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Masturbacion Masculina, Sexo con Madur@s, Voyeur / Exhibicionismo

Un Dia Caluroso de Primavera en El Río (ultima parte )

Una escapada al rio en un bonito dia de primavera para pasarla tranquilo y relajado , termino con tres adultos mayores dentro de un pequeño y destartalado bote….
Automáticamente respondieron: —Los llevamos nosotros hasta el puerto—. No teníamos otra alternativa, pero teníamos que pegarnos una ducha para sacarnos la arena y tierra del río y cambiarnos, ya que no podemos andar en trikini y short por la ciudad. La mujer se había marchado y estaba junto al bote. Quizás yo seguía excitado o no sé qué me pasaba por la cabeza, pero pude ver a la señora de espaldas desnuda dentro del agua, lavando la playera que yo le había ensuciado. La refregó, la torció y se la volvió a poner… ¡eso me excitó! No sé por qué, pero ese cuerpo arrugado, desnudo, metido en el agua, de espaldas, aun sin ver nada… me excitó.
Pensé que en ese momento al subir al bote terminaría todo, pero me volví a equivocar. El bote estaba en mal estado, era largo; en sus mejores momentos se utilizaba para transportar leña, pero solo tenía una pequeña cabina semiabierta donde entraba solamente el conductor y poco más. Ya todos arriba del bote, los dos señores estaban aún más amables que en la playa; la señora, mientras tanto, estaba en la punta del bote acomodando una manguera. Tanto para mi esposa como para mí en ese momento todo era incierto, ¡pero al ver la “amabilidad” de los señores, continuamos porque ahora necesitábamos a estas personas ya que no teníamos cómo llegar al puerto!
La señora prende un motor, se acerca a nosotros con una manguera y nos dice amablemente que nos diéramos una ducha. La bomba tenía un filtrado que hacía que el agua del río viniera sin sedimentos. Cuando me disponía a ducharme, mi esposa me toma de la mano y nuevamente al oído me susurra: —¿Nos desnudamos?—. Le dije que no, que aún no era necesario, que esperemos a que nos lleven primero. Me pongo bajo la manguera que muy amablemente me sostiene la señora, me alcanza un jabón y me doy un baño rápido. No sé qué era, si la adrenalina, el momento, la situación, no sé qué, pero pude ver a los dos hombres atentos, como esperando el turno de mi esposa y ver si podrían ver algo más. Y lo más raro: la señora sostenía la manguera, que era pesada, y aún tenía su playera mojada que marcaba sus pechos gordos y muy caídos moverse libremente bajo la tela; se podía notar muy bien cómo se marcaba una gran aureola de su pezón. Mi pene nuevamente tomó energía y volvió a ponerse muy duro.
La señora, muy disimuladamente, miraba la erección que tenía y, cuando terminé de ducharme y se acercó hacia mí, me dijo: —¡Otra vez con el pájaro parado!, ¡le va a hacer mal!—. Me causó gracia y me salió una carcajada; ella me miró y también se sonrió. Cuando le tocó a mi esposa ducharse, ambos hombres se apuraron a sostener la manguera, pero la mujer no los dejó. Abrió el grifo y empezó a ducharse Marisa. La señora le alcanza el jabón, mi esposa se enjabona todo el cuerpo; los hombres, con mala cara por no poder ser ellos quienes tengan la manguera, solo miran esperando algún desliz. No sé por qué, pero la mujer le puso más presión al agua de la manguera, que de por sí ya era fuerte; tanta fuerza hacía que, obviamente, se corriera continuamente la parte superior de la trikini de mi esposa y ahora sí, literalmente, queda en tetas frente a todos. Me excita mucho lo que veo y a los hombres también. A la mujer se le puede ver esbozando una sonrisa, pero se nota que tener la manguera la está cansando, aunque no quiere dársela ni al marido ni al cuñado.
Me di cuenta totalmente de que era a propósito cómo la mujer usaba la manguera con mi esposa. Justo cuando el agua filtrada del río se estaba por acabar, pone al máximo la presión y hace que Marisa quede con la mitad de su trikini colgando e intentando que no se le salga también la parte inferior. La mujer le alcanza una toalla grande y la ayuda a secarse el cabello; en ese momento las órdenes en el bote las ponía la señora, y ni mi mujer ni yo queríamos contradecir nada porque estaba llegando la noche y aún estábamos en el río.
