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Fantasías / Parodias, Heterosexual

Un Sueño muy Vivido 👩‍❤️‍💋‍👨

El mes pasado tuve un sueño con mi actual compañera de trabajo que me hace sopesar mi relación actual con ella.
Hola, espero que sus masturbaciones sean satisfactorias y sin remordimientos.

No me gusta autodescribirme, pero diré que soy un hombre de 48 años, casado desde hace una década, una hija de 16 años de edad y trabajo como profesor universitario. He contado varias historias en esta plataforma y todas han sido vivencias personales que me han pasado a lo largo de mi vida.

Esto que les contaré a continuación no es una experiencia carnal propiamente dicha, sino un sueño que tuve el mes pasado (Agosto 2026), pero que para mí que fue muy real y revelador. Tanto que en estos momentos estoy sopesando todo para ver qué hay detrás de esta revelación morfeica. Pero comencemos contextualizando.

La protagonista de esta historia es una actual compañera de trabajo, profesora universitaria en la misma institución donde doy clases, compartimos cubículo y somos del mismo departamento académico. Es decir damos clases de materias de la misma rama del conocimiento. De hecho algunas veces nos suplimos las ausencias. Con ella tengo muchísima confianza, tanto que nos contamos asuntos muy íntimos, nos pedimos opiniones sobre relaciones sexuales, más aún si no son con nuestras propias parejas, y hasta le he facilitado las cosas con algunos de sus novios. Jamás la vi como una potencial pareja sexual… Hasta ahora.

Ella es de mi misma estatura. Cuarenta años de edad. Cabello liso, color negro. Tez blanca, aunque un poco tostada por el sol. Buena figura, aunque con uno que otro cauchito en el abdomen. Culo grande en forma de corazón invertido. Senos bastante respetables, sin llegar a ser tetona y sus escotes son una delicia a la vista. No se ha casado y sus tres hijas son de tres padres diferentes, terminaba con ellos por la misma razón: Eran infieles con ella y ella es muy tajante con eso. Si le pegan cachos, termina con él inmediatamente, sin contemplación.

La noche que tuve el sueño, mi esposa iba a pasar el fin de semana en casa de su mamá para cuidarla de una recaída por hipertensión. Si todo sale bien, el domingo en la tarde estaría en casa. El sábado mi hija y yo decidimos pasar la noche juntos, ya que el viernes salió con su novio (Leer mi relato «Una Noche de Confusión» para que sepan cómo inició todo). Todo muy bien. Tuvimos sexo en el baño, parados en la ventana, en la cama. Fue una noche de bastante ansiedad sexual entre ambos, teníamos tiempo para hacerlo sin ningún tipo de interrupciones. Tenemos ya unos meses teniendo relaciones, pero era la primera vez que estábamos libre de hacerlo toda una noche. Al fin cuando ya nos faltaba el aire para continuar, más a mí que a ella, decidimos tomarnos un descanso. En eso, abrazados los dos, nos quedamos dormidos y allí comienza el sueño.

Está situado cuatro años en el futuro, es decir, estamos aproximadamente en el 2030. Mi esposa falleció en el 2028. Ya no trabajo como profesor universitario. Solicité la jubilación adelantada, me faltaban unos años para que me tocara. Estoy dedicado a la consultoría ambiental, que es el área de conocimiento que manejo en la universidad y en el activismo civil. Esta decisión la tomé para cambiar el entorno laboral, tras la muerte de mi esposa, y hacer algo distinto a lo que venía haciendo desde hace años. Además que gano un poco más que enseñando.

Regularmente, se aparecía mi suegra para ayudarnos en los quehaceres y enseñarle a su nieta el arte de cuidar una casa y a un hombre, en este caso a su padre. Yo me dediqué a trabajar, no quería distraerme en otra cosa que no fuera eso. Además, no quería «deshonrar» la memoria de mi esposa con una relación de pareja con otra mujer. Aunque mis necesidades sexuales eran cubiertas por mi hija, y bajaron considerablemente de frecuencia, pactado por ambos. No hubo más nada. Aunque debo confesar que hubo un sinfín de oportunidades que se me presentaron. Me pegó mucho esa muerte, como nada me había afectado antes… Ni siquiera el fallecimiento de mi madre.

Pasaron los años y seguía sin pareja, tampoco las buscaba. Las potenciales las ignoraba por completo. La verdad no me apetecía tener una relación de ese tipo, después de que falleciera mi esposa. Pero familiares, amigos y sobre todo mi hija me insistieron que saliera, que no podía estar así eternamente. No pude aguantarme ante los ojos de mi princesita, creo que lo aprendió viendo al Gato con Botas de Shrek, ya que tenía la misma expresión. Por fin me decidí a tener una cita.

