció entero.

—Así… no pares, por favor.

Ahí perdí la cabeza. Se la solté, me agaché y me la metí en la boca de una.

Se sorprendió, pero soltó un gemido de placer y no se resistió. Empecé a subir y bajar con mucha saliva, exactamente como había practicado tantas veces con el dildo de mamá. Él tenía los ojos cerrados, disfrutando. Yo me acomodé mejor, acostándome un poco en la cama mientras él seguía sentado, y se la chupé con todas mis fuerzas.

En eso sentí su mano en mi culo entangado. Tenía la tanga de mamá tan metida entre las nalgas que el culo se me resaltaba muchísimo. Cuando abrió los ojos no pudo evitarlo: empezó a manoseármelo todo, a acariciarlo y a jugar con él mientras yo se la chupaba.

La estaba pasando increíble… y él todavía más.

Seguí chupándosela con más ganas. Le pasé la lengua bien lento por toda la cabeza hinchada, saboreando el líquido preseminal salado que ya le brotaba sin parar, y después me bajé a comerle los huevos. Los chupé uno por uno, metiéndomelos en la boca, lamiéndole la base mientras él gemía bajito. Tal vez era el primer pete que le estaban haciendo en su vida… y se lo estaba haciendo su mejor amigo de la infancia. Él nunca se lo hubiera imaginado. Supongo que yo tampoco me hubiera imaginado tener su verga tan gruesa, caliente y pesada llenándome la boca por completo.

Estaba tan rica, tan gruesa, que la quería enterrada hasta el fondo en mi culo, pero no quería apresurar las cosas. Preferí seguir chupando, baboso, ruidoso, mientras él me manoseaba el culo entangado con la mano grande, apretándome las nalgas y metiéndome un dedo por encima de la tela. En un momento me dijo, con la voz ronca, que me levantara y me pusiera al lado suyo otra vez. Cuando lo hice, me agarró la pija con firmeza. Me sorprendí, pero me encantó. Empezamos a pajearnos mutuamente, cada uno con la verga del otro, rápido y sucio.

Con la mano libre me chupé dos dedos y me los introduje un poco en el culo mientras estaba inclinado hacia él. Él empezó a pajearme más fuerte, apretándome la cabeza con el pulgar. No aguanté más. Escupí una cantidad inmensa de leche espesa sobre mi pecho y su mano… me llegó hasta el cuello y un chorro me salpicó la mejilla. Fue increíble. Uno de los mejores orgasmos de mi vida. Seguí temblando mientras él me ordeñaba las últimas gotas.

—Boludo, no me avisaste… mirá qué asco, tengo tu leche en la mano —dijo, aunque se le notaba caliente.

Le agarré la muñeca, me llevé sus dedos a la boca y se los chupé uno por uno, limpiándole todo mi semen con la lengua, mirándolo a los ojos mientras lo hacía. Él se rio, todavía con la pija latíéndole.

—Lo sabía que eras tan putito. Tendríamos que haber hecho esto antes.

Después agregó:

—Es mi turno de acabar.

Le dije que se parara. Me arrodillé frente a él otra vez, le agarré la verga gruesa con las dos manos y me la metí hasta el fondo de la garganta. Empecé a chupársela con todas mis fuerzas, babeando, subiendo y bajando rápido mientras lo pajeaba con una mano en la base. Él tenía la cabeza tirada hacia atrás, jadeando. Hasta que me avisó entre dientes que no aguantaba más.

Lo miré fijo a los ojos, sin sacar la pija de mi boca, y entonces me tiró todo. Chorros densos, calientes, abundantes. Unos los tragué al instante, saboreando ese gusto amargo y espeso que solo había probado en mí mismo… y una vez en el de mi tío. Pero esto era distinto. Más fuerte. Más rico. El resto me llenó la boca hasta desbordarme y me cubrió toda la cara: me chorreó por la frente, me cerró un ojo, me escurrió por las mejillas y me colgó de la barbilla en hilos blancos y pesados.

No aparté la mirada. Me quedé arrodillado, con la boca semi abierta, la lengua afuera recogiendo lo que podía, sonriéndole con la cara completamente bañada en su leche. Feliz. Satisfecho. Mirándolo a los ojos mientras su semen me escurría lento por la piel.

Estaba tan excitado, con la cara todavía cubierta de su leche, que no vi que en la puerta estaba parada mi mamá. Pálida y en completo shock por haber presenciado todo.

La miré y me pegó un susto de muerte. Ella se fue rápido, antes de que Mati la viera.

—¿Qué pasó? —me preguntó él, notando mi cara.

—Creo que mi mamá está por llegar… mejor vistámonos y salgamos por la puerta de atrás así no nos ve.

En realidad ya nos había visto, pero no quería alertarlo ni asustarlo. Nos lavamos bien, nos vestimos rápido. Le dije a Mati:

—Che, avisale a Lau mejor que nos juntamos mañana. Yo tengo que hacer unas cosas ahora.

Él, medio incómodo, contestó que estaba bien, que no había problema. Nos saludamos un poco raros y se fue por la puerta de atrás.

Yo sabía que mamá estaba en el living con mi hermana porque las escuchaba hablar, pero no quería confrontarla todavía por la vergüenza. Así que me encerré en mi pieza por el momento, tratando de pensar qué coño iba a decirle cuando finalmente saliera.

10 Lecturas/20 agosto, 2026/0 Comentarios/por goonerx
Etiquetas: amigos, bisexual, colegio, gay, hermana, hermanos, hijo, madre
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