Marisa se acomodó su trikini, pues al estar mojado, su vello púbico caía hacia abajo como una peluca que salía de la entrepierna. Manolo fue el primero que habló y dijo: —Pónganse la ropa en la cabina—. Cambiarse en la cabina era quedar desnudo frente a todos, porque era una cabina pequeña que no estaba cerrada para el lado de la carga. Creo que los hermanos tenían planeado ese momento; la mujer se sentó junto a nosotros y no dijo nada, solo miraba.
Cuando decidimos cambiarnos (que teníamos que hacerlo sí o sí en el bote ), mi esposa me dice: —Voy yo primero—. Cuando Marisa  se dirige a la cabina, automáticamente los dos hombres se sentaron mirándola sin disimular. —¿Qué miran, viejos verdes?— les gritó la mujer y se colocó junto a mi esposa dentro de la cabina como “custodia”. Mi esposa me mira, me guiña un ojo y me dice: —Hagamos rápido todo, sin vueltas para irnos de acá, ya está oscuro—. De verdad ya estaba oscuro y se veía poco dentro del bote; la mujer toma un gran faro y alumbra la cabina. Mi esposa no tarda en quedar desnuda; la trikini sale fácil y estaba puesta por la mitad. Cuando vieron el culo desnudo de mi esposa, aun en la oscuridad noté cómo ambos hombres, a pesar de la edad, estaban teniendo otra pequeña erección.
El culo de mi esposa es grande, duro, muy bonito. En un momento Marisa me dice: —Vení conmigo y cambiate, amor, más rápido juntos—. Me acerco, me pongo de espaldas y me saco el bañador quedando desnudo, y mi esposa me dice suavemente: —Date vuelta, ponete de frente, tengo una sorpresa—. Yo no entendía nada ni sabía qué pensaba Marisa en ese momento; solo sé que ella quería hacer todo rápido y sin vueltas para irnos del lugar. Me doy vuelta y mi erección era enorme y fácil de ver a pesar de la poca luz. Ambos hombres se reían y decían que cuando eran más jóvenes a ellos se les ponía aún más dura que la mía; la mujer largó una pequeña carcajada y me dejó atónito cuando con su mano libre me agarró el pene y dijo: —Cuando ustedes tuvieron el pene duro así, viejos verdes, este hombre ya acabó y nuevamente está parado—. Me lo agarró tan fuerte que casi acabo en su mano; por suerte me soltó enseguida.
Buscó en nuestro bolso y la ropa nuestra no estaba. Me dice mi señora: —Fijate en el otro—. Fui caminando desnudo hasta la punta donde estaba el otro bolso y tampoco estaba nuestra ropa. —Acá no hay nada, amor, y nos falta un bolso, ¿habrá quedado abajo?— le pregunté a mi esposa. Marisa se da vuelta, queda de frente a los hombres totalmente desnuda y viene hacia mí; cuando se acerca a mí, me dice muy bajo al oído: —Tengo la ropa en otro bolso, estos viejos quieren verme en bolas, si no les damos el gusto no nos vamos más—. Entonces entendí todo y me dejé llevar por el plan de mi esposa. Qué decir que los viejos parecían moscas, continuamente pegados a mi esposa con el pretexto de alumbrar el camino con linternas. Mi esposa “encuentra” el bolso con la ropa y se dirige a la cabina, donde la mujer puso dos «sol de noche», que son faroles a combustible que alumbran mucho, y me llama para que nos vistamos.
No entendí bien, pero Marisa, para ponerse las medias, se abría de piernas de tal forma que podían ver el clítoris de su vagina; se agachó para buscar las chanclas y les puso el culo casi en la cara a los viejos que estaban sentados. Se puso su tanga y dijo: —Huy, algo pincha en esta tanga—. Se la volvió a sacar, se la dio al marido de la señora y le dijo: —¿Se puede fijar con la linterna si no tiene alguna basurita la tanga?—. El hombre la tomó temblando y ya nada le importaba; la miró y hasta la acercó a su nariz para olerla, no le importaba que estuviera su esposa presente. Pero al otro hombre le dijo: —Manolo, ¿con tu linterna te podés fijar tengo en algo en mi cola que pincha?—.