Un compañero de trabajo al enterarse me invita a salir con su novia y va a llevar a una amiga para que salgamos los cuatro. Él es contemporáneo conmigo y su novia también, así que con mucho nerviosismo le acepte la invitación. Llegó el día pautado, yo me arreglé como pude. No había tenido una cita en años, desde que salía como novios con mi difunta esposa. Le pregunté a mi compañero que podría ponerme, a lo que me dice «Tranquilo, como te vistas estarás bien. De hecho, tienes buen gusto con la ropa», aunque la respuesta me alivió un poco, debo confesar que seguía nervioso.

Acordamos vernos en un sitio nocturno, donde la música dejaba conversar y podías pasar un buen rato en pareja. Era un lugar que es concurrido por personas mayores de 35 años de edad, que no buscan música estridente. Está ubicado al centro de la ciudad, donde está el caso histórico. Llegó allí un poco retrasado, no lograba cuadrar un Uber desde donde vivo hasta el sitio, busco donde se encuentran y veo mi compañero con su novia, los saludos y cuando me van a presentar a mi pareja de la noche ¡Vaya sorpresa que me llevé! Era mi excompañera de trabajo, la profesora con quien compartía cubículo.

Al igual que yo, ella se sorprendió. Nos saludamos, nos abrazamos y nos dimos un beso en la mejilla. Mi compañero y su novia se alegran, al saber que ya nos conocemos. Esa noche ella estaba hermosísima, más de lo que podía recordar. Sigue teniendo el cuerpo delgado que recordaba, tenía puesto un pantalón corto de color blanco que marcaba sus caderas y le hacía ver el culo más grande. También cargaba puesta una blusa de color negro, manga larga, ceñido al cuerpo y que terminaba un poco más abajo de sus senos, destacando un abdomen bastante plano y definido. Finalmente, tenía puesto unos zapatos de tacón alto que combinaban con el pantalón y que hacían que sus piernas se vieran más larga de lo normal. En conjunto esa vestimenta marcaba su figura de una manera que jamás vi, ni me imaginé que tuviera y que me dejó sin habla mientras procesaba la imagen.

Nos pusimos al día con nuestras vidas, ella sigue siendo profesora universitaria y hasta está postulada a coordinadora académica de la facultad donde daba clases. Lo cual me alegró bastante, siempre quería ascender y eso es un reconocimiento a su esfuerzo por mejorar. Está sin pareja, aunque el último que le conocí duro tres años de noviazgo y después de ese ninguno dio la talla. Su hija mayor se casó y terminó la universidad. La del medio está estudiando una carrera universitaria y la menor ya está por terminar la secundaria. Por mi parte le digo que mi hija igualmente terminó su grado universitario, está trabajando y no tiene pensado casarse todavía, aunque mantiene una buena relación con su novio. Le cuento como mis tardes la paso en el gimnasio, por eso desapareció mi panza y me mantengo en forma. Ella igualmente, está haciendo ejercicio, por eso la figura que muestra y tiene.

La estábamos pasando muy bien, recordábamos las cosas que hacíamos en la universidad. Me cuenta los chismes que desde esa época se han acumulado alrededor de nuestros colegas, como la vez que encontraron a una de las profesoras más recatadas teniendo sexo con un alumno en un salón de clases, o cuando la esposa de uno de los profesores hizo un espectáculo en la universidad por una infidelidad de este con una alumna y finalmente el inesperado noviazgo entre otra compañera que dijo que nunca se casaría y mantenía firme su decisión.

Pero poco a poco entre nosotros se iba encendiendo una chispa que jamás tuvimos. Lo vi en su mirada, había un brillo que antes no había captado en ella. Ni siquiera por ese hombre que la tenía superenamorada en la época que trabajamos juntos. Además, la forma en que hablamos, como estaban dispuestos nuestros cuerpos con respecto al otro, los gestos que teníamos, etc. De hecho yo siempre le quitaba sus rebeldes cabellos de su cara y se lo colocaba detrás de su oreja, lo hacía desde que éramos colegas, pero en esta oportunidad venía cargada de un inusual sentimiento de acercarme, de estar en contacto físico con ella y que al mismo tiempo lo permitía con agrado.

De hecho la novia de mi compañero lo notó y se lo dijo a él, para que me lo dijera a mí. La verdad, aunque me alegraba sobremanera que fuera ella mi cita a ciegas, seguía viéndola como mi antigua compañera de trabajo. Después de esa conversación, con mi compañero de trabajo, no pude verla de la misma manera. Ambos sentíamos algo por el otro y no queríamos admitirlo, insisto con que jamás nos vimos como una potencial pareja para el otro.

