Mi tío, mi primo y yo acampamos en el bosque. Parte 3: A solas
Se acostó en el sofá y me pidió que lo monté. Yo sólito me fui acomodando su verga y bajando viendo como sonreía de lo putita que me había vuelto solo en nuestra segunda vez.
Segunda parte: https://sexosintabues30.com/relatos-eroticos/gays/mi-tio-mi-primo-y-yo-acampamos-solos-en-el-bosque-parte-2/
Luego de unos días de que mi tío me desvirgara en el campamento, se fue con mi primo a ver a su suegra que seguía muy mal. No lo vi por varias semanas hasta que regresó solo él por su trabajo. Mi primo Gael se quedó con su mamá y su abuela.
A veces mi tío iba a mi casa a visitar a mi papá y platicar o tomarse una cerveza.
Recuerdo una vez que mi mamá había salido a ver a sus amigas y quiso llevarme, pero yo sabiendo que mi tío llegaba a tomar con mi papá, le rogué quedarme.
Ellos estaban en la sala y yo viendo caricaturas espiando a mi tío de vez en cuando, hasta que me llamó. Ya olían ambos a cerveza y salí a verlo guapo y enorme. Me pidió de favor que fuera a comprar una bolsa de hielo y me dio dinero para mí.
Cuando regresé, mi papá se levantó a romper en cuadritos el hielo y mi tío aprovechó para jalarme y sentarme en sus piernas. Discretamente me dio un beso muy cerca de mi boca, puso una mano en mi entrepierna y me susurró: «Voy a cumplir mi promesa y te voy a llevar a seguir jugando, ¿Oíste?»
Me bajó y cuando regresó mi papá solo me nalgueó y sigueron con su plática.
Después de eso, solo le pedía a mis papás que me llevaran a jugar con mi tío, pero ellos siempre me decían: «No está Gaelcito, hijo.» «No creo que tu tío te quiera cuidar, está ocupado con lo de la abuelita de Gael»
Pero un día mi tío llamó y preguntó si podía quedarme una noche con él porque se sentía sólito. Saltando les dije a mis papás que sí y me dejaron sin dudar, porque mi tío Carlos siempre ha sido de confianza, por eso me dejaron acampar solo con él en primer lugar.
Mi papá me llevó con mi mochilita a la casa de mi tío. Se quedó un rato tomándose una cerveza mientras yo veía pelis en el cuarto. Al cabo de una hora cuando mi papá se fue, al fin estábamos sólitos él y yo en su casa.
Mi tío me llamó desde la sala. Salí y estaba sentadito acabándose su lata de cerveza cuando extendió sus manos en el sofá y me pidió sentarme con él. Yo con una enorme sonrisa por lo que sabía que se venía lo abracé.
Como era diciembre, yo llevaba un pants gris, una playera blanca y una chamarrita azul.
Me abrazó también, hasta que me jaló el rostro al suyo y me plantó un beso largo, que aunque sabía a cerveza lo disfruté mucho.
— ¿Viste que cumplo mis promesas? Te dije que ibamos a seguir jugando aunque ya no estemos en el campamento.
Me volvió a parar y me puso enfrente suyo para pedirme que me desvistiera enfrente de él.
Me quité mi chamarra y playerita mientras mi tío se jugaba su verga sobre su short bermuda viéndome con una cara de perversión.
— A ver date una vueltita y te bajas despacito tu pants. —me dijo empezando a quitarse su playera. Verlo peludo no solo del pecho, pero también de las axilas me gustó aún siendo niño. Estaba experimentando estar caliente por primera vez.
— ¿Así, tío? —le dije dándome la vuelta y bajándome el pants poquito a poquito para que vea mi culito en bóxer.
— Ay, mira ese culito. Hoy te voy enseñar a aguantarmela hasta el final, así como tu primito.
Volteé a verlo bajándome el pants y quedándome en bóxer asintiendo un poco nervioso.
Me jaló más cerca de él y me quitó mis manos que tenían tapándome la entrepierna. Él tomó las esquinas de mi boxercito azul y tan lento que se sintió una rica eternidad, fue quitándome mi bóxer hasta dejarme desnudo. Mientras pasaba sus manos por todo mi cuerpo, pude ver la carpa que se formaba de lado en su bermuda.
