El juguete de J. V
J. y sus colegas cabrones del gym siguen dándole polla a la puta. Sigue el relato de los tres chavales de barrio buscando los límites de su perra, cada vez más ciega y cachonda..
En el siguiente vídeo me veía en la pantalla y era como ver a un animal en celo que solo sabía pedir más polla. Ahí estaba yo, a cuatro patas en mitad de la cama, y el culo bien alto, entregado por completo a lo que J. quisiera hacerme desde atrás. J. no tenía nada de piedad, el tío metía riñón con una fuerza bruta que flipas, agarrándome de las caderas con tanta saña que se veía perfectamente cómo sus dedos se hundían en mi carne.
—¡Buah, chaval, qué cerda! —soltó J. jadeando, dándome un golpe seco que me hizo hundir la cara en la almohada—. ¡Dale, tronco, dale, que no se escape!- le provocaba Joel.
Toro y Joel me seguían dando rabo de una forma que no era normal, turnándose para taparme la cara con toda sus rabos mientras J. me seguía follando con ese ritmo de animal. El vídeo lo grababa Toro y se podían ver sus abdominales y su rabo pelearse con el rabo de Joel para metérmelas en la boca. Todo aún con el audio a tope y el sonido constante y húmedo, ese «plas, plas» que me hacía vibrar entero, mezclado con mis quejidos ahogados cuando Joel me hundía su polla hasta el fondo del gaznate.
Fue ahí cuando Joel y él se miraron, con esa complicidad de dos chavales que van a hacer una trastada, y decidieron que ya no iba a haber más turnos.
—¡Venga, come las dos! —rugió Toro, agarrándome de la mandíbula con una fuerza que me obligaba a abrir la boca. Sólo de verlo me dolió.
—¡Eso es, así, trágatelas! —le seguía Joel, empujando su rabo a la vez que el de Toro.
En la pantalla se veía una imagen brutal: mis comisuras estaban estiradas al límite, casi a punto de rajarse, mientras intentaba dar cabida a toda esa carne de gimnasio. Era un bloque de músculo y venas que me tapaba la nariz, dejándome casi sin aire, mientras J. seguía bombeando por detrás sin frenar. Se oía el sonido asfixiante de mis intentos por tragar, un ruido húmedo y desesperado que me ponía a mil.
—¡Joder, le caben! —soltó Joel, flipando al ver cómo mi boca se amoldaba a los dos rabos—. ¡Cómo las engulle la muy cerda!
—¡Buah, chaval!¡Buah, chaval! —contestaba Toro, moviendo las caderas con un ritmo pausado para saborear cómo lo tenía todo apretado ahí dentro—. ¡Mira cómo se le hinchan las venas del cuello, bro, está dándolo todo por las dos!
Yo, en mi cama, sentía que me faltaba el oxígeno solo de ver la escena. Ver a esos dos bichos comentando la jugada por encima de mi cabeza, como si yo fuera una simple máquina de succionar, mientras se asombraban de lo puta que podía llegar a ser, me dejaba el cerebro frito. Ver cómo sus abdominales se tensaban a milímetros de mis ojos mientras ellos se regodeaban de que me cabían las dos pollas a la vez, me hacía sentir la perra más útil y más sucia que esos tíos habían tenido nunca.
—¡Dale, bro, que no respire! —le gritó Joel a J., mirándome con una cara de vicioso que daba miedo mientras yo intentaba tragarme su rabo—. ¡Mira qué cara de puta se le queda cuando la revientas así!- Decía Toro cuando me enfocaba.
Estaba totalmente acorralado entre los tres: por un lado el destrozo que me hacía J. y por el otro esos dos bichos turnándose para reventarme la boca, y obligándome a ratos a tragar las dos pollas. Lo que más me puso de perra al verlo fue mi propia cara de ida. En la grabación se me ve desesperado, a veces con las manos intento agarrar las pollas y Toro y otras agarrando las sábanas sin saber ni dónde estoy.