Jamás me gustó bailar, pero esa noche estaba animado por mi cita a ciegas. Suena un merengue y decido bailar con ella, ya que le gusta muchísimo mover el esqueleto y además es lo único que se me da. Ella extrañada por la invitación, porque me conoce como alguien que no baila, acepta de todos modos. En este punto debo aclarar que aunque el sitio sea más para conversar y pasar un buen rato, tiene una pista de baile. Vamos hacia allá y bailo con ella dos piezas, ella se nota bastante contenta por el baile y por mi destreza, aunque algo limitadas. Nos vamos a la mesa, ya que sentimos mucho calor. No sé si por el baile o por lo que estaba sucediendo entre nosotros.

Al llegar tratamos de refrescarnos, con bebidas que pedimos. Nos refrescamos y yo le facilito un pañuelo para que se seque el sudor de su cara, ella acepta. Nuestras manos se encuentran por más tiempo del necesario y ambos lo notamos. Sonreímos apenados y la veo sonrojarse también. Mi compañero rompe el momento con otra invitación a bailar, pero esta vez en parejas. Nos miramos y aceptamos. Vamos de nuevo a la pista de baile.

Esta vez comienzo a bailar con la novia de mi compañero y ella con este. En la siguiente pieza, cambiamos de pareja. Esta vez nuestras manos rozaban más allá de donde debíamos y se posaban en sitios que solo a los novios se le permitían. Además de estar bastante pegados, la abrazo por la cintura, ella responde abrazándome por el cuello. Así estamos mucho más cerca. Pecho con pecho, mejilla con mejilla y en un momento determinado frente con frente. Yo ya no escuchaba la canción y estoy seguro de que ella tampoco. Ansioso por la situación le susurró al oído:

«¿Tú quieres?»

«Solo si de verdad quieres», me susurra como si supiera de qué le hablara y después de un gesto dubitativo.

«Entonces, yo quiero», le respondo.

«Si es así, yo también quiero», dice ella.

En eso me acerco a su rostro hasta estar a milímetros de su boca, le hago un beso esquimal. Ella se sonríe. Esa fue la aprobación final. La beso en la boca, fue suave, tierno y delicado. Si va a pasar algo, no quiero forzar nada. Ella lo acepta gustosa. Una de sus manos baja hacia mi mejilla y la acaricia mientras nos besamos. Mis manos buscan traer su cuerpo hacia mi, lo hago con sutileza. No sé cuanto duramos así, pero al darnos cuenta estábamos solos en la pista de baile. Ella al verse así me dice, «Vámonos a la mesa» y la sigo en su petición.

A todas estas mi compañero y su novia se habían ido a la mesa. Además, vieron todo, o al menos el beso. Tenían una sonrisa de oreja a oreja por lo que estaba sucediendo entre nosotros y hasta bromearon con ella y conmigo por eso. Ella estaba sonrojada de la pena y yo más nervioso por no saber qué hacer después de eso. Parecía un adolescente en su primera cita, no sabía donde poner mis manos. Me limité a tomar su mano con una de las mías y entrelazar los dedos, ella me sigue mientras conversa con la novia de mi compañero.

Mi compañero y yo nos miramos, él sabía que había conseguido algo. Pero yo estaba sin saber exactamente que era, conozco al personaje y sé lo difícil que era para ella durar con una pareja. Tratamos de llevar todo con normalidad. Pero cuando nos mirábamos ella y yo, seguía ese brillo en sus ojos que jamás llegué a captar antes. Ahora más intenso. Esa mirada me tenía deseoso de saber que pasaría después.

Además, nuestros gestos se volvieron más íntimos. Mis manos acariciaban sus piernas, ella me daba de comer en la boca cuando llegaban los pasapalos, me limpiaba la comisura de los labios cuando comía y una que otra vez nos susurrábamos cosas al oído sin necesidad alguna. Parecíamos unos adolescentes ennoviados. Yo me sentía enamorado de nuevo.

Llegó el momento de irnos, o al menos mi compañero y su novia se tenían que ir. Mi cita a ciegas y yo nos miramos y supe lo que me decía con esa mirada. Así que le comento «Nos quedamos, tenemos cosas pendientes por resolver», los dos la miran ella y le responde con su cabeza diciendo que sí ligeramente, pero segura. Ellos contentos se despiden y nos piden que estemos en contacto para cualquier novedad. Ahora estamos solos, uno para el otro.