— Si estás bien durito. —me dijo casi susurrando mientras con sus enormes manos iba pelando mi verguita que en efecto, ya estaba paradita en sus 10cm completos.
Sentí rico mi cabecita cada que me masturbaba y no pude evitar gemir muy despacito.
Se levantó y me llevó al baño donde me explicó que me haría un lavado para que me la pueda meter rico sin preocupaciones. Se sintió raro, pero después de casi o más de media hora, el agua ya salía transparente de mi colita.
— ¿Ves ese aceite que está ahí arriba? —me dijo apuntando a la meseta de su cocina donde había un botesito transparente.
Asentí y fui por él. Me ordenó echármelo en mi pechito y que me lo restregara por todo el cuerpo.
— Sí, tío. —le decía a todo lo que me pedía.
Tomé el aceitito y me lo puse en las manos huntándolo en mi pecho y abdomen mientras mi tío solo se seguía sobando la carpa de sus pantalones. Ya quería vérsela y que me coja, pero me daba pena pedirlo.
Mi cuerpo iba brillando a la luz de la sala por el aceite y mi tío solo siseaba diciéndome que me eche más.
Se paró y fue a buscarme, se volvió a sentar y me colocó enfrente suyo muy pegado a él mientras con sus manos morenas me iba esparciendo el aceite por mi verga, masturbándola tan rico que solito comencé a mover mis caderitas por inercia. Jamás me había masturbado antes, pero sentir esa sensación por las manotas fuertes de mi tío me puso muy caliente.
Se paró a jugar mis tetitas como si fuera niña, jugando mis pechos, apretándolos y bajando sus manos a mi abdomen para seguir hasta mi verga y seguir sacándome gemidos.
— ¿Me echo más, tío? —dije despacito con unas extrañas ganas de hacer pipí, sin saber que era lo rico que me masturbaba.
— Así está bien, hijo.
— ¿Para que es el aceitito?
— Nada más para que te pueda tocar tu cuerpecito caliente y resbaloso. ¿Por qué? ¿No te gusta?
— Sí. Sí, me gusta mucho, tío.
Me sonrió y me bajó el rostro para darme un beso con lengua delicioso. Yo ya no cerraba mis labios como la primera vez en la tienda, ahora buscaba su lengua y movía la mía.
Me volteó tomando el aceite y sentí que me lo eche en la espalda baja, moviendo sus manos por todo mi culito y metiendo sus deditos en mi entrada.
— Qué rico mi sobrino hermoso.
— ¿Lo estoy haciendo bien, tío? —fui bajando mis manitas ayudándolo a extender el aceite.
— Sí, hijo. Me gusta que obedezcas a tu tío.
— Sí. —alcancé a decir cuando me metió un dedito más al fondo y comenzó a jugar en mi anito.
— A ver. Voltea a verme mientras te metes el dedito tú. —me inclinó para que pudiera ver mi anito.
Comencé a dedearme siguiendo las instrucciones de mi tío. Porquito a poquito mi dedo fue entrando más hasta que yo solito comence a hacerme gemir.
Me pidió que me acuste en el sillón mientras él se levantaba, comenzó a jugar con mi verguita un rato más hasta que se paró y se bajó sus pantalones con todo y bóxer. Se lo bajó tan rápido que hizo a su verga de 18cm rebotar, toda parada, venosa y morena. Vi un líquido bajando de su cabecita, aunque yo no sabía que era precum. Él lo recogió con un dedo y me lo metió en la boca hasta hacérmela abrir más y escupirme como cuando acampamos.
Comenzó a masturbarse un poquito y pidió abrir más grande, hasta que me metió su verga a la boca. Le sabia a pipí y saladito, pero nunca me dio asco eso, me gustaba.
Me pidió que me acomodara boca abajo y que jugara con su verga. Yo que aprendía rápido, comencé a masturbarlo como me hacía hace unos ratitos. Mi tío me decía que me amaba mucho mientras movia sus caderas cada vez más rápido.