—¡Buah, chaval, está totalmente frita! —se reía Toro, pegando el móvil a mis ojos para que se viera bien que estaba en el otro mundo—. ¡Mira qué ojos pone, bro, está pidiendo que le demos más cera todavía!
Me tenían anulado, convertido en un trapo que usaban como querían. Ver cómo J. me agarraba del pelo para que no me moviera mientras me daba lo suyo, y cómo yo buscaba a Joel o a Toro como un loco, me dejó la cabeza frita. Qué imagen de humillación total, tres chavales de gym cabrones dándome lo suyo a la vez mientras yo, en mi cama aún podía oler el calor de sus cuerpos y el sudor. Todo era un olor a rabo que me volaba la cabeza.
Así, sin darme cuenta, mi mano bajó directa a mi culo mientras no despegaba el ojo de la pantalla. Sentía los dedos temblando por el vicio, pero necesitaba meterme algo por el culo, justo donde veía que J. me estaba dando estopa de la buena. Notar mi propio culo abierto mientras escuchaba a esos tres cafres insultarme por los cascos era una locura que me ponía a mil.
—¡Buah, chaval, pero si le está encantando! —decía J. con un hilo de voz metiendo otro viaje seco que me hizo jadear, a mí yo del vídeo y al que estaba mirando el vído—. ¡Mira cómo empuja el culo hacia atrás para que se la meta más hondo, bro!
Me empecé a dar cera ahí abajo, intentando imitar el ritmo bruto de J., hundiéndome los dedos con la misma saña que veía en la pantalla. Me escocía un poco de la tralla que me habían dado, pero no era dolor; era como gasolina; me ponía más perra todavía además al ver lo abierto que lo tenía. Al notar mi propio agujero palpitando, me imaginaba que era el rabo de J. el que me estaba abriendo otra vez, mientras Joel y Toro seguían a lo suyo, turnándose para no dejarme ni un hueco libre.
El vídeo se paró, pero al segundo siguiente ya estaba viendo el siguiente, el penúltimo, mientras seguía metiéndome los dedos por el culo. Estaba dale que te pego sin ningún tipo de criterio. A veces me metía un dedo, otra vez tres, de nuevo uno, luego 4 y el pulgar hacía por meterse también. En vídeo ahora estaba a tumbado boca arriba con la cabeza fuera de la cama. Joel me follaba, mientras J. me follaba la boca. Toro era el grababa y estaba justo al lado de Joel.
—¡Dale, tronco, reviéntala! —decía Toro, y en el vídeo se veía cómo J. me agarraba de la garganta mientras me follaba la boca.
Yo en mi cama estaba ya en otro planeta, frotándome el culo con una desesperación que daba asco. Me hacía sentir la cosa más sucia del mundo por ese olor a popper, sudor y a vicio.
—¡Buah, chaval, es que es una yonqui de la polla! —soltaba Toro entre carcajadas, enfocando de cerca cómo mi cuerpo vibraba con cada embestida de Joel y de J. mientras con las manos le agarraba del culo Joel—. ¡Está pidiendo más, bro, dale más fuerte que no sabe ni quién es!
Cerré los ojos un segundo, dándome cada vez más fuerte, casi sentía el peso de J. encima de mi cara y los golpes de Joel al follarme. Estaba a mil, saboreando todavía ese rastro salado en la garganta y sintiendo cómo mis propio dedos me recordaban que, por mucho que pasaran las horas, yo seguía siendo la perra de esos tres.
—¡Mira cómo se agarra al rabo de J., bro! —se mofa Toro, que sigue grabando de cerca el espectáculo—.
Ver aquello mientras yo seguía dándome cera en el culo en mi cama me estaba dejando la cabeza frita. Ver cómo Joel me seguía taladrando por abajo, haciéndome saltar sobre el colchón, mientras J. me reventaba la boca porque yo mismo se lo pedía a gritos con las manos, era demasiado.