«Quiero estar esta noche contigo, pero a solas», le digo al volvernos a sentar en la mesa.

«Yo también, pero como recordarás no quisiera que fuéramos a mi casa», me dice ella.

«Yo tampoco, no quisiera que mi hija me viera llegar hoy mismo con una mujer», le contesto.

«Entonces ¿Qué hacemos?», me pregunta.

«Bueno, no sé si recuerdas que yo trabajé en un hotel antes de ingresar a la universidad. Si quieres nos vamos para allá», le propongo.

«Sí, es lo mejor», me dice aceptando sonrientemente.

Tomamos un Uber y nos vamos al hotel. Debo comentar que en algún momento de nuestra relación laboral le conté que cuando estaba estudiando en la universidad, trabajé en un hotel ejecutivo (Hay un relato de mi autoría de la época que trabajaba allí, se llama «Me cogí a la buenota del hotel donde trabajaba 🏩«). Ese trabajo fue el que me ayudo económicamente a graduarme y a ingresar como profesor a la universidad.

Llegamos y pedimos una habitación. Subimos y en el camino sentíamos la tensión sexual entre ambos, nuestras miradas se cruzaban y nos reíamos en el acto. Finalmente, nos besamos para calmar las ganas. Pero fue infructuoso, el remedio fue peor que la enfermedad. Llegamos al piso, caminamos por el pasillo y entramos. Ya dentro de la habitación, nos abrazamos y besamos. Fue un beso ansioso, liberador y con ganas. Cuando nos separamos, nos miramos como si buscáramos las respuestas a todas nuestras inquietudes. Rompo el silencio al decir:

«Jamás me imaginé sentir esto por ti».

«Yo tampoco y lo peor de todo, es que me está gustando».

Nos besamos de nuevo, esta vez no fue el beso que nos dimos en la pista de baile, ni tampoco el que nos dimos hace unos instantes. Este fue de posesión, como si cada uno de nosotros marcara un territorio que reclama como suyo. En eso ella se aferra a mi cuello y me abraza la cintura con sus piernas, yo la tomo de sus nalgas para no caerme con ella encima. La llevo a la cama y la arrecuesto allí.

Nos seguimos besando, pero cada uno está quitando una prenda al otro. Yo ese pantalón corto que atraía las descaradas miradas masculinas y algunas que otras femeninas. Ella desabotonaba la camisa que tanto me costó planchar. Descubro una pequeña y exquisita tanga blanca y ella un torso firme y definido por el ejercicio. Le termino de quitar la blusa y ella me desabrocha la correa y el pantalón con una habilidad pasmosa. Quedamos en ropa interior. En mi bóxer se marca la erección de mi pene y la mancha del líquido preseminal. Ella en brasier de encaje blanco que combinaba con esa exquisita tanga que llevaba puesta. Miramos nuestros cuerpos ansiosos por decidir el siguiente paso que daríamos.

Yo me adelanto, la beso y le desabrocho el brasier, descubriendo ese par de tetas que tanto miré en esos atrayentes escotes que llevaba a la universidad. Beso, muerdo y chupo esos pezones como jamás lo había hecho. Ella se retuerce del placer. La beso de nuevo en la boca y ella me dice «Ahora me toca a mí».

Con ambas manos me baja el bóxer jalando hacia abajo desde ambos lados de la elástica. Lo hace con deleite, disfrutando cada centímetro que bajaba mi prenda, ansiosa por ver por primera vez mi herramienta. Cuando lo tiene en frente dice dirigiéndose a mi pene «Por fin te conozco, he escuchado cosas muy buenas de ti. Espero que nos llevemos muy bien», lo hace agarrándolo y moviéndolo como si se estrecharan la mano. Eso me hace reír, junto con ella, y hace que mi erección sea más grande.

Comienza a darme un sexo oral, como pocas veces me lo han hecho. Lo disfruto como si fuera la primera vez que me lo hacen. Lo besa, lo chupa y hasta le da unos pequeños mordisquitos en el glande que me hace ver estrellas. Yo gimo, tomo su cabello y siento su cabeza moverse al compás de la mamada. Acaricia mis bolas y toma el tallo para pajearlo. Siento que voy a acabar, se lo anuncio y ella asiente con mi pene en su boca. Eyaculo y se lo traga completico.