Comenzó a abofetearme despacito mientras seguía moviendo sus caderas como si penetrara mis manos. Recuerdo que me dolía poquito, pero me dejaba hacer todo sin parar de jugar su verga. Me quitó mis manos de su tronco y restregó su pito por toda mi cara. Sus vellos en ese tiempo ya los tenia más largos que hace semanas cuando acampamos, así que me jaló del pelo y me pidió que le oliera toda la verga.
Me encataba el olor de mi tío, entre pipi, sudor y jaboncito. Me pedia que lo viera a los ojos mientras me explicaba que ese era el aroma de un macho.
— Te voy a enseñar a mamar. —me dijo jugando mi boca con su pulgar—. No la mamabas tan mal cuando acampamos, pero todavía te falta. Vieras como me la come tu primo. Hasta gargantas profundas se echa.
— ¿Qué es eso? —pregunté algo celoso. Yo quería también consentir a mi tío como mi primo.
— Ahorita vas a ver.
Me ordeno meterme su glande rosita a mi boca y comenzar a lamerlo. Mientras le hacía caso siempre me decía que lo viera a los ojos. Le gustaba ver a su sobrinito de 10 años mamársela.
Yo solo podía meterme su glande, pero me dijo que abra más mi boca y me quitó mis manos de encima para comenzar a penetrar mi boca. Me fui atragantando pero mi tío no paraba de darle estocadas a mi garganta hasta que fue entrando más de su verga a mi boca. Tampoco mucho, pero me dijo que poco a poco iba a aprender a ser una tragona.
Que rico se sentía sentir su glande suavecito en mi boca, y aunque me regañaba a veces de que esconda mis dientes, me decía que le estaba gustando.
— Que bello te ves comiendo la verga de tu tío. —me decía aunque sabía que me veía feo con los ojos llorosos por metermela hasta el fondo.
Estuvimos un buen rato así, penetrando mi boquita hasta que más de la mitad me tragué cuando intentamos mi primera garganta profunda.
Mi tío gritó retorciéndose.
— ¡Agggh! así, papi. Así.
Cuando descubrí que podía estirar más mi lengua para dejar espacio, mi tío gemía metiéndome más a la boca.
— Chúpame mis huevos. —empecé por sus grandes huevos peludos que ya estaban duros, hasta subir a su glande y volver a que me penetre la garganta. Me sentía orgulloso de que mi tío gimiera tan fuerte.
Lo feo y rico comenzó cuando me bajó al piso, aconsejando que ponga una almohada en mis rodillas. Me tocó fuerte del cabello y me ensartó casi por completo su verga. Comencé a atragantarme y no podía respirar, pero mi tío seguía insertando. Cuando me soltó, mis ojos comenzaron a lagrimar y llené toda su verga de saliva que hasta en hilos se conectaba todavía con mi boca.
Me lo hizo varias veces más, a veces bofeteándome, otras escupiéndome hasta que me llevé toda la boca y garganta de la saliva de ambos.
Al final me levantó y me puso en cuatro en el sofá, puso más aceite por todo mi culito extendiendo otra vez y me fue insertando su dedo, dilatando hasta que más entraron.
Yo iba gimiendo al sentir sus dedos tan al fondo. Me decía algo, pero ni siquiera lo escuchaba, estaba muy entretenido mordiendo mi labio de tanto placer.
Comenzó a nalguearme fuerte, haciendo que pase de gemir a gritar.
—Ábrete el culito para tío. —me dijo con la voz bien profunda de lo cachondo que estaba. Yo me abría las nalguitas moviéndolas inconscientemente. Suspirando impaciente por la verga de mi tío de sangre.
Sentí que coloqué su tronco en mi entrada, haciéndose un rusa en mi culito. Pero yo ya no aguantaba lo caliente de mi cuerpo, quería que me la meta.
— Pero si eres bien putita, mira como mueves tu culito desesperado por la verga de tu tío. Dime qué quieres.
— Ya métemela, tío… —dije susurrando.
— Más fuerte.
— Ya métemela.
Sentí su punta entrando por mi anito y comencé a gemir de dolor, aunque entró rápido por el aceite.
— Se te volvió a cerrar, eh. Estás bien apretado.
Cerré mis ojos empujándolo, sintiendo como su tronco iba entrando. Pero mi tío no me dejó hacer ni uno.
— Mírame aquí. —dijo quitando mis manos.— Te va doler, pero te juro que luego te va gustar. Hoy no te vas hasta que me la aguantes toda.
