¿Te ayudo a desestresarte, papi? Parte 3.
Se lo abría viéndolo redondito y tan apretado, comencé a meterme un dedito para acostumbrarlo creyendo que me iba a pedir que se lo saque, pero no decía nada, solo me la seguía chupando..
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Ya en el baño, con mi niño oliendo a sexo, pude meterme con él y tocar todo su cuerpo. Le metía deditos en su culito apretadito, soñando con finalmente cogérmelo.
Lo levanté y comencé a besarlo, olía a semen y él abría su boquita calientita para sacar su lengüita.
Me preguntó porqué lo besaba, porqué lo tocaba y porqué quería que me tocara la verga. Era demasiado curioso.
Yo le respondí que era un juego de grandes y que era la mejor forma de quitarle el estrés a un hombre. Le aseguré que no estábamos haciendo nada malo, pero que no le podía decir a nadie porque esos juegos solo se jugaban entre grandes. Y él era un niño que ya quería ser grande.
— Pero, si no te gusta el juego, podemos parar… —dije tanteándolo a ver si de sentía obligado.
— No, papi. SI me gustó. Hasta la lechita que sale de tu pipi.
Oír eso me llenó de orgullo. Tanto tiempo queriendo un culito para preñar ahora que no cogía con mi esposa, sin saber que ya lo había criado y tenía seis añitos.
Cuando salimos del baño, nos acostamos en mi cuarto desnudos y jugando con nuestras lenguas toda la noche, hasta que la volví a tener tan dura como para que Aarón me la volviera a chupar.
Esa noche me corrí otra vez y se los comió como en la tarde.
Al día siguiente, Aarón se fue a la escuela y yo a mi trabajo. Estando en mi oficina, solo pensaba en regresar a casa y hacer que me la vuelva a chupar mi niño.
Hubo un momento en que no estaba cargado de chamba y me puse a ver los estados de mi esposa, donde subía a mi niño en su uniforme de la primaria y un hermoso video donde él caminaba a la entrada de su escuela. Repetí y Repetí el video porque se le notaba su short bien pegado a su culito, como dos montañitas y se me puso dura en la oficina que no se me bajaba. Un compañero me vió y bromeó que me largue al baño a deslecharme, pero no vio que lo que me la puso gorda eran los videos de mi propio hijo nalgón.
No pude ir a deslecharme, porque si me paraba se notaba mi erección, así que solo me tapé con una carpeta y me puse a pensar en cómo podría cogerme su culito. Pero también me daba miedo que le dijera algo a su mamá, porque todo le contaba. Confié en su promesa y cuando tocó salir, corriendo me fui a mi casa.
Cuando llegué, mi niño corrió a recibirme todavía en uniforme y se me subió a intentar besarme la boca. Afortunadamente, Yadira estaba en su cuarto y no vio nada. Bajita la voz le dije a mi niño que esos besos también eran en secreto, aún así vigilando que no nos vean, comencé apretarle su culito, sintiendo su trusita.
Me pidió que me sentara en el sillón para que me desestrese como todos los días, pero ya había agarrado un fetiche en empezar nuestro jueguito con mi traje y quería que me desvista cuando empezáramos a coger.
Esperé unas horas vestido haciéndome pendejo en la computadora, hasta que Yadira se alistó para su turno y me dijo que bañe a Aarón porque quiso esperarse un rato. Eso me hizo sonreír, mi niño no dejó que lo bañen para que yo lo haga otra vez.
Nomás se fue mi mujer, me levanté a asegurar la puerta y cerrar todas las ventanas.
Aarón estaba en la puerta de su cuarto esperándome con su polo blanca sucia y su shortcito pegadito a sus piernotas. Le tomé la mano y lo llevé a mi cuarto.
Ya traía la verga dura de pensar en todo lo que haríamos solos. Me quité los zapatos y me acosté colocando a mi hijo en mi entrepierna. Él bajó su mirada al sentir que mi verga parada estaba aplastada en su culito. Puso su manita en mi entrepierna y me quedó viendo, esperando que iniciemos.
Lo tomé de los cachetitos y le ensarté un beso cargado de saliva y lengua. Aarón solo abría su boquita y me llenaba de su propia salivita. No podía más, ya necesitaba cogerlo.
— Te amo, papi. —me dijo susurrando, mojándome aún más.
— Yo más, bebé. —le mordí un labio haciendo que se queje.
No sé, algo en él estando en su uniforme de la primaria y yo en traje me puso super cachondo. Alcé mis piernas frotándolo en mi palo que ya se iba emocionando tirando precum en mi boxer.
Él se reía mientras rebotaba en mí.
