El ritmo se rompió cuando nos vinimos en la boca del otro, torpes y sin avisar, dos adolescentes guiados solo por el instinto de apareamiento en el baño público escolar. Pero el mundo nos alcanzó rápido: el prefecto entró a orinar y ….
Su axila estaba cerca de mi rostro y no pude evitar girarme para verla y olerla mejor. La otra mano del señor Min la puso sobre mi cabeza, empujándome a oler más y lo hice. Di fuertes inhalaciones antes de toser. La risa ronca del hombre me hizo sonrojarme. —Eres muy atrevido a tu edad. […]