—¡Eso es, bro, que no respire! —gritaba Joel desde abajo, bufando como un animal mientras aceleraba el ritmo—. ¡Enséñale a la guarra esta quiénes son sus dueños!_ Es en ese punto en el empieza a darme hostias con la mano abierta mientras J. me folla la boca.
Joel me sigue taladrando por abajo con una mala leche que flipas ¡ZAS! El sonido de otra hostia suena seco en los cascos y en el vídeo veo cómo mi cabeza se gira violentamente hacia un lado, justo cuando J. me tiene el rabo clavado hasta el fondo de la garganta.
—¡Buah, chaval, qué bien suena eso! —suelta J. entre jadeos, sin parar de follarme la boca mientras nota cómo me estremezco con cada golpe de Joel—. ¡Dale más fuerte, bro, que esta perra lo que quiere es que la pongamos fina!
Joel le hace caso y empieza a darme hostias con la mano abierta, una detrás de otra, con una fuerza que me deja la cara roja en un segundo. En la grabación se ve cómo me llueven los tortazos mientras J. me sujeta por el pelo para que no pueda apartar la boca, obligándome a tragarme todo su vicio mientras Joel me marca las mejillas a base de bien. Es una locura; se oye el «¡plas, plas!» de las hostias mezclado con el «chof, chof» de J. dándome estopa, y yo en el vídeo estoy totalmente ido, con los ojos llorosos por el esfuerzo y el dolor, pero agarrando el culo de J. con más ganas todavía.
—¡Mira qué cara de juguete tiene la perra! Toma más—dice Joel dándome otra hostia que me hace saltar las lágrimas mientras me levanta las piernas por encima de la cabeza para hundirse más hondo.
Yo en mi cama, viendo eso, siento que el corazón me va a estallar. Me toco la cara y casi me parece sentir el calor de los dedos de Joel marcados en mi piel, y el vicio se me sube a la cabeza de una forma que no es normal. Ver cómo me pegaban mientras me reventaban por los dos lados, y cómo yo no hacía más que empujar para recibir más, me hace sentir una perra absoluta.
—¡Buah, tronco, mira cómo se pone roja la muy guarra! —se ríe Toro desde el lateral, acercando la cámara para que se vea el rastro de la mano de Joel en mi cara mientras J. me mete el último viaje en la boca—. ¡Le pone mazo que la tratemos como a un trapo, dale otra, Joel!
El vídeo es un caos de carne, golpes y jadeos brutos. Ver a esos dos animales de barrio coordinándose para darme una paliza de vicio, mientras yo me deshago bajo sus manos, me deja la cabeza totalmente frita, sintiéndome la cosa más sucia y más entregada que ha pisado esa cama. Estaba ya fuera de mí, apretando los dientes y sintiendo cómo el vicio me recorría el cuerpo entero. Ver mi cara de ida en el vídeo, con los dedos clavados en el culo de J. y los ojos en blanco mientras Joel me abría en canal, me hacía sentir la perra más sucia del barrio. Era una puta locura ver cómo me tenían totalmente anulado, convertido en un trapo que solo sabía pedir más castigo mientras ellos se partían el pecho de lo perra que soy.
En el vídeo, Toro, que estaba grabando a pocos centímetros, se calienta del todo al ver la escabechina que me está haciendo Joel. ¡Buah, chaval, qué cara de vicioso pone! Se le ve soltando el móvil un segundo para darle un toque en la espalda a Joel y pasarle el móvil.
—¡Eh, quita, bro! ¡Yo también quiero hostiar a la puta! —suelta Toro con una risa que me hace temblar hasta en la cama—. ¡Déjame un sitio ahí, Joel, que a esta perra hay que ponerle la otra cara igual de roja!
Joel se aparta lo justo, bufando como un animal. Ahora es él el que graba a Toro meterme la polla, como si nada, mientras me agarra de la barbilla con una fuerza que me clava los dedos en el hueso, obligándome a mirarle a los ojos mientras J. sigue taladrándome la boca sin piedad. ¡ZAS! La primera hostia de Toro suena casi más fuerte que todas las de Joel, de sólo imaginarlo puedo escuchar el oído pitándome en de la hostia.
