Padre y abuelo a la vez
La agarré del pelo obligándola a mirar a su madre y empecé a darle duro..
Al despertarme aquella mañana por un momento creí que la mamada de mi hijastra delante de su madre había sido un sueño, pero no. Al entrar en la cocina ahí estaban las dos, como si no hubiera pasado nada. Las dos me miraron y mi mujer dijo sonriendo con ironía:
-Vaya, se te ve descansado.
-Mamá siempre me había hablado de tu enorme polla y bueno…quise comprobarlo.-Añadió mi hijastra mientras relamía la cuchara con picardía.
Ambas se dieron cuenta enseguida de que iba muy empalmado, el bulto era enorme bajo mis calzoncillos. Se miraron y sonrieron como dos crías inocentes. Me dirigí hacia mi hijastra e hice que se levantara de la silla. La llevé al otro extremo de la mesa y la puse mirando hacia su madre que observaba extrañada. La recliné, le bajé el pantaloncito del pijama y vi que no llevaba ropa interior. Comencé a acariciar su jugoso chochito y se abrió más de piernas. Mi mujer exclamó un “¡Qué haces, cerdo!” y le respondí que ahora iba a saber lo que es tener dentro aquella enorme polla. Polla que ya estaba rozando su clítoris a la espera de ser penetrado.
-Hazlo ya, puto…mmmm
Y se la clavé agarrándome a sus estrechas caderas. Comencé suave haciéndola gemir mientras miraba a su madre que se relamía los labios, se estaba poniendo muy cachonda.
-¡Oh, Dios, mamá…qué pollón! Mmmmm
La agarré del pelo obligándola a mirar a su madre y empecé a darle duro.
-Cabrón…mmm…sí, sí, así…mmmm, sigueeee
La zorra gemía como una loca y eso me excitaba mucho. Le azotaba el culo con cada golpe de polla y la muy puta se corrió mirando a su madre que se estaba masturbando. Al poco me corrí dentro de su mojadísimo coño. Al sacarla se agachó con rapidez a limpiármela. Después de sentó sobre la mesa, se abrió de piernas y me pidió que le comiera el coño, cosa que hice hasta que volvió a correrse.
En el trabajo no paraba de pensar en la zorra de mi hijastra, en su melena rubia, su carita de niña, sus pechos tersos, suaves, su cuerpo escultural y su culo con forma de melocotón. A veces no podía aguantar y acababa en el lavabo masturbándome mirando su foto e imaginando mil maneras de follarla.
Una tarde, llegué tarde de trabajar. Al entrar en casa las sorprendí a las dos follando en nuestra cama. Estaban haciendo la tijera y al verme comenzaron a frotarse más rápido. Dios, vaya manera de frotarse los coños, ufff. Me quedé mirando hasta que las dos se corrieron. Tras lo cual, puse a mi mujer boca abajo, me puse encima de ella y se la metí por el culo. Ella gritaba al principio. Mi hijastra me decía que le iba a destrozar el culo, que cuando acabara no podría sentarse en una semana.
-Tranquila, la muy puta lo tiene bien dado de sí. ¿Verdad, zorra? Mmmm
-Joder…mmm…sí…sigue hijo puta…mmm
La bombeé duro ante el asombro de su hija que se excitaba viendo mi enorme polla entrando y saliendo del culo de su madre.
-Dale, así, fóllala como a una puta…ufff.-Me decía.
Cuando me corrí permanecí un rato encima de ella, notando como mi polla palpitaba dentro de su culazo y poco a poco se iba desinflando.
A veces, por la mañana, antes de ir al trabajo, entraba en la habitación de mi hijastra, que en verano dormía desnuda, la abría de piernas y me la follaba mientras ella se hacia la dormida. Luego me iba y la dejaba allí, bien abierta de piernas con mi leche saliendo de su coño. Luego mi mujer me contaba que ella le decía cada vez que me la follaba y se ponía tan cachonda que obligaba a su hija a que le comiera el coño, como castigo por ser puta.
Aquella tarde al regresar del trabajo me las encontré sentadas en el sofá, esperándome. Me dijeron que tenían una cosa muy importante que decir. Me quedé parado frente a ellas, sin saber qué decir. Estaba expectante ante lo que pudieran explicar. Se miraron y sonrieron nerviosamente. Después me miraron y dijeron a la vez:
-¡Estamos embarazadas!
Mi gesto cambió a una incredulidad total. No podía ser… No lo entendía. Me enseñaron los tests de embarazo, ambos positivos. Las dos se arrodillaron, me sacaron la polla y mientras me miraban dijeron:
-Danos biberón, papi.
Así que sin pedirlo iba a ser padre y abuelo a la vez.

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