Cuando escuchó esto, el marido de la mujer quedó mirando, como envidiando a su hermano. La señora se volvió a reír un poco. Ahora quedé atónito yo también, pues mi esposa se dobló, acercó el culo a la cara de Manolo y con sus manos se abrió de tal forma el agujero del culo que se podía ver lo que había comido el día anterior. Manolo no hacía nada, solo miraba. —No hay nada, querida— dijo tartamudeando. El hermano envidioso y más degenerado que Manolo lo corrió del lugar, se acercó él y dijo: —Yo me fijo bien, señorita, no se preocupe—. Y se acercó tanto que lo empezó a oler; lo olía como si fuera un perfume importado. —Aquí tiene irritado— le dijo el hombre. —A donde ?— le responde mi esposa.
Los ojos del viejo se agrandaron como lechuzas y, muy lentamente pero temblando, empezó a recorrer el ano de mi esposa con su dedo. —Aca esta un poco colorado— le dijo a mi esposa. Medio dedo del viejo estaba totalmente dentro del culo de mi esposa. Yo no podía más, estaba re caliente con la escena , pero apenas tocara mi pene , seguro acabaría por la excitación y aún no quería. Manolo estaba duro y con la tanga de mi esposa en la mano mientras la mujer solo miraba. En un momento mi esposa le dice: —si ,es justo ahi—. El hombre empezó a mover frenéticamente el dedo en el culo de mi esposa y en un momento cuando saca el dedo, a mi mujer se le escapa un pedo, un gas. —Huy, perdón, se me escapó— dijo Marisa. La mujer volvió a reír y el viejo, lejos de molestarse, acercó su cara al culo de mi esposa, empezó a olerlo nuevamente , como disfrutando el olor , ya nada le importaba .
Yo no aguanté más; me anime y les pregunte si querian ver como la cojo analmente a mi esposa ? el culo de Marisa estaba un poco abierto debido al viejo, lo aparté y sin pensarlo, la penetré fuertemente, tanto que pegó un grito y me decía: —Despacio—. Y al ratito: —¡Más!, ¡dame más!, ¡más fuerte!—. La señora que sostenía el farol, se subió sobre una tarima para colgar el faro y al levantar sus brazos , su playera se levantó y pude ver que estaba desnuda debajo de ella. ¿Qué me pasa? Me pregunté yo mismo. Es una abuela, tetas caídas, canosa, cuerpo de anciana, pero me tienta cojerla !… No entendía qué me pasaba, no me hubiese fijado nunca en una persona de esa edad y físico, pero en ese momento deseaba a esa vieja.
Marisa gozaba y cuando gozamos juntos, nos olvidamos del mundo. El marido de la mujer, que parecía que podría darle un ataque al corazón en cualquier momento por lo desesperado que estaba, se acercó a mí y me preguntó si podía “ponerla él”. Cuando la mujer escuchó eso dijo —¡Vos no podés hacer nada! ¡Sos un viejo verde! ¡Hace años que no se te para!—. Manolo, mientras tanto, nada decía, solo se tocaba la entrepierna como intentando poder masturbarse. El hombre y su esposa discutían fuerte; nosotros paramos de cojer y nos preocupamos, solo queríamos irnos rápido.
Marisa, en un momento de lucidez del grupo, dijo: —Ya todos sabemos lo que queremos—. Y agregó —Su marido está caliente y quiere cojerme, Manolo creo que también y yo quiero hacer todo rápido para volver al puerto—. Yo no hablé, los hombres tampoco y la señora estaba enojadísima con su marido. Entonces nuevamente habló Marisa: —Usted y su hermano los voy a dejar cojerme, pero solo por el culo; y usted señora, discúlpeme, pero nos queremos ir con mi esposo ¡y si no hago esto, su marido y su cuñado no nos llevan más!—. Hablo con mi esposa y me dice: —Amor, dejá que intenten hacerme el culo, tienen los penes flácidos, no van a poder, por eso les dejo el culo—. —Ok— le respondo, —¿pero y la mujer?— le digo. —Si querés, me la cojo—. Y me responde: —¿A la vieja? ¿Te animás?—. —Sí— le digo. —Bueno, dale— me responde mi esposa.
—Todos queremos terminar esto e irnos— dijo mi esposa, —sáquense la ropa todos. Usted también, señora— dijo Marisa. Los hombres enseguida quedaron desnudos; pero la mujer no se saco nada , solo miraba con cara de fastidio y curiosidad a la ves. Todo era para satisfacer a los hermanos, quienes eran los dueños del bote y lo sabían manejar; nuestra fantasía exhibicionista había terminado cuando cerró la playa.