No logró seguir metiéndola, me la sacó y fue por más aceite volviendo a intentar mientras yo intentaba respirar normal.
Me comenzó a arder muchísimo, aunque no tanto como mi primera vez hace semanas, cerraba los ojos pidiendo que pare.
— Ya la tienes hasta la mitad, hijo. Te está entrando más rápido que la otra vez.
Empujó y comenzó a embestir mientras mis gemidos se hacían gritos de ardor, pero le valió. Mi tío me agarró de las manos con una de la suyas, y con la otra de la cadera para ensartarme más.
Yo gritaba, ahí solos en su casa sin nadie que nos oiga.
— Ah, ah ah AY. Tío, ya. —le suplicaba con los ojos rojos.
— Ya casi te entra toda, ya luego te va gustar. —dijo embistiendo muy rápido.
Me la sacó dejando mis piernas temblando y mi cara roja. Pero me la volvió a meter al minuto, gritando diciendo que me llegó hasta el fondo.
El ardor ya no me lastimaba, se sentía muy rico y hasta me hacía para atrás clavandome más.
A pesar del frío de diciembre, los dos sudabamos un poco, gimiendo en voz alta solos en su casa. Mi tío me decía que me amaba mucho y yo le respondía que también con mucha dificultad de tanto gemir. Después de un ratote así, ya me habían entrado los 18cm de mi tío. Lo escuchaba en sus huevos rebotando en mi culito. Por ratos me la sacaba y se quedaba viendo mi hoyito para volverla a enterrar hasta el fondo.
Cambiamos de posición, cuando me bajé mis piernas me temblaban bien feo y veía a mi tío con el pecho sudado y peludo masturbándose sonriendo.
Me cargó hasta una silla de su meseta, me puso con el culito afuera y la bajó acomodándome a su altura. Yo movía mi colita, sintiéndola abierta y roja.
— Mira como la mueves esperando más verga de tu tío. —me nalgueó y me la dejó ir haciéndome que grite. Mi tío jalaba mi rostro para que lo vea, riéndose de que ponía mis ojos en blanco, pero yo me sentía en el cielo.
Duramos un rato en la silla, hasta qur me llevó de nuevo al sillón. Me estaba cogiendo por toda su casa.
Se acostó en el sofá y me pidió que lo monté. Yo sólito me fui acomodando su verga y bajando viendo como sonreía de lo putita que me había vuelto solo en nuestra segunda vez.
— Mírame a los ojos y jalátela. —me dijo abriendo su boca mientras bajaba lentamente.
Me guió haciendo que cruce mis piernas y con ellas me impulse para irme clavando.
No pude evitar voltear y ver que solo tenia un poquito afuera, casi me había clavado todo. Seguía suspirando y con mucha dificultad por el cansancio, fui montando a mi tío, clavándome sólito mientras con un dedo iba empujando mi pitito haciendo que rebote y se sienta más rico.
— Eso, papi. Eso —susurraba subiendo sus caderas combinando que yo me clavaba y que él me embestía. No mames, todavía recuerdo cómo se sentía. La tenía tan adentro y tan dilatado que la sala comenzó a sonar chiclosa.
— ¿Ya te cansaste? —dijo riendo cuando me salí de él con las piernas débiles y me acosté en el sillón.
Ahora dándole la espalda él me clavaba subiendo sus caderas, yo ya no tenía fuerzas.
No pudo aguantarse, dejó de moverse, me agarró fuerte de las caderas y comenzó a correrse dentro de mi. Sentí como su verga se inchaba y me rellenaba.
No dejaba de gritar y yo solo jadeaba cuando me la sacó y jaló para que me acueste en su pecho.
— ¿Te gustó? —me preguntó mientras me besaba el cuello.
— Ujumm. —dice retorciéndome por las cosquillas.
Continuó besándome cerca de la boca y diciendo cuánto le había gustado haberme cogido. Nos seguimos besando hasta que me llevó al baño y ahí solo se la mamé.
Nos fuimos a su cuarto donde dormimos desnudos, hasta que me levantó en la mañana para la últimas horas antes de que mi papá viniera, pero eso se los cuento en la siguiente parte, jijiji.

Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!