Le quité su polo y le pedí que se desnudara. Se levantó de mí y comenzó a bajarse todo su shortcito, para mostrar su pitito. Se veía hermoso sin ropita, con su abdomen trigueño y su verguita colgándole.
Empezó desvistiéndome con el pantalón, cada que se acercaba a mí, le plantabla un beso. Apenas ayer empezamos con este juego perverso y me sorprendió ver que mi niño buscaba repetirlo. He visto muchos videos donde los niños se ven obligados, pero ahí veía al mío bajándome el pantalón mientras regresaba a mi boca por un beso.
Me quitó mis calcetines negros y le pedí que besara mis pies, hasta que comenzó a lamerlos. Me soltó y siguió quitando el traje.
Cuando me quedé solo en un sport y mi boxer bien abultado, me quité el sport. Aarón iba a quitarme el boxer cuando lo detuve, me quedó viendo confundido, pero solo le retiré sus manos y hundí su rostro en la tela pidiendo que aspire mi olor a macho.
Subía mis caderas mientras empujaba su carita de mi hijo, hasta que ya necesitaba que me la chupe y rápidamente me quité el boxer.
Ni tuve que empujarle la boca, Aarón se la llevó dentro lamiendo mi glande que era lo único que le entraba.
Movia su lengüita cerca de mi uretra y yo hasta apretaba los dedos de los pies. Lo dejé lamer más, hasta que lo cargué y lo puse en 69 para que me siguiera comiendo la verga mientras le lamía el culito.
A la verga, su culito olía a sudor infantil y no perdí el tiempo hundiendo mi cara, lamiendo como perro de tanto lengüeteazo.
Oía a mi hijo reír aún sin soltar mi verga.
Si pudieran buscarse un pequeño y ver lo que vi, no mamen, se mueren. Tenía el hoyito más bello y delicioso.
Se lo abría viendolo redondito y tan apretado, comencé a meterme un dedito para acostumbrarlo creyendo que me iba a pedir que se lo saque, pero no decía nada, solo me la seguía chupando.
Al poco rato, lo oía gemir bajito mientras le seguía metiendo un dedito.
Lo acosté boca arriba y le fui besando la boquita, bajando a lamerle los pezones, besando su abdomen, lamiendo su verguita hasta alzar sus piernas y volver a ensalivarle el culito.
— ¿Qué vas a hacer, papi? ¿No me vas a dejar chupartela hasta que salga la lechita? — niño perverso, lo amo. (Nota del editor: ¿Dónde consigo un hijo así? Qué rico)
— Es otra forma de juego, bebé. Te voy a meter mi pipi en tu colita.
— ¿Por qué papi? ¿Se siente rico?
— Si, mi vida. Porque apreta a mi pipi y hace que la lechita corra más rápido. Solo que duele un poquito, ¿te vas a dejar y ser un niño valiente?
— ¡Sii!
Tomé mi tronco y lo comencé a meter en su colita. Él me veía con unos ojitos que apretaba cuando yo hacía presión. Obviamente no entró, ni con mucha saliva y tenía miedo de lastimarlo.
Así que solo dejé el glande dentro y con esa presión en mi cabecita fue suficiente para empezar a mover mis caderas.
Me sentí en el cielo por un momento, sintiendo como su anito cedió a mi cabecita y la apretaba bien rico. Intentaba meter más cuando la calentura me ganaba, pero Aarón gritaba y se salía, así que le bajé. Él comenzaba a gemir aunque solo tenía la puntita y mi mente divagaba pensando en cómo gritaría cuando se la meta toda.
Así estuve hasta que sentía la leche subiendo y me paré en la cama llenándole la carita de leche. Aarón cerraba sus ojitos con una sonrisa y cuando acabé de gemir nos empezamos a reír a su carita manchada.
Solo podía observar como mi hijo, de 6 años, con su carita llena de mi leche, me ve con una sonrisa mientas con un dedo agarra su premio y se la lleva a su pequeña boca… de verdad lo había vuelto una putita en dos días.
Me acosté encima suyo y comencé a lamerle la boca y alrededores donde tenía mi jugo de macho. Compartimos un beso blanco y me acosté a su lado durmiendo.
Cuando me levanté y el cuarto ya estaba oscuro, Aarón estaba a mi lado moviéndose, me levanté a verlo y se estaba metiendo un dedito en su colita.
Me vio y se río.
— ¿Te gustó que te la meta? —le pregunté guiando su manita a su culito.
Solo asintió sonriendo y alzó sus piernitas.
— ¿Ya te sale más leche, papi? ¿Me la metes?
Me reí y repetimos todo una vez más.

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