Los penes de ambos hombres están a mitad de camino, peor aún el de Manolo. Mi esposa se pone en cuatro y le dice al hombre casado que la penetre; el hombre fue como un león al ataque, pero a pesar de muchos intentos no logró entrar en el culo de mi esposa y termina eyaculando sobre los cachetes . Manolo ni lo intentó: —Solo quiero una paja, no tengo firmeza para cojer ese culo— dijo medio cabizbajo. A Marisa le dio un poco de lástima Manolo, quien en el transcurso del día siempre fue muy amable y el más educado; mi esposa lo pone a Manolo sentado en una silla y empieza a masturbarlo. —¿Está bien así, Manolo?— preguntó mi esposa. —Siiiiiiiií— respondió él. —Avisame cuando estés por acabar— le dijo mi esposa. Pasaron no más de tres minutos y Manolo dice: —¡Acabo!, ¡acabo!, ¡no pares, por favor!—. Pero Marisa paró, ¡dejó de masturbarlo! Manolo decía: —¿Qué pasa? ¿Por qué parás?—. Y mi esposa hizo algo que muy, muy poquitas veces en nuestras décadas de matrimonio hizo: se arrodilló frente a Manolo y empezó a chuparle su flácido pene. Manolo está abrumado, ¡cuántos años haría que no le hacían una mamada! Fue no más de un minuto donde el bueno de Manolo saca el pene de la boca de mi esposa y le eyacula en la cara, y la verdad que fue mucho lo eyaculado, más de lo que pensé. —¿Por qué la sacaste de mi boca? Te haría acabar dentro de ella — dijo mi esposa, y yo no podía creerlo. —No era necesario, gracias— respondió Manolo, y mi esposa se acerca a él y lo abraza .
Ahora yo pongo a mi esposa en cuatro para cojerla , porque seguia re caliente y era el unico que aun no habia acabado , ella me corre y me dice: —Me dijiste que te animabas a cojer a la vieja—. Le respondo: —¡No sé qué dirá o si querrá!—. Entonces Marisa le habla al oído a la señora, quien primero pone cara de molesta, luego de sorprendida y termina riéndose , la señora algo le dice muy bajito al oido a mi esposa y sigue con una “sonrisa nerviosa ” , por mi parte estaba en la luna ! , no entendia que pasaria , pero si me doy cuenta de la mirada que me hace mi esposa a pesar de la poca iluminacion y Marisa pareciera que estaba tratando de animar a la señora , porque de repente veo como mi esposa empieza muy suavemente a masajear los pechos de la señora por sobre la playera , me mi mira y me dice – que tetas grandes tiene querido , como te gustan a vos -yo no atine a responder , solo mire a la mujer que aun con la poca luz que habia pude notar su nerviocismo y su carcajada suave .Mi esposa mete su mano por debajo de la playera y noto como acariacia los pechos de la mujer y juega con los pezones a tal punto que la carcajada de la mujer cambio por un fuerte y largo suspiro ,-humm ,creo que le esta gustando dice mi esposa mientras su mano deja los pechos para adentrarce en la vagina de la señora quien nuevamente cambio ahora el suspiro por un gemido timido .Marisa saca su mano de la vagina de la mujer y suavemente le saca la playera quedando totalmente desnuda la señora ,para ser una abuela aun tenia sus grandes pechos y con unos pezones que era del tamaño de una hamburguesa !—Señora, recuéstese acá—. Mi esposa acuesta sobre el piso del bote a la mujer y me dice: —¿Te animás? ¿Seguro?—. No le respondí, solo me acerque a la mujer y empeze a chuparle muy fuerte los pechos , pero me lleve una sorpresa que debido a la poca luz no me habia percatado ,era una abuela rustica ,dejada y por supuesto la depilacion en su cuerpo brillaba por su ausencia , tenia tanto bellos alrededor de los pezones que me ahogue con un pelo ! , pero habia que seguir ,me puse sobre la mujer, ¡le escupí bastante la vagina para que se lubrique bien y de a poco la penetré! Al principio la señora estaba tensa; Marisa se pone junto a esta, la abraza y le da tranquilidad. Mi pene erecto a más no poder entró todo de una sola vez sin darme cuenta; la mujer dio un suspiro rápido, tomó fuerte la mano de mi esposa y se entregó, no sin antes decirle al marido: —Yo no pensaba que me pasaría esto. Mirá, mirá cómo yo puedo disfrutar también aún— le replicó a su esposo como enojada y con bronca , el la miraba con asombro , como un desconocido se la estaba por cojer , se dieron vuelta los roles y parece que al esposo le salio el macho de adentro y no estaba a gusto viendo a su esposa en tal situacion .