Limpia todo mi pene con sus labios y lengua, cada lengüetazo que da es combustible para mi nueva erección. Nos volvemos a besar, sintiendo rastros de mi semen en su boca. Yo bajo hasta su entrepierna besando cada parte de su cuerpo en el camino. Al llegar le bajo esa exquisita tanga blanca que lleva puesta. Está mojada, mojadísima. Me encuentro con una vagina totalmente depilada. Su olor es penetrante, no sabía como extrañaba ese aroma. Comienzo besando con delicadeza toda su área vaginal, quiero probar cada centímetro de su cuerpo. Ella arquea la espalda, gime y sus manos se aferran a las sábanas de la cama.

Yo sigo mi trabajo, esta vez me afinco en su clítoris. En este momento sus caderas se levantan y su gemido es mucho más sonoro. Le está gustando. Así que voy más allá. Introduzco los dedos índice y medio en su vagina y ella se retuerce aún más. Busco su Punto G, lo consigo y lo estimulo a la vez que hago lo mismo con su clítoris. Esta vez ella me agarra la cabeza y presiona para ir más profundo.

Sus movimientos son mucho más violentos, tanto que varias veces mi boca muerde el clítoris produciendo un grito de placer por parte de ella. Al rato siento unos espasmos de su parte, anunciando su orgasmo. Intensifico las estimulaciones en ambos lados de su vagina, sus gritos son cada vez más altos y sonoros. Acaba de tal manera que llena mi cara de sus jugos vaginales.

Ahora si, mi pene está listo para dar batalla y yo estoy dispuesto a que vaya a dar la pelea. La acomodo en la cama a pesar de estar todavía recuperándose de su orgasmo, mi pene está apuntando a su entrada vaginal y lo voy introduciendo poco a poco. Disfruto cada centímetro que penetro en su interior. Mis gemidos están a la orden del día y los de ella también. Cuando entra todo, me acerco y la beso. «Quiero que este momento sea eterno», le digo. «Yo también, quiero que dure para siempre», me responde. Así comienzo mis embestidas y ella sus movimientos de caderas. Al unísono, sincronizados, como una orquesta interpretando una sinfonía.

Nuestros cuerpos, poco a poco, se van haciendo uno solo. Nos abrazamos, nos besamos, nos jalamos el pelo, nos mordemos, nos aruñamos, queremos que todos nuestros sentidos estén activos para esta sesión. Mi penetración es lenta, pero cada vez aumento de intensidad. Siento como su vagina succiona mi miembro en cada embestida. Disfrutamos cada momento, cada posición que hacemos, cada beso que nos damos. Cuando se intensifican los movimientos, nuestros gemidos aumentan de volumen por el placer que sentimos. La potencia del ajetreo aumenta con cada segundo que pasa. Llega el momento del clímax, se intensifican más la actividad sexual en ambos.

El orgasmo llega como un tsunami que nos arropa y nos arrastra a la vez, nuestros cuerpos se estremecen ante ello. Mi semen llena completamente su interior, ella acaba encima de mí. Los dos nos extasiamos del placer que sentimos. Tumbados en la cama y buscando recuperarnos, nos besamos en la boca, sellando una noche de pasión que comenzó como una cita a ciegas y que termino con dos excompañeros de trabajo teniendo el mejor sexo que han tenido en años. Al recuperar la normalidad, nos abrazamos en la cama y le digo:

«¿Ahora qué?»

«Ya veremos, por ahora disfrutemos este momento», me contesta.

Le sigo la palabra y nos acurrucamos uno con el otro, cierro los ojos, con algo se sueño. Al rato comienzo a sentir una sensación conocida, pero fuera del contexto. Abro los ojos, me cuesta hacerlo, al parecer me quedé dormido y veo asombrado a mi hija haciéndome sexo oral en mi cama. ¡Me había despertado del sueño!.

«Papi, me desperté y te lo vi bien parado. Así que te lo comencé a mamar», me dice.

«Tranquila mi princesa, solo me despertaste de un sueño que estaba teniendo», le respondo acomodándole el cabello, para poder ver su cara y lo que me hace.

«Espero que estuvieras soñando conmigo o con mi mamá, ya que lo tenías bien parado».

«Con las dos, estaba soñando con ustedes dos».

Finalmente, me entrego de nuevo a la pasión sexual que nos prometimos mi hija y yo para esa noche. Amanecimos haciéndolo, ahora sumadas las ganas que me dejo una posible y nueva aventura sexual con mi compañera de trabajo. El lunes, cuando la vea, no la veré de la misma forma… Y eso me tiene excitadísimo.

Espero que les haya gustado, trataré de estarles relatando otras de mis aventuras sexuales… ¡Larga vida y prosperidad! 🖖🏻

16 Lecturas/19 septiembre, 2026/0 Comentarios/por angeldelasfiestas
Etiquetas: amigos, hija, infidelidad, madre, mayor, mayores, padre, sexo
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