—¡Buah, chaval, cómo le ha dado! —se mofa Joel. Tor sigue moviéndose con una rabia contenida mientras nota cómo mi cuerpo se sacude entero por el impacto—. ¡Mira cómo se le queda la marca de la mano de Toro, bro! ¡Si es que la estamos dejando hecha un trapo!
Toro no para ahí. Empieza a encadenar hostias con la mano abierta, una detrás de otra, mientras Joel le anima : —¡Dale, tronco, dale! ¡Enséñale quién manda aquí! En el vídeo se me ve la cara totalmente desfigurada entre el rabo de J., que me tiene la boca a reventar, y los guantazos que me mete Toro por los dos lados. Tengo los ojos inyectados en sangre, perdidísimos, y se ve cómo me sale un hilo de saliva mezclado con el vicio de J. por la comisura.
—¡Le encanta! —ruge Toro riéndose, dándome el último tortazo que me gira la cabeza por completo—. ¡Mira cómo quiere polla, la muy guarra! Busca el popper. Dale popper.
J. para unos segundos, pero vuelve al plano mientras me agarra de la cabeza, como si fuera una muñeca y me da popper. En el vídeo se me ve entonces lanzar un pequeño jadeo, mientras abro la boca y saco la lengua. Se me ve totalmente sobrepasado, casi a punto de perder el sentido. Debo tener el cerebro frito por las hostias y el popper, y de nuevo no se ve qué no sé qué hacer con las manos en medio de ese caos de carne y sudor. Al final, se ve que termino con una desesperación brutal a la enorme polla de Joel, sintiendo en la grabación cómo se le marcan las venas, y con la otra mano hundida en el culo de J., que a vuelto a cogerme la cabeza para ponerla en el borde de la cama para darme estopa en la boca sin ningún tipo de piedad.
—¡Buah, chaval! —suelta Joel, que no deja de grabarme de cerca mientras Toro me sigue soltando algún que otro guantazo.
J. se ríe, y en el vídeo se ve cómo aprieta el ritmo en mi boca al notar mis dedos clavándose en su culo, tirando de él para que me reviente más hondo. Es una imagen de pura perra: yo ahí tirado, recibiendo por todos lados, y encima ayudándoles a que me destrocen más, agarrándoles como si me fuera la vida en ello.
—¡Eso, eso, agarra bien, puta! —ruge Toro, bufando como un animal mientras nota mi mano apretándole todo el rabo—. ¡Siente cómo te la meto, que no se te olvide en la vida quién te tiene así de abierta!
Me quedo embobado mirando cómo mis dedos desaparecen en la carne del culo de J. y cómo mi otra mano apenas puede rodear el rabo de Joel de lo ancho que es. Ver esa coreografía de manos y pollas, conmigo en medio siendo usado como un juguete, me deja el cuerpo temblando y la cabeza totalmente ida, saboreando el recuerdo que aún tengo en la boca de cada centímetro de ellos.
Tirado en la cama, estaba ya que no podía más, viendo cómo mis manos en el vídeo están totalmente fuera de control. Viendo cómo agarro el culo de J. para que me asfixie más, mientras por el otro lado no suelto la polla de Joel, mientras Toro me folla y me va soltando hostias, me hacía sentir la cosa más guarra y más entregada del mundo. Mis dedos seguían jugando con mi culo, ya casi maltratándolo.
Solté el móvil entonces para tocarme la cara y sentir el pulso de la sangre en las mejillas. Mientras, mi cabeza hacía un resumen de todo hasta recordar cómo se turnaban para pegarme, cómo se pedían permiso entre ellos para ver quién me daba el siguiente golpe mientras me reventaban por todos los agujeros. Joder, soy la perra más sucia del mundo.

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