Penetré a esa mujer con mucha fuerza; sé que no aguantaría mucho pues estaba muy excitado hace rato, la mujer se relajo y su vagina tambien , que asombrosamente se dilató de tal forma que podían entrar hasta mis huevos dentro de ella. Lo disfrutaba mucho, no sé qué tenía ese cuerpo anciano que me calentó tanto. En un momento me pide que la saque y automáticamente empezó a orinar y mucho. Nos reímos, le pregunté si estaba bien y volví a penetrarla; esta vez mi esposa la dejó sola. Le doy duro, muy duro; ella no dice nada, solo respira agitada. Su vagina, ya totalmente relajada y dilatada, era muy grande, podría ser más grande que la de mi esposa. Giro la cabeza para ver dónde estaba Marisa y está acostada en la cabina con las piernas abiertas , mamandole el flacido y gomozo pene al marido de la mujer mientras Manolo la masturbaba freneticamente introduciendo todos sus dedos de la mano derecha dentro de la vagina de mi esposa hasta acerla gemir de placer.
Veo esa escena y me vuelvo loco. Pongo a la señora en cuatro, quiero hacerle el culo también. Se lo miro y veo que tiene el ano raro, como salido para afuera. No me importó; lo escupo para lubricar y sin avisarle, penetro su culo. Gritó, y mucho. Le dije que aguantara un poco, que enseguida pasaría el dolor. Me deja seguir y caliente como estaba, se la puse toda de golpe. Gritó más fuerte aún. Se lo saqué; mi esposa me dice que no lo intente más . La dejo en cuatro a la señora y la cojo nuevamente por su vagina. Mi esposa apura a Manolo porque ya estába por acabar y yo también. Nos miramos con Marisa y acabamos al mismo tiempo; grité, y mi esposa gritó más fuerte aún, fue increíble.
Luego de eyacular, le pregunté a la señora si estaba bien. Se acomodó un poco, le costó sentarse; le pregunté si pudo acabar y me respondió que no sabía, que hacía mucho no tenía sexo, pero que le gustó demasiado y le sorprendia que saliera tanto semen de su vagina ,yo habia eyaculado dentro de ella muchicimo ! . Apoyó sus brazos sobre mis piernas y ¡me la empezó a chupar! Yo no entendía; mi pene era una mezcla de semen mío, orina de la señora, olor a culo y me la empezó a chupar bastante lindo, quizás sea por la falta de sus piezas dentarias. Me chupo el pene con ganas , pero como quien saborea un helado , no estuvo mal ,estubo rico y me lo dejo limpito.
Nos higienizamos bien con mi esposa y nos vestimos. En el trayecto del viaje nos reímos, limamos cualquier aspereza y hasta nos sacamos un par de fotos. Llegamos al puerto en 15 minutos y nos despedimos; quizás algún día nos crucemos nuevamente.
Ya en nuestro vehículo rumbo a casa, le pregunté a mi esposa por qué iba a dejar que un desconocido acabara en su boca y porque se la chupo al otro viejo , algo que nunca quiso hacer cuando éramos jóvenes y teníamos aventuras todas las semanas. —Porque me dio lástima , Manolo fue muy tierno conmigo y lo más importante… ¡él hermano era el que manejaba el bote!—.
Contándolo parece que pasó una eternidad, pero en la playa estuvimos pocas horas y sobre el bote, a pesar de todo lo contado, habrá pasado todo en 40 minutos, no más. Espero les guste nuestra anécdota, fresquita de hace solamente unos días atrás y, como siempre respondo, no inventamos historias: los pocos o muchos relatos que subimos son momentos verdaderos vividos con mi esposa.

9 Lecturas/10 de octubre de 2026/0 Comentarios/por GabrielyMarisa
Etiquetas: baño, cuñado, hermano, hermanos, mayores, playa, sexo, viaje
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